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Mostrando entradas de junio, 2018

Agulles d'estendre (VH)

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Vicenç del Hoyo (Foto: Martine Franck)
―Jo crec que no tenim edat per fer això! En Jaume estava assegut a terra. La seva incipient panxa l’incomodava per estar-hi i havia de sostenir-se amb les dues mans recolzant-les a l’esquena. Una cassola amb aigua començava a bullir sobre un fogonet de gas. Va esparracar amb les dents el plàstic d’un paquet d’espaguetis per abocar-los a dins l’olla però l’embolcall va cedir i alguns es van escampar sobre la sorra.  ―La mare que la va parir! Un cap va emergir de dins d’una tenda de campanya. A l’interior es veien arrenglerades dues màrfegues i a sobre d’elles uns sacs de dormir. Tot estava ben endreçat. D’algun lloc del sostre de la tenda penjava una lot oscil·lant que escampava la llum per l’estret receptacle. ―Com va la pasta, senyor peperoni? L’Agnès era una noia amb el cabell curt però que contribuïa a mostrar el seu aspecte femení. Era set anys més jove que en Jaume i es notava en l’agilitat felina que desplegava per desplaçar-se per terra. ―Avui me…

Más vale tarde (MG)

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Maria Guilera
Obedeciendo la última orden del folleto turístico, me despido de La Habana sentada en el Malecón, con el olor intenso que tanto me molestó a mi llegada y al que he logrado acostumbrarme al final de mis vacaciones. Un mes largo en Cuba da para algo, tampoco tanto. Puedo imitar el acento dulzón, emplear giros y palabras desconocidas hasta bien poco. Vivir en casas particulares tiene mucho de incómodo, pero fue el precio a pagar por mi exigencia de un viaje pretendida e imgenuamente auténtico.
Sufrí un huracán intenso y un cólico de igual magnitud, bailé en la Casa de la Trova sin vergüenza ninguna, escuché un interminable discurso de Fidel en televisión, temblé en ceremonias terribles con gallos descabezados, comí día tras día arroz con pollo y pollo con arroz, mango en ensaladas, batidos y helados.
Hubo también visita a la peluquería cubana: tú me peinas, me haces la manicura y ya luego me llevo esas cartas para enviar en España. Me bañé en playas en las que los turistas no…

Desilusión (VA)

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Vicente Aparicio
-¿Me pone otra cerveza? -Llevaba casi media hora esperando. Ella se llamaba Gabriela. Los mensajes que habían intercambiado el día de antes no dejaban lugar a dudas: a las nueve, en el restaurante Harpo. Irazusta, 52. Antes de concertar su primera cita, habían estado hablando de muchos temas. Compartían afición por el cine. A Gabriela le encantaba Lo que queda del día, que también era una de sus películas preferidas. ¡Qué maravilla! Ese mayordomo: tan pulcro, tan contenido, tan inglés. Qué grandes actores. Con la copa en la mano, pidió permiso para entrar al comedor. Siguió a un camarero hasta el fondo de la sala. Mesa para dos, escrupulosamente servida. El móvil le confirmó que ella seguía sin leer siquiera sus mensajes de hoy. También habían hablado del amor. De su expectativa. Un tema en el que ambos, al parecer, se habían convertido en verdaderos expertos. Cada uno con su biografía.
Hacía tiempo que no comía cordero al horno. Le pareció exquisito. No tanto las berenjenas…