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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Por cada cosa que se gana se pierde otra (MS)

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Mónica Sabbatiello (texto e ilustración)

Ganar, ganar, no sé si es el término. Salí a ver mundo. A tratar gente bien distinta de la que vivía en el barrio. Entré a ambientes inimaginables. ¿Y por qué sé que perdí algo? Por aquellos arranques de niña que me hacían llorar. Aunque no eran muy frecuentes. Estaba demasiado ocupada para atender el agujero negro que se abría en los rincones de esos cuartos ajenos en los que dormí durante meses, quizás años. Hoy ya no me acuerdo y nunca me gustó hacer cuentas. Estudiaba y militaba, cogía y hablaba durante horas con las personas más interesantes del mundo. Esas mesas de la avenida Corrientes, con tipos que sabían filosofar sin tregua. Yo absorbía como esponja y jugaba a seducir. Las sábanas de distintas camas. Los cigarrillos negros sin filtro. El olor a semen, a ceniceros llenos, las reglas dolorosas y la ausencia de lo que me faltaba, el té de mamá, su infusión justo a tiempo con el Evanol que paraba los espasmos, sus paños calientes. Me hac…

Estiu (VH)

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Vicenç del Hoyo
Hi vaig anar amb poques expectatives, o això era el que pensava. Perquè quan vaig veure que la persiana del local estava abaixada vaig tenir un rampell de ràbia tan fort que li vaig etzibar una puntada de peu a la reixa metàl·lica i els vianants es van girar per buscar l’origen del soroll.
Vaig enfonsar les mans de les butxaques de la jaqueta.
—Quina mala sort! —em vaig dir.
Ara me n’adonava que estava segur de trobar el local obert. Era una mena d’espai híbrid i indefinit entre llibreria i bar alhora que freqüentava per aquella època i que estava situat a un carreró al costat de la plaça Padró. Era un lloc amb poques pretensions però amb un caliu molt especial. Podies seure en una mena de sacs plens d’alguna espècie de llavors que esdevenien còmodes butaques adaptables i passar la tarda llegint, escrivint o mantenint converses casuals amb desconeguts fins a hores indeterminades de la matinada. De la rebotiga de la llibreria una Joan Baez de l’Eixample treia, de tant en t…

Gasolinera (VA)

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Vicente Aparicio (Ilustración: Edward Hopper)


Aquel día mi hermanó atracó una gasolinera. Era julio y mis padres se habían marchado al pueblo. Cuando sonó el teléfono a las dos de la madrugada, yo estaba en la cama leyendo.
Llegué a la comisaría en un taxi. Recuerdo la máquina de escribir y el humo de los cigarrillos. Un policía me contó secamente lo que había ocurrido. Iban los cuatro en un 127. Le habían puesto una navaja en la espalda al empleado de la gasolinera y se habían llevado unos cuantos billetes. Yo los conocía a todos de verlos con mi hermano, sentados en el banco de la plaza de abajo o dando vueltas por el barrio. Eran menores de edad. Yo tenía veinte años. A media mañana lo soltaron. Lo primero que hice fue darle un beso, a pesar de lo mal que me lo había hecho pasar. Después fui con él todo lo dura que pude. Más tarde llamé a mis padres. Preparé la comida. En casa cocinábamos las mujeres. Comimos en silencio. Cuando le hice las preguntas que tenía que hacer, no me gustaro…