jueves, 25 de mayo de 2017

Navaja de Albacete (MG)

Maria Guilera

-¡Si una hija me llega a casa preñada, la rajo!
Olguita sabía que era cierto, que además de un alto sentido del honor su papá tenía en el cajón de la mesilla una navaja de proporciones considerables. Cabía allí, en el cajón, porque se cerraba por la mitad para proteger el filo amenazante dentro del mango.

–Ni se le ocurra a nadie abrirla. Un corte con ella os desangra, ni tiempo tendríais de pedir auxilio.
 
Eso lo decía el papá mucho antes de que Olguita y sus hermanas tuvieran edad de ser rajadas por embarazo prematrimonial. A ella, ahora, le parecía escuchar esas palabras terribles como un trueno rompiendo el pequeño cielo encajonado en el patio de luces por el que caía una lluvia vertical. Al llegar al techado de uralita de los vecinos del entresuelo, cada gota acompañaba la frase como un estribillo, “La rajo, la rajo, la rajo a una hija si me llega preñada” y a ella le sonaba a grupo caribeño con camisas floreadas y maraca. Por un momento olvidaba el miedo y bailaba delante del espejo. “Tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, maaaambo. La rajo, que sí que sí, a la niña preñada la rajo sí, que sí que sí. “
 
Se bajó las bragas sin mirarlas, dándose un momento de esperanza, el tiempo de imaginar una mancha roja luciendo como una mariquita sobre una flor blanca. Sentada en la taza del wáter, tan doblada que la nariz le tocaba las rodillas, deseó el conocido dolor de tripa que la liberaría de la angustia y sobre todo del niño que sin lugar a dudas sería la desgracia de la familia, del bebé que nunca llegaría a nacer porque su papá iría a por la navaja en cuanto se enterara y cuando rojo de rabia y de pena la rajara, sus hermanas y su madre le denunciarían y se le llevarían preso, sería condenado seguramente a cadena perpetua, dejándolas a ellas sin recursos, en la calle y en pocas semanas robando en el súper y siendo a su vez detenidas. Su hermana, la que sufría asma alérgica, moriría en el calabozo de un ataque antes de ser debidamente atendida por culpa de la burocracia carcelaria. Y Julio Lázaro, el embarazador, lo sentiría un ratito, pero suspiraría de alivio por no tener que casarse y cargar con un bebé a los diecisiete años, sacaría del bolsillo el peine de plástico para repeinarse y luego se acercaría a la discoteca para olvidar.
 
Después de atreverse a mirar sus bragas, inmaculadas, caminó hacia el dormitorio de los papás durante un tiempo que le pareció como un viaje en tren; ella misma era el tren y recorría el suelo sobre una vía que tenía un solo destino, la estación Mesilla de Noche. Allí dejó de ser tren y fue ella de nuevo, se apeó y abrió el cajón.
Abierta, la navaja no le pareció tan enorme como recordaba. Clic, escuchó al abrirla, y al pasar los dedos sobre el metal notó el ligero relieve de las manchas de óxido. Supo que aquello no podría desangrar a nadie, esa mentira de filo no cortaría ni un papel, estaba viejo. La cerró y volvió a abrirla un par de veces antes de dejarla en donde siempre había estado.
 
Se tumbó en la cama hasta que llamaron a la mesa para cenar. Mamá servía tres cucharones de sopa de pescado a cada uno, llenaba los platos hasta el borde y les decía que esperasen, la sopa estaba caliente y si se quemaban la lengua luego ya no iban a encontrar sabor a nada.
Olguita le tocó el brazo a su papá, que se sentaba a su izquierda, y esperó a que la mirase.
–¡Papá, rájame!




7 comentarios:

  1. Sin el rancio sentimiento nacional-católico que nos colonializa y aturde el cerebro, estas situaciones tendrían otras vías de solución y prevención. Claro que también nos hubiera privado de la delicia de leer este relato. Yo prefiero quedarme con la sopa, que alimenta, hidrata, rebaja el colesterol y aporta hierro no oxidado.

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  2. et superes Mariona. M'ha agradat aquest relat tipus "el dia que la iban a rajar Olga se dirigió al retrete para observar sus propias bragas". Bona, bona. enhorabona.

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  3. Me encanta la forma en que describes el "drama" personal y familiar. Las elucubraciones en el cuarto de baño, la esperanza de una mancha carmesí, y al final ... que sea lo Dios quiera. Rajada de risa me has dejado.
    Eres única para la tragicomedia. Nadie como tú !!!

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  4. La historia tiene su gracia, pero lo mejor es "la frescura" narrativa con la que nos la explicas, que se agradece en estos días. Me encanta!
    El Trasgu

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  5. entre divertit i dramàtic....Igual com la vida mateixa...Una noia amb molta personalitat.., capaç de valorar i donar a la situació la seva justa mesura...Un relat ric, descrit magistralment. Perfil ben definit dels personatges..Ple d'imatges...se'n fa evident com en una pel·lícula d'èxit.. FELICITATS

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  6. Nos llevas al interior de mundos íntimos con la facilidad de la escritora experta y además cargada de sentido del humor. Me encanta tu estilo.

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  7. Me ha gustado muchísimo. Un relato irónico, a la vez serio y divertido. Me ha parecido genial la escena en la que ella canta delante del espejo para ahuyentar el miedo. Un relato simpático pero profundo. Un "basado en hechos reales" con sentido del humor. Bien escrito, María.

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