jueves, 18 de mayo de 2017

Barça-Juventus (VA)


Vicente Aparicio (Foto: Shaun Botterill)
El Barça jugaba contra la Juventus. Yo y mamá fuimos al dentista. Ella siempre dice que no conoce a ningún otro niño a quien le guste el dentista. Cuando era más pequeño le insistía para que fuéramos. Las revistas, estar medio tumbado en el sillón, beber agua de la maquinita… No sé, me relaja.

El fútbol nunca me ha llamado la atención. Mi padre dice que soy un friqui. Un partido importante, un Barça-Madrid, igual sí, pero los demás, pues más bien no. Él los ve todos y se emociona como un niño. No lo acabo de entender.

Al día siguiente teníamos examen de Inglés. Vocabulario. El profe se llama Facundo y viene al instituto en una Harley. Os podéis imaginar la pinta que lleva. Y encima, tiene una mancha morada muy grande en un lado de la cara. Pero nadie se ríe de él ni de casualidad. Cada dos semanas nos hace aprender una lista de más de 300 palabras. Está loco. ¿Pretende que se nos quede todo eso en la cabeza?

Mamá quería que repasáramos en la sala de espera del dentista, pero yo estaba muy cansado y le dije: “En casa, mamá, por favor”. Tuve que prometérselo. Nada más llegar, quedó claro que no se le había olvidado: “A estudiar”, dijo. Intenté escabullirme con la excusa de la ducha, pero ella dijo. “Vaya, qué sorpresa, a mi hijo le han entrado ganas de meterse en la bañera”. Vamos, que no coló.

Estuve estudiando unos tres cuartos de hora. Todavía me acuerdo de una palabra: “Vidiot”. Es alguien que ve mucho la tele, pero sin fijarse mucho. Ja, ja. Qué bueno. Buenisimo. Al Facu le gusta colar siempre alguna palabra rara. También pone muchas de vampiros y de zombies, reptiles, cosas así.

Cuando llegó papá nos pusimos a cenar. En todas las cadenas estaban dando la previa de la Champions. El Barça tenía que remontar varios goles. Me costaba un poco comer, porque las encías estaban sensibles. Yo no estaba muy pendiente de la tele, pero en casa es difícil centrarse en otra cosa cuando hay fútbol. Messi tuvo un par de ocasiones, pero no hubo suerte. No va a meterlas todas, ¿no?

Después del yogur mamá fue muy clara: “Inglés”. Cogí el plato y los cubiertos para recoger. Ella formó una pistola con los dedos y volvio a decir: “Inglés”. Desde el sofá, papá vino en mi ayuda: “Mujer, un día es un día, que hoy toca otra vez remuntada”. Así que tuve permiso hasta aproximadamente las 22.30 horas, que es cuando acaban los partidos de la Champions. Más el añadido.

Pero de remuntada. Quedaron 0-0 y, como el año pasado, no pasaron de cuartos. Después del partido se me cerraban los ojos delante de la lista y terminé no estudiando casi nada y el examen me fue fatal. En casa esa noche mis padres discutieron por mi culpa. Mamá dijo que estaba de fútbol hasta el gorro. Bueno, dijo otra palabra, en realidad. Empieza por c... Y yo me gané una buena bronca.

Y eso que aún no sabian la nota. Al día siguiente el Facundo ya le había dado tiempo de corregirlo todo. “Mendoza, ¿cómo quedó el Barça el otro día? -me dijo con la hoja de mi examen colgando entre sus dedos peludos. “Empate” contesté. “Estan fuera de la Champions”, añadí, y luego cogí carrerilla: “Cuando tuvieron ocasiones, la pelota no quiso entrar, y al final el partido se hizo largo y se les fundieron los plomos. Normal.”. Me miró con cara de desprecio: “A ti si que se te han fundido los plomos”, dijo. “Qué pasa”, seguí yo. “Me mola el fútbol. No es tan grave, ¿no?”. Y algunos de mis compañeros se rieron. Mi madre también se hubiera reído.

1 comentario:

  1. El universo de la infancia, qué placer recuperarlo! Poder asomarnos por la mirilla de los relatos que tienen anzuelo, carnada, y cazan en la memoria. Me gusta mucho!

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