viernes, 16 de diciembre de 2016

Mamá (VA)

Vicente Aparicio
 

Rai llegó más de media hora tarde. Ella le esperaba fumando y no dejó de recriminárselo.
-Por lo menos podías avisar. ¿Y tu móvil?
-Yo qué sé, la tarjeta, tengo que hacerme un duplicado.
Era un día limpio de nubes. Compraron unas latas de cerveza en el kiosco del parque y se sentaron en la hierba.
-¿Cómo va tu campaña?
-Bien. Un día de estos empezamos. Una movida. Y tú, ¿qué tal con Brian?
-¿Brian? Brian y yo lo hemos dejado.
-Vaya. Llevas las medias agujereadas.
-Ya.
El parque estaba lleno de parejas con carritos, pelotas y niños. En el banco de enfrente, una mujer mayor miraba hacia el lago.
-Rai, tengo que contarte la última de mamá.
-Tiemblo.
-Hay una tía metida en su casa. Se planta allí cuando le viene en gana, con el permiso de tu madre, por supuesto. Y a vivir. ¿Sabes lo que hay encima de una de las mesitas? ¡Una foto de la virgen! Con un marco dorado.
-Mamá, la viuda alegre, ja ja ja.
-¿Sabes cómo la defiende? Dice que lleva traje. Y con eso parece que te enseñe un certificado. ‘Es muy buena persona, viste de traje’, te dice poniendo esos ojos suyos, ya sabes.
-¿Y qué vas a hacer?
-¿Qué voy a hacer? Te lo estoy contando, Rai, eso es lo que voy a hacer.
-Es mamá. Se habrá enamorado otra vez, yo qué sé.  
-No me hagas reír.
-Está más pallá que pacá, déjala que haga lo que quiera.
-Me fastidia. Ya sé que no pasa nada. Pero me jode. Se ve a la legua que va de casa en casa. De hotel en hotel. Es mucho más joven que ella.
El teléfono de Marian emitió un zumbido. Se puso en pie y descolgó. Sus tejanos estaban teñidos de verde.
-Vale, tesoro, nos vemos dentro de media hora -la oyó decir.
Volvió a sentarse a su lado.
-Tesoro. ¿No tendrías que estar de duelo?
-¿Y a ti qué te importa?
Se levantó un poco de viento.
-Vámonos, hermanito, que empiezo a tener frío.
-Estamos en invierno.
-Qué haría yo sin ti.
Encendió un cigarrillo.
-Iré mañana a casa. Esperaré a ver si llega y te aseguro que no van a quedarle ganas de seguir aprovechándose de una anciana. Da la coincidencia de que es mi madre, mira tú qué mala suerte.
-Y la mía.
-Y la tuya. Eso es lo que voy a hacer.
-A sus órdenes.
Le dio un beso de despedida. Se quedó de pie, viéndola como se alejaba. Fue a acercarse la lata a los labios, pero por el peso supo que estaba vacía. Bostezó.

3 comentarios:

  1. En pocas líneas se despliega la vida y sus extraños vericuetos, el desamor, las relaciones y sus dependencias, enmarcado en un contexto vívido que ayuda a sentir el momento y permite adivinar o suponer mucho más. Me encanta esa economía de letras cargada de infinitos.

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  2. En pocas líneas se despliega la vida y sus extraños vericuetos, el desamor, las relaciones y sus dependencias, enmarcado en un contexto vívido que ayuda a sentir el momento y permite adivinar o suponer mucho más. Me encanta esa economía de letras cargada de infinitos.

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  3. Esas relaciones entre hermanos,tan palpables en un diálogo que muestra sin contar sus sentimientos.
    Esa madurez de chicos de barrio, protectores a lo bestia, directos a resolver el asunto.
    Ese clima que sabes colocar sobre sus cabezas y que todo lo envuelve.
    Y esa foto, que los clava.

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