sábado, 22 de octubre de 2016

Y eso fue lo que pasó (MG)

MARIA GUILERA

 
En aquellos años, que recuerdo como los más felices de mi vida, nunca había probado platos exquisitos en el sentido que hoy daríamos a ese adjetivo. Pero hoy, tanto tiempo después, sé que probé casi a diario lo mejor de la gastronomía.

En una cazuela de barro mi madre preparaba, pongamos por caso, un guiso de hortalizas variadas. Patatas, cebollas, calabacines, berenjenas y pimientos que vaciaba cuidadosamente para rellenarlos con albondiguillas de carne de cerdo y ternera. Dejaba que se cocieran a fuego lento sobre un buen sofrito al que añadía vino blanco y un majado de ajo, perejil, almendras y algún otro ingrediente que desconozco. Recuerdo que añadía pan rallado sobre el relleno, cubría la cazuela con la tapa de aluminio y de vez en cuando vigilaba por si hacía falta añadir un poco de agua. Al rato, sostenía la cazuela con un trapo, la levantaba y a una distancia mínima del fuego le daba un meneo enérgico y preciso para volver a dejarla en su lugar. Entonces su boca adquiría un gesto que significaba todo va bien, o hay que bajar la llama, o todavía le falta un rato. A ella nunca se le agarraba nada al fondo, ni le quedaba la comida insípida ni faltaba una ración para quien quisiera repetir.

Mientras viví con mis padres consideré su arte de cocinera como un quehacer atávico que apreciábamos todos, pero que yo no pensaba perpetuar. Cuando tuviera mi propia casa, en mi familia la comida sería solo para alimentarse, no perdería el tiempo en la cocina. Mi época me rescataría de ese escenario, me llevaría a reuniones, me abriría libros, desplegaría mi mirada al arte en cualquiera de sus acepciones, me subiría a trenes que cruzarían fronteras, me empujaría a relaciones anticonvencionales, pondría nuevas banderas en mis manos, arrasaría costumbres y ritos. Y todo eso, fuera de la cocina.

Ocurrió sin embargo, no un día, sino en un tiempo no mesurable que se deslizó sinuoso como un reptil, que me sentí crecer mientras sobre una tabla el cuchillo hacía cortes ágiles y seguros, mientras la cuchara removía las salsas y sin ningún temor añadía una pizca de sal, un chorrito de jerez o unos granos de pimienta. Así que soy esta, pensé. La que sin darse cuenta levanta la cazuela a una distancia mínima del calor de los fogones y la menea con instinto.

Y en la boca se me dibuja, probablemente, un gesto que significa todo va bien, o hay que bajar la llama, o a esto le falta un rato más.

8 comentarios:

  1. Título sugerente. Lo que uno ha vivido durante la niñez tiende a pegarse a tu persona y queda adherido actitudinalmente y en la mayoría de la casuística, aptitudinalmente también. Aquí, además juega la conjugación de felicidad infantil con uno de los buenos placeres del que la humanidad no puede prescindir: satisfacer el paladar. Arte y oficio son necesarios.

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  2. Mariona de nou un relat de costums. Gràcies. M’ha agradat molt perquè em recorda a la mare cuinant hores, aquells menjars que ens penetraven pels sentits. Aquell flaire, aquell sabor. Eren temps on amb pocs diners ella aconseguia satisfer els nostres àpats amb aquells guisats. Però els temps són altres. Quan ets jove i has de fer tantes coses, no hi ha temps. En fer-te madur aquella nostàlgia et fa intentar provar de fer-los tu. Però mai surten com els de la mare. Una abraçada. Maria Lorente.

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  4. Qué arte el de la cocina!
    Seguir la receta... sí, pero sin el ingrediente "instintivo" no hay forma de que quede bien.
    Mi fricandó, sin el "chup chup" adecuado (que no soy capaz de medir)puede quedar incomible.
    Como siempre, relato cotidiano sin dejarse un color. No pares.
    El Trasgu

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  5. Mariona, María, toda tu, pensaba ayer nomás tras verte por un instante terminar de menear la cazuela que aromatizaba toda la casa, esa carne enrollada, que tendría encima y alrededor su puré de castañas, de manzanas y el sofrito de cebollitas y no sé que más, para homenajear a tu hija en su aniversario, pensaba decía, que eres una mujer sorpresa, inmensa de atributos. Y aún perdura en mis papilas el aroma que nos recibió la tarde de viernes en tu casa, que viene desde la historia de familia, desde la cazuela de barro de tu mamá.

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  6. aixo mateix és la escriptura. Has creuat tantes fronteres i has possat tantes banderes que ara, sense voler ni adonar-te'n del tot, ets una mestressa/master de la narrativa. A foc lent, però amb resultats delerosos. I sempre es pot repetir dels teus guisats. Mmmm, que bo!

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  7. Siempre he sabido que eres una maestra excelente. Me lo has demostrado con creces. Y que antes de llegar a serlo, fuiste y sigues siendo, una alumna aventajada en todo lo que te interesa y gusta.
    Una "esponja de sabiduría" que sólo necesita observar.
    Este relato costumbrista, (unos llevan la fama...) da fe de ello. Y lo mejor es que ni siquiera te das cuenta, ni requiere ningún esfuerzo por tu parte, simplemente... lo haces.
    Qué bien cocinas, María !!!!

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  8. Desde tus palabras surgen los aromas,
    un placer probar tus guisos!

    Felicidades artista

    Nurya


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