jueves, 29 de septiembre de 2016

El aroma del maromo (MS)


MÓNICA SABBATIELLO (Foto: Ilan Ben Yehuda)

Tengo demasiada imaginación y lo que preveo suele tener detalles mínimos y máximos. En el caso de Alejo pensé que llegaría en un coche de alquiler nunca al trote y en zapatillas, que traería un pendiente, pelo corto, traje de lino claro y zapatos náuticos.
Sería un tipo cálido capaz de abrazar sin pasarse y de ceder un amplio espacio escénico. Su voz grave y baja. Y como buen administrador de la ironía, sabría festejar mis gracias.
Supuse que serían de su agrado los tacones altos, las medias de seda, la falda corta y estrecha y las pestañas bien resaltadas.
Adivinaba su perfume, a tabaco rubio, a viento, a mar.
Tendría manos grandes, una genialidad para un escritor de textos poéticos y oscuros.
Pondría letra al silencio y música a mis palabras. Sería un hombre de escuchar.
En las solapas de sus libros se lo veía rodeado de otros escritores, allá a lo lejos, en algún acto de presentación, pequeño e indistinguible. Nunca vi una buena foto suya.
Me adelanté a la hora de la cita, y en la espera fui de-construyendo mis supuestos. Dejé libre la espera. Que sea como él quiera. Al fin de cuentas, es el autor de Océano y de Desierto, y eso es suficiente.
Llegó como un oso erotizado y brusco. Obsesivo. Monotemático.
Qué mal aroma tenía ese hombre que en horas previas supo oler tan bien.
Del mar sólo traía las babas de una medusa.

2 comentarios:

  1. Nos conduces del océano de la imaginación al desierto de la realidad en unas palabras ágiles como la tabla de un surfero temerario.

    ResponderEliminar
  2. Me encantan los "viajes" mentales de tus personajes. Los encuentro próximos.

    Es cierto que la imaginación suele salvarnos de la cruda realidad, aunque a veces, la otorgamos una excesiva libertad y luego pasa lo que pasa. ¡La hostia es considerable!

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu opinión: tus comentarios y tus críticas nos ayudan a mejorar