sábado, 11 de junio de 2016

Shake it baby (MG)


MARIA GUILERA (Foto: Anka Zhuravieva)


Se  había tomado muy en serio el inglés desde el primer día de clase. Las tardes de los miércoles, al salir del trabajo,  iba al bar Shake it baby  porque allí podría conversar con nativos, estaba escrito en una pizarra colgada en la puerta. Costaba encontrarlos, pero al menos distinguía a los que no lo eran y se le acercaban con la misma intención, practicar el idioma en situaciones cotidianas. Todos inventaban un pseudónimo y ella era Cath cada miércoles de siete a nueve.
–Please…
–Lo siento, yo no estoy por el tema ese de la conversación.  Pero no he terminado la cerveza y tengo para un rato todavía.
Una lástima, pensó la falsa Cath, para una vez que encuentro a uno interesante y que no llega a los cuarenta, no quiere practicar. Pidió otra para ella y de todos modos se sentó a su lado.
–No es obligación hablar inglés… la verdad es que hoy tampoco tenía yo demasiadas ganas, pero vengo siempre el miércoles. Ya sabes, a ver si me suelto.
El interesante le sonrió y se la quedó mirando como animándola a seguir.
–Tres años llevo ya estudiando. Es que yo en la escuela aprendí francés, que ya ves tú para lo que sirve. Y claro, ahora ya de mayor y por mi cuenta cuesta más. Pero vamos, que cuando me propongo algo lo hago, soy del tipo mujer cabezota. Y no es que lo necesite en el trabajo ni nada, estoy en un almacén de plásticos.
Observó la expresión de él y le pareció ver un gesto de desengaño.
–De jefa –añadió.
-A veces sí nos llega algún mail en inglés con un cliente, pero vamos, eso lo lleva Bea, la secretaria y por lo que vengo observando tampoco sabe ella tanto, pero como lo exigían al entrar y dijo que tenia buen nivel hablado y escrito, ahora no se va a descubrir.
El chico terminó la cerveza y la interrumpió.
–¿A ti te importa si me tomo otra?
–A mí qué va – dijo ella.
–No, por si le quito el sitio a alguien que venga a lo vuestro.
–Oye, que por un día, ya ves. Y además muchas veces pillo a gente que tiene menos nivel que yo y tampoco me aprovecha. Tranquilo.
Estaba encantada. Nunca había encontrado a nadie que la escuchase con tanta atención.
–Lo que te decía. Que Bea ni se preocupa de ponerse al día. No tiene instinto de superación. Yo ya ves, nadie me obliga, pero es que pienso que sin el inglés hoy no vas a ningún lado. El verano pasado estuve en Estocolmo con unos amigos y allí todo el mundo lo habla. Es lo que debieran hacer también aquí, no doblar los dibujos animados, ayudar a los niños a  familiarizarse  con la lengua, ¿no crees? ¿Tú has estado en Estocolmo?
Él negó con la cabeza y señaló el vaso vacío.
–Te invito. Por las molestias.
–Pero qué dices, me lo estoy pasando muy bien. Pocas veces tengo ocasión aquí de hablar tanto. La gente es lenta contestando, sabes. Y si no te entienden a la primera tienes que repetir.
El camarero dejó en la barra dos cervezas más  y, discretamente, guiñó un ojo a la falsa Cath.
–Bueno, pues gracias. Yo siempre me pago lo mío, no quiero obligaciones ni malentendidos, pero es que contigo es como si nos conociéramos de toda la vida. Y como no estoy practicando pues te digo mi nombre real. No es Cath, que lo uso aquí para sentirme más integrada. Me llamo Elisa y soy de Gracia ¿Y tú?
–Steven McAllen. De Glasgow, en Escocia.

4 comentarios:

  1. Pobre, ¡Vaya chasco! Uno ya no puede fiarse ni de los desconocidos… Pero tienen toda una cerveza por delante y ahora pueden intercambiarse y platicar en el idioma de Sir Walter Scott.

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  2. Si aconsegueix lligar podrà anar a practicar a casa la sogra!

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  3. Mariona, Quina llàstima de la bona fe de la Cath i quina flema del Mister. Quan he arribat al final del teu relat has aconseguit sorprendre'm. Gràcies com sempre m'ha agradat per ésser curt i concís. Maria Lorente

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  4. me parece muy divertida la sorpresa final. Aunque a lo mejor con la segunda cerveza...se destapa el Mister
    Bravo por ese humor sutil!
    Louise

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