jueves, 14 de abril de 2016

La quiosquera (MG)


Maria Guilera

Mucho antes de que Ucrania fuera un país presente en las noticias diarias, Yarik dejó la casa de sus padres y salió del pueblo a pie; luego viajó en autobús y atravesó media Europa. Pero nada salió como pensaba. Su amigo Olek le había dicho que encontraría trabajo porque nadie en el instituto sabía tanta informática como la que sabía él ni hablaba inglés como él lo hacía. En seguida se dio cuenta de que no era suficiente. Ninguna de las empresas que había encontrado en internet, a las que se presentó con los informes de la escuela y la única camisa que tenía, le prestaron el menor interés.
Marchó de Alemania a las pocas semanas, cuando la policía empezó a molestarle. En Francia, pidió dinero a la salida del metro y peleó con un grupo de rumanos.  Atravesó los Pirineos en un camión, intentando seguir la conversación del chófer,  y llegó a Figueres en junio. Aquel calor hacía la vida más fácil, pensó.
Durmió con un checo en un cajero automático. Se hicieron amigos, compartían el cartón con una frase que ninguno de los dos comprendía. El checo se llamaba Karel y bebía mucho. También él empezó a beber. Tanto, que casi no podía levantarse del suelo. Y no lo hacía si no era para ir a comprar un brick de vino al supermercado o rebuscar algo de comida, no demasiada, no tenía hambre,  en el contenedor. Ahí encontró al cachorro. Lo recogió y lo abrigó bajo su chaqueta.
El perrito resultó un buen compañero y un reclamo para algunas mujeres que se interesaban por él. Por el animal. Le llevaban bolsas de pienso, huesos falsos con sabor a jamón y galletas para perro. Alguna vez, Yarik las comió.
La mujer del quiosco tenía el pelo rojo y sonreía. Tenía una boca grande y tras los cristales de las gafas una mirada cariñosa. Empezó a saludarle. Primero con un gesto. Después le hablaba despacio mientras  dejaba a su lado paquetes de galletas y alguna fruta.
Una mañana le enseñó un diccionario, pero a pesar de ello no se entendieron.
–Ucrania, le dijo él despacio. No Rusia, Ucrania.
Y se tomó el café que le había llevado en un vaso de cartón. No comió el pan con embutido, le dolía el estómago.

Se despertó en una cama metálica de hospital. No sabía cómo había llegado hasta allí, solo recordaba la botella de ginebra rota que le había dado Jeyson Martínez, el nuevo dependiente del supermercado. Le hizo repetir su nombre muchas veces y cuando lo dijo bien, Jeyson Martínez le dio la botella.
Tenía una aguja clavada en el brazo izquierdo. Por la goma veía deslizarse las gotas de suero.
Se dormía y despertaba sin tener tiempo de preguntar. En una de esas veces, al abrir los ojos, vio a la mujer del quiosco con un joven de pelo muy corto que hablaba ucraniano.
–No te preocupes por el perro, le dijo. Ella lo cuida.
Entró el médico y le habló al chico de pelo corto. Le contaron qué cosa era un coma etílico.
–Okey, okey, les respondió.
Se le cerraban los ojos. La cabeza le pesaba. Volvió a dormirse.
Le pareció escuchar la voz de sus padres, el ruido del tractor y también la risa de su amigo Olek.

El día en que salió del hospital la mujer del quiosco estaba allí. Le dio una camisa de color amarillo y unos calcetines. Se vistió y se miró al espejo. Le pareció ver la cara de su abuelo.
Bajaron en el ascensor hasta la planta baja y se quedaron un rato quietos en la entrada, escuchando el ruido de los truenos.
–Ven, Yarik –le dijo ella. Y le apretó el brazo bajo el paraguas–. Llueve mucho.

9 comentarios:

  1. Emocionante. Trae eso que tanto nos falta. Gracias.

    ResponderEliminar
  2. No siempre se encuentra un alma generosa dispuesta a profesar el bien. Desgraciadamente es más frecuente saber de gente ahogada en una patera, de seres explotados por mafias que obligan a la mendicación o la prostitución, amén de los que subsisten recluidos sine die en campamentos de refugiados. En cualquier caso, el drama humano está servido “porca miseria!”.

    ResponderEliminar
  3. Mariona quin relat més proper als emigrants d’avui dia. Sort de la bona gent com la dona del quiosc. M’ha agradat molt com desenrotlles la història i com ens deixes amb les ganes de saber quina vida l’espera al Yarik en sortir de l’hospital. Gràcies. Maria Lorente

    ResponderEliminar
  4. Un relat molt ben dibuixat, dels que porten el teu segell. Uns perfils humans molt ben definits. Unes situacions plenes de realisme que impacten. Un final tendre que ens evidencia com només l'amistat, la compassió, l'amor ens salva. Segueix escrivint, Mariona. Segueix regalant-nos les teves paraules que ens conten tan bé retalls de vida..Gràcies i ENDAVANT..SEMPRE

    ResponderEliminar
  5. Muy triste, aunque acaba con cierta esperanza ¿verdad?
    Tus textos me enganchan enseguida..
    Campo Yanguas

    ResponderEliminar
  6. Molt actual i magnificament escrit.
    Glòria Oter

    ResponderEliminar
  7. Me gusta esa mezcla de realismo trágico y humor sutilmente negro. Te seguiré.
    El Niño de la Reme

    ResponderEliminar
  8. A ese de la foto le conozco. De verdad es la historia como la cuentas?

    ResponderEliminar
  9. Una història amb esperança, encara que sigui en la imaginació del lector que vol pensar que per una vegada tot acabarà bé!

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu opinión: tus comentarios y tus críticas nos ayudan a mejorar