jueves, 17 de diciembre de 2015

Pedrusco 1-Arenillas 0 (VA)


Vicente Aparicio 

La última vez que le ganamos al Deportivo Arenillas, el niño y yo vimos el partido al lado de un hombre con traje y corbata.
Hace ya siete años y el resultado final fue de 1-0 a favor del que para nosotros era y es el mejor equipo del mundo, el Pedrusco Fútbol Club.
Sí, qué pasa.
En la primera parte el árbitro, José Cruceta Ramos, pitó dos penalties. El primero, a favor del Arenillas, no acabó en gol porque el gran Jaume Muro se marcó un paradón marca de la casa. El segundo, en cambio, hizo subir al marcador el 1-0, a favor nuestro, gracias a un chut con paradinha de Borja Verdugo, la indiscutible estrella del Pedrusco de aquella temporada gloriosa.
El caso es que el hombre del traje aplaudió como un poseso las dos veces que el árbitro pitó penalty, una vez a nuestro favor y la otra en contra.
Un poco raro, ¿no?
En cambio después, a la hora de la verdad, ni se inmutó. Ni con la gran intervención de nuestro portero ni con el histórico gol de Verdugo.
Como si la cosa no fuera con él.
Cuando el partido llegó a su fin, después de una segunda parte tirando a soporífera, el hombre del traje aplaudió satisfecho, y nosotros también.
“Buen partido”, dijo, “buen partido, sí, señor”.
Luego estuvo muy atento y muy simpático con mi hijo, que este año va a empezar Económicas, y yo no pude evitar hacerle un par de preguntas.
Entonces lo entendimos todo.
No sé qué habrá sido de él, el único hombre del mundo a quien he visto aplaudir los penaltis a favor del Pedrusco y los penaltis a favor del Arenillas.
A lo mejor lo han corrido a gorrazos por uno de esos campos de dios.

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