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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Infarto (VA)

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Vicente Aparicio 

Al padre de Julio Castro le había dado un infarto. Fuimos al tanatorio en el coche de mi hermana. Antes de entrar al velatorio, ella y mi cuñado se pararon a hablar con tres mujeres; parecían amigas, contentas de volver a verse quizás después de mucho tiempo. La más alta llamaba la atención: melena negra larga y lisa, abrigo lila y botines. Un cirujano se había ganado unos cuantos euros estirándole la cara. Mamá llegó con Carlos, mi hermano pequeño. Le habíamos regalado un bastón para Reyes y era la primera vez que la veía caminar con él. Mamá con un bastón, qué fuerte. Entramos todos juntos a darle a Julio el pésame. Carlos, mi hermana Pili, mi cuñado Alberto, mamá y yo. El pobre Julio hacía muy mala cara, pero cumplía con su papel de anfitrión. -¿Quiénes eran esas? -le pregunté a mi cuñado al salir, rodeándolo con el brazo. -No lo sé muy bien -Se siente intimidado cuando nota el contacto físico. Me divierte ver como se encoge-. Pili las conoce, hemos coincidido un par…

Clase de historia (MG)

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Maria Guilera (Foto: Willy Ronis)
–Aunque no os lo creáis, nenes –dijo mi madre–, del 36 al 39 me pasaron más cosas que en toda mi vida. Ya había recogido la labor, pero llevaba el dedal en el dedo y mientras nos miraba daba pequeños golpes en la mesa. –Teníamos a un cura escondido en el lavadero de la azotea. Nos tenía atentos, como siempre que empezaba a hablar. La guerra era el tema que preferíamos. –Creía que al abuelo no le gustaban los curas. A mi hermana le gustaba llevar la contraria. –Pues no le gustaban, no. Pero no quería quemar a ninguno. –¿Tú no tenías miedo de las bombas? Suspiró. Se cogía la punta del delantal y lo doblaba. No respondía en seguida y a mí me daba la impresión de que estaba recordando. –Bajábamos al refugio con los vecinos. Luego, un día, tu abuelo dijo que no valía la pena, que lo que tiene que ser, es. Y desde entonces nos quedábamos en casa jugando a la lotería. –¿Cómo se juega a la lotería, mamá? Mamá arrimó la silla al armario y se subió encima. Abrió las puert…

La conquesta de l'espai (VH)

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Vicenç del Hoyo

Al carrer on vaig néixer hi havia unes quantes botigues però totes eren a la banda de mar. El meu barri urbanitza les faldes de la serralada de Collserola. Són uns edificis amb vocació de ser una petita comunitat que els uneix una porció de sòl enjardinat. Cap d’aquests edificis pot contenir una botiga. Són casalots, ínsules que diria en Sancho, de quatre plantes amb quatre portes per replà. Setze famílies agermanades per una escala central. L’arquitecte que va dissenyar la barriada no va pensar que els habitants havien de comprar allò que menjaven, la roba que vestien o reparar les sabates que calçaven. Al voltant d’aquest nucli urbà havien aparegut noves edificacions, aquestes sí amb capacitat per contenir botigues a les plantes baixes. El meu carrer era un carrer límit i frontera entre aquestes dues zones. A la banda solana, que era on estava casa meva, només hi havia jardins i entrades a les minúscules vivendes. A la part obaga, els edificis eren contigus i sense esp…