viernes, 26 de junio de 2015

La adopción (MG)



Maria Guilera 

Mi hija me comunicó con delicadeza que había adoptado a dos hermanitos. Eran gemelos y tenían cinco años. Habían sido abandonados y un trabajador de los servicios asistenciales, entristecido ante la terrible situación, lanzó la noticia a Internet. Mi hija, febril usuaria de la red, lo meditó durante veinticuatro horas y tomó la inamovible decisión  de aceptarlos en la que era su casa desde hacía pocos meses. Jamás había manifestado inclinación o instinto alguno que pudieran hacerme pensar en algo semejante. ¿Qué papel jugó la reciente independencia -y consiguiente soledad- a la hora de inclinarse por tan importante cambio en su vida?
Me costaba imaginarla dedicando a los pequeños sus días y gran parte de sus noches. Hipotecando vacaciones y novios. En definitiva, un estilo de vida. Con  natural preocupación, intenté disuadirla. Argumenté que estaban ya crecidos y quizá presentaran graves problemas de adaptación. Además, la peculiar raza de los pequeños llamaría la atención. Lo  exótico siempre conlleva algún conflicto.
Pero llevan ya dos años juntos y se dedica a ellos con entrega total. Habla de sus gracias constantemente, se ha unido al círculo de hombres y mujeres en situación similar y actúa con una sorprendente generosidad, regalándoles su tiempo con alegría. Reconozco que se hacen querer, me enternece escuchar sus voces en el contestador automático y me alegran sus saltos de alegría cuando llamo al timbre de su casa. Tal y como le advertí, no pasan desapercibidos, lo compruebo cuando salgo a la calle a pasear con ellos.
¡Mira, papá, dos dálmatas! gritan los niños cuando les ven salir del portal. Les conoce todo el barrio.

12 comentarios:



  1. Hola Mariona,per propia experiencia (la meva fillola fa 11 anys que va adoptar a una bebe etiope) És la millor cosa que li ha passat a la seva vida. Espero que a la teva protagonista li passi el mateix. Bon estiu maca. Maria

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  2. teresa serramià i samsó28 de junio de 2015, 6:52

    una sorpresa final...., ens deixa bocabadats.....Un relat molt ben conduit i magistralment expressat..Té força. És àgil i manté l'interès...És refrescant, tal com tu dius...Molt bé, Mariona..Bravo!!!

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  3. El relato tiene un final impredecible y ocurrente. La foto -que no engaña- ayuda a que el lector caiga de cuatro patas (nunca mejor dicho) en la trampa metafórica que nos tiendes, pícara autora.

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  4. Bravo María. Un final genial, en especial porque mientras se va leyendo el relato una no deja de pensar en el azúcar... Muy bien llevada la historia.

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  5. ¡Cómo la vida misma!Un relato fresco para estos calores.

    El Trasgu

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  6. Fui la orgullosa protagonista de esta historia hace ya unos catorce años, y aunque los coprotagonistas ya no están con nosotros, puedo asegurar que su adopción fue una de las mejores decisiones de mi vida, que me proporcionaron momentos muy felices y que me sentí orgullosa de ellos del primer al último momento en que estuvieron a mi lado. Tener una mascota, cuidarla y quererla es una experiencia única, que recomiendo a todo el mundo, y sobre todo ¡a la escritora del relato!

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  7. Esos guiños tan tuyos, nos despiertan de nuevo para aplaudir a la protagonista del relato y de paso, aplaudir también a la autora que sucumbe a la ternura de los gemelos.
    Refrescante!

    Un abrazo

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  8. Hi he posat un pel de ginebra, als glaçons, però el relat se m’ha fer massa curt. Encara em queda un culet de licor al vas, aigualit, aixo si.

    Bon estiu literari!!!!
    Joan Company

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  9. Carcajada al leer el sorpendente final...
    Pobre madre, ¡vaya lio!
    Rosamari

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  10. "El tema me suena"...
    Escrit amb la teva gràcia, es fa molt divertit. Apa! fins la propera.
    M. G. Oter

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  11. Eran gemelos y tenían cinco años. Per una vegada he intuït el final i si !!! Com diu algú per aquí: miqueta curt.

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  12. Hola Maria, espero que al cap del temps no es forri les sabates amb les seves pells. Abraçada.

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