jueves, 7 de mayo de 2015

¿A quién quieres matar? (VA)



Vicente Aparicio

Tengo setenta y dos años. Ayer fui al bosque con la intención de suicidarme. Llevaba la pistola de mi difunto marido, cargada. Me puse de rodillas junto a un árbol y apunté el cañón a mi sien. Entonces oí un ruido. Voces, unas voces infantiles que se aproximaban. Guardé la pistola apresuradamente dentro del bolso y saludé con un movimiento de cabeza a un hombre y a dos niños pequeños que caminaban en fila. Me marché.
De regreso a casa, detuve el coche junto al lago. Solíamos ir al lago. Nos sentábamos en un banco y mirábamos el agua. Nunca fuimos muy habladores, Franz y yo, sobre todo yo. No nos divertíamos juntos, esa es la verdad.
Empecé a caminar siguiendo el perímetro del agua. Los días laborables, en esta época del año, no hay mucha gente en el lago. Avanzaba despacio, mirando los abedules. Después de la curva, vi que alguien estaba tendido en el suelo. Me aproximé. Era un hombre de la edad de Franz, quizás algo más joven. Parecía haber perdido el conocimiento. Lo zarandeé y se incorporó.
-No sé qué me ha pasado -dijo tocándose la sien. 
-Está claro. Le ha dado un vahído y se ha caído. Lleva sangre ahí. Venga.
Revolví en el bolso en busca de algo con que limpiarle la herida. Me sobresalté al notar el contacto frío de la pistola. Mojé un pañuelo en el agua. El pañuelo se tiñó de rojo.
-No es usted muy delicada -me dijo.
-No está en condiciones de exigir -respondí.
Se hizo un silencio largo. Por el carril derecho, vimos pasar una bicicleta.
-¿Qué lleva ahí, en el bolso?
-Una pistola -contesté ariscamente. 
Dio una risotada.
Tuve una visión. Estaba sentado en el sofá de mi casa. Yo tenía la cabeza apoyada en su hombro y él miraba hacia arriba, complacido. De vez en cuando, daba una risotada. Después se quedaba dormido y yo me asomaba a la ventana. El limonero había vuelto a florecer. ¡La primavera! Ja. Ahora era yo quien se reía. Él se despertaba y tenía una herida en la frente.
-¿A quién quieres matar? -me preguntó.
-A ti, si no dejas de hacer preguntas.
He devuelto la pistola a su sitio en el cajón. En el hospital dijeron que no era importante. Qué sabrán ellos. Para cenar, podría rebozar unas berenjenas. Salen bastante buenas este año.

2 comentarios:

  1. El ciclo de estaciones de nuestra vida no está sujeto a normas astronómicas. Se produce y ya está.
    A veces, basta un pequeño incidente para darnos cuenta de que soplan nuevas brisas en nuestro frío entorno y que nuestra
    vida vuelve a florecer con verdes brotes de ilusión por lo que ya va siendo hora de cambiar de "vestuario" y desechar lo viejo a la basura o al olvido.

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  2. Del vacío a la gracia, por sorpresa. Como ese vientito que te despierta dándote en plena cara al girar una esquina. Vale la pena la vida. ¿Y qué sería de ella sin la literatura, sin el placer de leer buenos libros y cuentos redondos, como éste? MóniKa.

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