jueves, 12 de marzo de 2015

La habitación de la plancha (VA)


Vicente Aparicio (Foto: Camino Laguillo) 

Un puto sábado que tengo libre y al final nos hemos levantado más pronto que nunca. Para empezar bien el día, he tenido que llevar a las niñas con el mamón de su padre. Despiértalas, prepara el desayuno, consigue que no tarden tres horas en comérselo, arréglate tú mientras tanto, hazlas que se vistan, discute con ellas por cualquier gilipollez de esas que te has jurado que no volverán a ponerte de los nervios, sal de casa corriendo porque, para variar, ya vas tarde y cáscate tres cuartos de hora de carretera hasta llegar al pueblo de mierda al que el señorito se ha ido a vivir. Divorcio. ¡Ja! Si tuviera tiempo, iría a un abogado a hacer los papeles. Pero desengáñate, guapa, en tu vida no hay tiempo, ni ganas, para las cosas importantes. Trabajo, niñas, trabajo, niñas, trabajo, niñas, niñas, trabajo… Uf. Al fin llegas, aparcas delante de la casita de la pradera, que mira que es fea, y te abre la puerta la furcia esa. En chándal y con tacones. ¿No querías caldo? La casa se traga a las niñas, que están tan cortadas que ni se despiden. Y de su padre, ni rastro. Me dan ganas de gritarle cuatro frescas, subnormal, cobarde, cabronazo, pero no tiene mucho sentido dar alaridos delante de una fachada y ya hemos hecho mucho el ridículo últimamente. Motor en marcha. La primera misión del día, cumplida. Ahora viene lo peor.

Es decir, lo de mi suegra. Pobre mujer, mecagüen la hostia, por qué me meteré yo en estos berenjenales. Por lo menos ahora ya no tengo prisa. Si tardo una hora como si dos. La carretera, dentro de lo que cabe, me relaja, y si voy sola, me gusta pisarle un poquito. La chatarra esta tampoco da para más. La verdad es que me cae bien mi suegra: a diferencia del empanao de su hijo, tiene mal genio, como yo, y eso más me ha servido de desahogo unas cuantas veces. Es muy jodido pelearse con un trozo de corcho. ¿Y ese fitipaldi de ahí quién se ha creído que es, Fernando Alonso? La madre del susodicho ya pasa de los ochenta y hasta hace unos meses estaba más sana que yo, pero desde que se cayó en el súper, dio un bajón de narices y ya no parece la misma. Lo típico, ¿no?

Cuando he llegado, debían de ser las doce. Mejor me ahorro las explicaciones sobre cómo tenía el piso y cómo olía allí dentro. Se le cae a una el alma a los pies. No es que me haya venido de sorpresa, que por algo una hace lo que hace aunque le joda, pero tiene cojones que hasta me han entrado ganas de llorar, que no hay derecho. No ha parecido extrañarle. Nos hemos subido en el coche y venga, otra panzada de kilómetros. Menudo sábado, parezco un puto taxista, con todos los respetos para el gremio, que mi padre fue taxista más de treinta años, que conste. Ha sido raro que estuviera sentada ahí, en mi sofá, viendo un concurso en la tele tan tranquila mientras yo preparaba la comida, con el pelo mojado después de la ducha, que buena falta le hacía, y la bata de mi hija la mayor. Solas ella y yo, cágate, lorito. He hecho macarrones y pollo rebozado, por cierto, que no está una para filigranas, pero me han sabido a gloria. Tendré que hacer algunos cambios en la habitación de la plancha. No habla mucho, mi suegra. Después de comer se ha puesto a ver la telenovela. Mañana, antes de ir a recoger a las niñas, me acercaré otra vez al piso a ver si limpio un poco a fondo, ventilo aquello y cargo en el coche unas cuantas cosas que la mujer va a necesitar. Hoy no, hoy voy a descansar, que estoy un poco blanda, joder. Y es que tengo que acostumbrarme y dejarme de hostias, lo sé, pero no veas cómo echo de menos a las niñas. Soy la más gilipollas en varios cientos de kilómetros a la redonda, pero qué coño le voy a hacer yo, a estas alturas.

3 comentarios:

  1. Eso es describir el alma femenina desde los tuétanos. O desde la habitación de la plancha.

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  2. Me encanta ese pensamiento-monólogo que nos acerca y describe a los protagonistas de una forma tan cotidiana y real, salvo la reacción extraordinaria de la nuera. Ya no quedan mujeres como ella que anteponen sus buenos sentimientos a todo lo demás.
    Bravo, Vicente eres un especialista en dar voz a las ideas.

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  3. Me gusta mucho. Que bien se te da sacar la mala leche!!!

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