viernes, 13 de febrero de 2015

The dentist (VA)


 Vicente Aparicio 

Llegué pronto y la ayudante del doctor me hizo pasar a la sala de espera. Me puse a hojear el Lecturas, que siempre me recuerda a mi madre.
-Hi, Andrés -me saludó el doctor mientras preparaba el instrumental-. How are you?
-Fine, thanks, and you?
En la mesa, junto al monitor donde a veces puedo ver las radiografías de mi dentadura, pude identificar la última novela de Javier Marías vuelta del revés. No me acordaba del título.
-Let's see those teeth. Open your mouth, please.
Oí un chorrito de agua a mi derecha.
Una vez fui a una clínica dental moderna, muy luminosa, en la que una colección de mujeres jóvenes me sonreían con aparatos metálicos en las manos. Me sentí gravemente maltratado, y eso que también iba por la mutua. El grado de inclinación de mi sillón me hacía sentir  desprotegido.
-How's it going. Have you been careful about your teeth?
-I guess I've tried.
-Mmmm... Ok.
Confío en este hombre cuando me limpia la boca. Trabaja en mis encías como un artesano de otra época, como un hombre cuya profesión y su vida son prácticamente lo mismo. 
-Well, that's all. See you soon.
Me enjuagué la boca como siempre, sin mirar. 
-See you... in a few months, doc.
Una vez fui a una academia de inglés. Estaba llena de banderas del Imperio Británico y sonrisas con cara de profesor nativo. No me trataron bien. Me dejaron abandonado a mi suerte frente a un ordenador que hacía preguntas incomprensibles. Una experiencia de incomunicación profunda, deprimente.
-¿Cuánto es? -le pregunté a la mujer de la entrada.
How much, oí decir como un eco a mi anglófono interior.
-150 -dijo ella-. 85 euros de la limpieza y 65 de la clase de inglés.
Le alargué la VISA. La máquina estableció conexión con mi dinero en algún lugar del planeta. Silence, oí dentro de mí. Credit card. What's your name. Caries.
-Disculpe -le dije con un hilo de voz-, me preguntaba si sería posible incrementar la frecuencia de mis clases. Cada seis meses me parece que no... no garantiza resultados.
-Por supuesto. Lo único es que, you know, con cada sesión de inglés tiene que hacerse una limpieza. Son las reglas del doctor.
Me concertó una cita para dos meses más tarde. Mamá, qué duda cabe, no lo hubiera comprendido, ella siempre nos llevó a la escuela pública.
Cuando la ayudante del doctor me devolvía la tarjeta, el título de la novela me vino a la cabeza. Así empieza lo malo, de Javier Marías. No fui capaz de encontrarle un significado, un nexo secreto con la situación. Hubiera valido la pena. A veces pasa, ¿no?

3 comentarios:

  1. Acabo de descubrir tu blog y me parece interesante, por el que felicito.

    Te importara que lo direccionara desde el mio, al que te invito a visitar?

    relatocuentos.blogspot.com

    Un saludo

    Domingo Plumaroja

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  2. Ningún problema. Al contrario, Domingo Plumaroja. Suerte con tu blog.

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  3. Los idiomas son imposibles a cierta edad. En cambio, descubrir caries, dejarse empastar piezas, soportar braquets y pedir créditos para los implantes representan objetivos más dolorosos, pero asequibles.

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