jueves, 16 de octubre de 2014

No te puedo llevar al parque (VA)


Vicente Aparicio (Imagen: Anita Dominoni)

Desde las pruebas, Albert no es el mismo. Ha adquirido un hábito preocupante. Cuando llega del trabajo, se desviste, deja el traje y la corbata encima de la silla y se queda, ya para todo lo que queda del día, en calzoncillos y chancletas.
No sé de dónde ha sacado ese tronco. Lo coge en brazos con mucho mimo y lo acuna mientras camina por la casa pasillo abajo, pasillo arriba y llora desconsoladamente.
-Te he dicho muchas veces -le riñe en voz baja- que no te puedo llevar al parque. Por favor, no insistas, ¿no ves que no lo puedo soportar?
Pero yo no veo que el tronco diga ni haga nada, ni que dé la más mínima señal de vida.
Por las noches lo guarda en el armario. 
Otros años, en verano, mis sobrinas venían al pueblo a pasar las fiestas. Este año Albert no ha querido siquiera que se lo mencionara a mi hermano. Así que aquí estamos, solos, atrapados en ese paseo absorto del que no he podido apartarlo ni siquiera con mis súplicas.
A diferencia de antes, él ya no me habla. Después de las pruebas, se acabaron las discusiones y los gritos.
-Cariño -le digo cuando se hace la hora-, ¿quieres que vaya preparándole la cena?
Por las mañanas lo paso mal. Aunque no puedo pensar en otra cosa, no me atrevo a abrir el armario.

3 comentarios:

  1. Ya era hora que alguien rompiera el tópico al sacar a la luz la denostada sensibilidad e instinto masculino.

    Una mala noticia puede cambiarnos la vida y la de los que no rodean.
    Las obsesiones son malas.

    Que levante la mano quien no se haya aferrado a un TRONCO alguna vez. Al menos, temporalmente.

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  2. La simbiosis entre el relato, la imagen y el primer comentario son una clase de sensibilidad, una cuerda que tira de lo más humano que guardamos dentro.
    Se agradece, entre tanta decepción, que alguien enseñe el alma.

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  3. No se sabe nunca cuándo, al volver de algunos estudios, uno puede encontrarse del otro lado. En pequeñas dosis, se acunan troncos casi a diario. La vida en cierto sentido es una caminata por el pasillo en bragas o calzones. Sólo que por suerte hay música, amigos, cenas, literatura, poesia, para darle vuelta la cara al Horror. Muy interesante este brevísimo relato. Es una advertencia, una más.


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