lunes, 7 de abril de 2014

Cucarachas (VA)


Vicente Aparicio
Volvía yo del hospital de visitar a mi amiga Pili cuando me encontré con mi vecino. Hacía mala cara. Qué te pasa, Mariano, le pregunté. No sé, chico, contestó, tengo un dolor aquí en el costado que me tiene negro. Vaya por dios, le dije, a ver si se te pasa pronto. Salí del ascensor y entré en casa. Me fui a la cama sin cenar.
Había sido un día duro. A Pili la habían ingresado de urgencias y la cosa no pintaba nada bien. Por la noche apenas dormí. Tuve una pesadilla. Había cucarachas por todas partes, unas cucarachas enormes, gordas y satisfechas. Por la mañana temprano sonó el teléfono. Pili había muerto de madrugada.
De regreso del entierro volví a coincidir con el señor Mariano, que salía a dar un paseo con su hija. Hablamos del gestor de la finca, que es un tipejo repugnante. ¿Y ese dolor, qué, se va pasando?, pregunté. Qué va, qué va, respondió, el condenado no se acaba de ir. Y, do, la verdad, le vi mejor cara que el día antes.
Agradecí como nunca llegar a casa. Pili era una buena amiga, una muy buena amiga. La tensión de aquellos dos días me había dejado para el arrastre. Tenía hambre. Me puse el pijama y preparé unas tostadas. Con tomate del bueno, aceite de oliva y jamón. Encendí la tele. Estaban dando un documental sobre cucarachas. No pude evitar quedarme a verlo. Dijeron que las cucarachas de hoy en día son casi iguales que las de hace 300 millones de años. También dijeron que por lo general mueren boca arriba. Con el rigor mortis sus patitas se contraen y eso las hace perder el equilibrio y volcar. Menuda fricada. No sé que hacía yo viendo un documental sobre cucarachas aquella noche, precisamente. De todos modos, dormí como un bendito, más de doce horas. El cuerpo es sabio.
A mediodía me encontré con Tomás, el vecino de arriba, que venía de comprar el pan. No me gustó la cara que puso al verme. ¿Te has enterado?, me dijo. Y al ver que yo no tenía ni idea añadió: El señor Marianao, que se ha muerto, anoche se acostó como si tal cosa y esta mañana la señora Lola se lo ha encontrado frito en la cama. Así, sin más.
Jamas me había pasado nada igual, dos en tan poco tiempo. Una idea absurda cruzó por mi cabeza. Nunca, nunca, me dije, creerás en esas gilipolleces. Nunca. ¿Te queda claro?
Putas cucarachas.

10 comentarios:

  1. El otro día vi un reportaje sobre la invasión del caracol manzana en los arrozales del delta del Ebro, los destrozos que provoca y el desequilibrio que acarrea al biosistema. Esa noche casi no dormí soñando con la plaga y su asquerosa invulnerabilidad. La diferencia contigo –y toco madera– es que, a fecha de hoy, todavía no se ha muerto nadie de mi entorno. Yo tampoco creo en gilipolleces, pero por si acaso me voy a proveer de un buen producto mata cucarachas, no sea que esa conjunción telepática tenga contagio.

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  2. A raíz de tu relato, ruego y deseo que todos mis amigos y vecinos cuando duerman tengan sueños felices y que no afecten a mi salud ni a nada que tenga que ver con mi vida.
    Y por si acaso... que cada día al despertar estén inmersos en una amnesia onírica.

    Putos sueños y sus asociaciones !!!!

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  4. Ufff leía el relato y cuando vi el dibujo de la cucaracha y me hablabas del señor Mariano...no se.... no se... pero llego en mente un personaje que me hizo erizar....jejeje.
    Un saludo.
    elperroverde

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  5. Creí haber escrito, en un comentario que quizás voló, algo así como
    "qué es lo real y qué lo ficticio en el relato?"
    Aunque quizás sea ficción que lo escribí. Aunque quizás lo único real sea un bichito patas arriba debajo de mi fregadero...

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  6. Marieta, quedose el comentario rondando por el hiperespacio. Real para ti, ficticio para nosotros.

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  7. Quicus, me has recordado el chiste. ¿Tiene algo bueno para las cucarachas? :)

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  8. Pedro, el señor Mariano es solo el señor Mariano, pero comprendo tu mal rollo :)

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  9. El sr. Mariano se lo encontraron boca arriba?

    Se me ha puesto la piel de gallina...


    por cierto, tienes un par de emails... ;)

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