jueves, 9 de enero de 2014

Descansar la mente (VA)


Vicente Aparicio (Foto: Tommy Ingberg)

Era viernes y se me había hecho muy tarde. El reloj de la estación marcaba las doce y veinte. Me senté en un banco, en el extremo delantero del andén, y consulté la agenda en el teléfono móvil. Los próximos fines de semana, incluido el que ahora comenzaba, estaban ocupados. Qué ganas tenía de descansar la mente. Pero nunca llegaba el momento. Di un suspiro.


Solo unas cuantas personas esperábamos el próximo metro. Una mujer estaba sentada a mi lado. Tenía un aspecto extraño. Sus brazos me parecieron más largos de lo normal. Los huesos se marcaban en su piel, que era de una blancura extraordinaria. En voz baja, con los ojos cerrados, hablaba sola, como si rezara.


No hice demasiado caso de ella. A ciertas horas, las estaciones de metro son lugares propicios para gente rara. Y quién no.


Había sido una semana dura, una más. Cerré los ojos yo también: la reunión con los alemanes, el despido de Jaime Méndez, los reproches crónicos de Laura, el doctor Bayona, los niños durmiendo, las acciones de la empresa, el coche averiado, las visitas de obra, los días que pasan...


El tren llegó a la estación. De pie en el vagón, me dispuse a consultar nuevamente la agenda. Un frenazo casi me hizo caer al suelo. Oí un chillido que venía de afuera. Antes de que todo se precipitara, comprendí el sentido de aquella oración silenciosa.

4 comentarios:

  1. Una mujer extraña en una estación de metro. Un hombre corriente en el mismo lugar.
    Tu narración pausada y esquemática conduce al horror contemplado desde la ventana y en segundos lo comprendemos todo,igual que el hombre corriente.

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  2. Efectivamente la mente nunca descansa. Nuestro personaje va desgranando en su mente todo un compendio reflexivo del día a día: novedades, preocupaciones, progreso y contratiempos. Se plantea una relación inexistente entre dos personajes, la descripción de su libre comportamiento sin entrar en opiniones ni evaluaciones, aquí efectivamente innecesarias.

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  3. muy triste pero real.

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  4. No tengo claro desde lo intelectual que decir, pero siento una especie de tono muy uniforme. Tal vez era tu intención...
    Espero sea útil mi constructiva crítica estimado Vicente.
    Saludos
    La lectora más austral (L)

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