jueves, 9 de mayo de 2013

Dos palabras (MG)

Maria Guilera (Foto: Romano Rybaleov)

Hubiera querido ser profesor de literatura, pero doy clases de ortografía en la academia Soler, un lugar al que acuden estudiantes que por lo general han fracasado en otros lugares. Las aulas son antiguas habitaciones de un ático, no muy grandes pero bien iluminadas gracias a una galería con grandes ventanales. Quisiera que mis alumnos comprendieran y aplicaran las normas y que al menos alguno de ellos percibiera  la belleza de la palabra escrita. Correctamente escrita. Pero eso sería mucho pedir. Inclinan la cabeza sobre los ejercicios en un intento infructuoso de parecer atentos, concentrados. En realidad duermen, dibujan, se distraen. Les dejo a su aire y me acerco al ventanal, me gusta la luz amarilla de esta hora de la tarde. Miro la calle, los coches, los árboles sin hojas y, más cerca de mi observatorio, la ropa tendida en los alambres. En el balcón más próximo descubro, tumbada en un sofá, a una chica peinándose. Se recoge el pelo con una pinza. Está de espaldas a mí, frente a un espejo. Ella también me ve y sonríe tan solo un segundo. O a mí me lo parece.

Desde ese día, alargo los ejercicios que propongo a mis alumnos para que les requieran más tiempo y yo explico cada vez con mayor brevedad. Les dejo solos. Me acerco a los ventanales y ella está siempre ahí, alimentando el juego con cualquier excusa. Cambia una planta de sitio, se asoma a la calle, tiende un jersey, busca la luz para depilarse las cejas.
Cuando no estoy en la academia Soler, pienso en ella constantemente. La imagino a mi lado, escuchándome leer a Gil de Biedma, a Goytisolo, a Ferrater. Se toca el pelo, se tumba en la alfombra, cierra los ojos. Deseo su compañía, ella y yo solos disfrutando del encanto de las sílabas, de la precisión semántica, lejos de quienes son incapaces de percibir la maravilla del lenguaje.

Mañana es el último día de clase y no puedo soportar la idea de un verano sin la chica del balcón. Con el rotulador de la pizarra escribo TE QUIERO en una hoja de papel y la acerco al ventanal. Ella se queda ahí, inmóvil, los ojos fijos en mi declaración. Luego desaparece. Me sudan las manos, me tiemblan las piernas. Al cabo de un rato vuelve, ella también, con un papel que pega en los cristales.
Horrorizado, contemplo el dibujo de un gran corazón rojo. Debajo, hiriéndome mucho más que la flecha que lo atraviesa, dos palabras
                                                                         TE HADORO

10 comentarios:

  1. Pobre profe de Soler, dos cosas son precisas: estar en la misma onda para que te comprendan y compartir las mismas inquietudes, pues de lo contrario te puedes encontrar con frases lapidarias que destruyen su encanto como la Aymara “Dizen que una Yndia Biuda llamada Chañan Coricoca, peleó balerosamente como muger varonil” ...

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  2. Me enamoré de un gitano oscense.Rubio como la miel con unos ojazos azules en el que no me. perdí por falta de tiempo y mojigatería.Me lo presentó mi primo. Quedamos en escribirnos. El debía cumplir con la Patria en el cuartel de San Gregorio (Zaragoza). Al cabo de apenas quince dias recibí el tan ansiado sobre y una foto..., pero todo se vino abajo cuando leí. Querida Gloria teenvio esta afotopara queno meolvides.
    Por cierto querida María.Los ventanales de la academia Soler me han recordado los de la Académia Montserrat.¡Que atardeceres¡.Aquella motillo del profe alejándose por Travesera.
    Gracias Mari por traer a mi memoria esos recuerdos. Un besazo

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  3. Umm...esos finales de cruda realidad, sólo con dos palabras.

    Me gusta!

    Nurya

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  4. Aish! Qué penita pobrete... pero bueno, mejor haberlo sabido a tiempo! Así volverá a centrarse en dar clase! Qué con profesores tan poco motivados para la enseñanza así van las cosas! Se culpan al sistema educativo del fracaso escolar cuando en realidad se debe a las chicas al otro lado de la ventana!

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  5. teresa serrmià i samsó13 de mayo de 2013, 9:01

    delicat i subtil, com tot el que escrius....
    la finestra i allò que hi ha més enllà..., que evocador, Mariona!!!
    Tens una gran sensibilitat....i saps trametre-la...., gràcies...
    endavant!!!!

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  6. Hadoré ese cuento. Y me quedé pensando: Y ahora, ¿qué? El narrador, ¿prescindirá de la ortografía, de la precisión del lenguaje, o de la muchacha sobre la alfombra escuchando, extraviada por haches de más, los versos? ¿Y ella?
    Un abrazo
    Roberto Burguet

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  7. Com sempre adequat, cada paraula al seu lloc, senzill, subtil i final amb sorpresa. A mi també m'hagués agradat que l'amor fos el guanyador ... Ara espero la segona part en la que un Professor engrescat es decideix a redressar el seu desencís, culturitzant al seu Amor.

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  8. Me ha gustado mucho, el final es apabullante. Muchas personas decaen a nuestra vista por los detalles...

    ¡Admiro tu habilidad en expresar con palabras tantas cosas!

    Un abrazo. Rosella

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  9. Mariona, la sorpresa al final. Genial. L'enamoradís professor a l'acabament de curs en els exàmens de llengua als seus alumnes, es trobarà a més del seu desencís amorós , amb intruses H. Les distraccions es paguen. Ets genial.
    Maria L.

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  10. No todo es HORO LO KE RELUZE...

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