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Mostrando entradas de abril, 2013

Babas y cuernos (VA)

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Vicente Aparicio 
Le apasionaban los caracoles.
Acudía cada jueves al restaurante de la esquina, donde los cocinaban con una picada de almendras, tomate, cebolla y guindilla que constituía para él una auténtica delicia. La expectativa de comérselos le causaba tal ansiedad que apenas acertaba a ensartarlos con el palillo y, urgido por el nerviosismo, terminaba por extraer la carne de la cáscara estirándola bruscamente con la pinza que formaban sus dedos índice y pulgar. Al terminar el plato, sus manos quedaban pringosas, igual que sus labios, el bigote y hasta la barbilla. Pagaba y salía del restaurante, siempre algo avergonzado, sin despedirse. Tras una semana de autoconvencimiento sobre la necesidad de no reincidir, el jueves, al despertar de su sueño de babas y cuernos, volvía a temblar como un niño asustado.

Blacky (LE)

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Lola Encinas (Foto: Jamie-Baldridge)
Es posible que mi historia os resulte increíble o que la juzguéis como producto de los delirios de una histérica. Tal vez tengáis razón en esto último, pero os puedo asegurar que antes de que él se cruzara en mi camino yo era una persona feliz, con ilusiones e inquietudes y con lo que podríamos definir un comportamiento normal.
Llevaba un año viviendo con Óscar cuando un mal llamado amigo nos hizo un regalo muy negro y muy especial.Nunca me han gustado los animales de pluma, y mucho menos un tenebroso cuervo, por lo que de entrada rechacé tan singular obsequio, pero a mi chico le encantó el pajarraco y me cameló para que aceptara. Ya se sabe que cuando uno está enamorado, y yo lo estaba, se suelen hacer algunas concesiones sin pensar en su trascendencia futura.
Lo “bautizó” con el nombre de Blacky y se convirtieron en inseparables.

El aspecto de Óscar y su comportamiento en seguida empezaron a cambiar. Se volvió huraño e irascible y sus au…

Mientras escribo (MB)

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Marc Ballester

Hoy he decido escribir a mano en un gran bloc de hojas cuadriculadas. Sentado en el sofá, junto a la doble puerta de cristal que da paso a la terraza de cincuenta metros cuadrados con magníficas vistas panorámicas al centro histórico de la ciudad (¡Caramba!, parece que esté vendiendo un piso, y no hablando de la escritura). A lo que íbamos: ya tengo el bloc de tapas color naranja. El bolígrafo de punta redonda y tinta azul. Y el sofá, largo, de tres plazas aunque se quedaron cortos en la propaganda. Seré más preciso. Como primera opción y sin apretujarse, en el sofá caben dos obesos mórbidos que se lleven bien entre sí. Después, otra combinación posible es escoger y depositar en el sofá a tres gordos normales o a tres personas recias y a una flaca sumisa. Sin embargo, la más equilibrada, mi preferida, es: dos casi flacos y dos casi gordos que no rían en exceso, todos conocemos el infinito número de músculos que intervienen en la risa, lo cual convertiría su convivencia e…

Tao Te King (MG)

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Maria Guilera
Treinta radios se unen en el centro; Gracias al agujero podemos usar la rueda.
El barro se modela en forma de vasija;
Gracias al hueco puede usarse la copa.
Se levantan muros en toda la tierra;
Gracias a las puertas se puede usar la casa.
Así pues, la riqueza proviene de lo que existe,
Pero lo valioso proviene de lo que no existe.


A la Maria li agradava un noi callat, amb una grenya que li queia damunt l’ull dret i que s’asseia a la fila del davant seu, en diagonal. No podia veure-li la cara, només el cabell, que es balancejava al compàs de l’escriptura. El noi prenia apunts sense parar.
A mig matí sortien tots al pati de l’institut. La Maria anava amb unes noies que parlaven sempre de pel·lícules i en sabien molt de directors, d’actors, de fotògrafs. Ella no deia res, era allà dreta mentre buscava el noi tot passejant la mirada pels racons. Un cop el va veure prop de la font, amb dos amics que en certa manera se li assemblaven. Anaven vestits amb jerseis estireganyats i pantalons…