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Mostrando entradas de enero, 2013

Fernando (MG)

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Maria Guilera  Aunque iba a llover, llevé a mis hijos al zoológico, como cada primer sábado de mes. Al llegar a las taquillas se adelantaron para mostrar sus carnets de socio y atravesar solos la puerta de entrada. Luego se giraron y desde el otro lado les oí gritar “A las doce en el banco de los delfines”. Corrieron hasta que les perdí de vista. Anduve por el camino de los magnolios con el cuello del abrigo levantado. No tenía ganas de pasear, el aire del parque es húmedo. Entré en la cafetería, me senté junto a la cristalera y saqué el cuaderno de dibujo. Examiné los bocetos de animales de la semana anterior, todos de gorilas: posturas, perfiles, miradas, detalles de pies y manos. Más que con ningún otro animal, había tenido dificultades en conseguir que pareciesen espontáneos. Los gorilas posaban para mí tal y como hacían muchas personas cuando pretendía hacerles un retrato. El último esbozo era el de un ejemplar enorme. Un gorila negro que no se movió apenas mientras le dibujaba. E…

Caminar (VH)

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Vicenç del Hoyo
Caminem agafats de la mà per una ciutat desconeguda. Acabem d’arribar en un avió que ens ha alliberat de la persuasiva rutina, dels dies laminats per franges d’horari, com els de l’agenda,setmanes que caben en dos fulls, els dilluns a les planes parells,els divendres a les senars i, per als dissabtes i diumenges, un racó raquític al final del full. Caminem per la ciutat com qui s’ha fugat de l’agenda. Mirem l’empedrat del terra, les finestres i balcons de les façanes, els núvols blancs que des de dalt de les teulades contrasten amb el fons blau del cel. -Aquí, jo ja hi he estat! En Josep té aquestes coses. Mai sé quan parla de veritat o és la seva fantasia qui pren la paraula. Deu ser l’hora de dinar, els carrers estan silenciosos i buits. És una ciutat com qualsevol altra, amb carrers i cotxes, amb fanals i botigues, aparadors, places, bancs i arbres a les voreres. També hi ha alguna estàtua arraconada al mig l’alguna plaça casual. -Segur, Laura, aquí ja hi he estat. Sento…

Intentamos animarnos (MS)

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Mónica Sabbatiello 
El calor era insoportable, la casa parecía sudar. Los sillones de piel se sujetaban a las nalgas. El té helado quemaba. Perointentamos animarnos. Era un palacete venido a menos, despiadado en sus áreas oscuras. Los cortinones cerraban el paso a cada paso y andábamos como ciegos. Amalia fue perdiendo sus ínfulas de mando con el peso de esa humedad de invernáculo que nos volvía esponjosos, escasamente delimitados, como vegetales de río. Fermín, poco antes de morir, nos había encargado vaciar su casa. Quemar, vender, regalar todo aquello que varias generaciones habían acumulado. Él, al enfermar, se había recluido en una sola habitación de las innumerables. El resto parecía un museo anacrónico y excesivo. Bailaba la luz de las velas y de habitaciones lejanas llegaban sonidos a madera quejosa. Alguno de nosotros comenzó a tirar objetos dentro de las cajas. La atmósfera se densificaba, como si forzáramos alguna resistencia. Percibí que mis amigos sentían esa pugna de los l…

De cómo me hice con el paquete de pienso (NL)

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Natàlia Linares
Antes de salir de casa, me llevé cuatro de los diez cigarrillos que quedaban en el paquete. Quería reservas para cuando llegara la noche.
Camino al trabajo cantaba con la radio "Aint no mountain high enough". Siempre me ha gustado esa canción. Se lo dije a Sergi cuando me preguntó por mis preferencias musicales.
-Esa y muchas más, claro -le puntualicé-. ¿No la conoces? 

Resultó que no; pero sí,  al tararearla... Sergi era un buen chico; educado, apuesto y de buena familia. De vez en cuando quedábamos para charlar con la excusa de un café, y mientras nos calentábamos las manos en las tazas humeantes, nos mirábamos fijamente a los ojos durante largos segundos. Cuando llegué al despacho me encerré en mi trabajo. No salí ni para desayunar. Mi compañera me preguntó si sucedía algo. Respondí con un escueto: "No".

Saber cómo se las había ingeniado el vecino para meter la cama, la cómoda y el armario en su minúscula habitación me intrigaba. Yo estuve presente cu…

El tren (VA)

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Vicente Aparicio (Foto: Enrique Toribio) 
Un hombre de facciones grandes y grotescas, y aun así imprecisas, escenifica trucos de magia en el compartimento de un tren.
Los demás (mamá, yo, algunos rostros adultos envueltos en sombras) vemos sus manos que mueven con presteza una baraja de naipes de color rojo.Hay un cinco de tréboles, una reina de picas, un siete de corazones...
Permanezco absorto. Soy una mueca de inteligencia infantil que mantiene un tenso silencio al acecho de la impostura.
El mago son sus manos. Sus manos huesudas, largas como garras, de movimientos rápidos e imprevisibles.
Mamá aprieta el bolso entre ambas manos sobre su regazo y arranca a llorar.
Su llanto no es el llanto de una madre. Es un llanto antiguo y desesperado, imposible de aceptar. 
Las ruedas del tren avanzan sobre sus carriles.
El hombre de facciones grandes exhibe su dedo índice a idéntica distancia de todas las miradas.
Pequeñas llamas se encienden alrededor, ojos que desprenden calor. Ansiedad. Ojos que mi…