sábado, 1 de diciembre de 2012

La derrota (MS)

Mónica Sabbatiello (Ilustración: Egon Schiele) 
Como si sus huesos escatimaran para sí las esquirlas de todas las guerras y cada músculo la oscuridad de todas las rendiciones. Así caminaba, asfixiada. Con un batir de nervios y de rebeldía de gota en todas sus articulaciones.
Y en su andar  iba alcanzando mínimas conquistas que no apreciaba por anticiparse al dolor del paso siguiente.
Lechosas nubes se interponían entre sus ojos y las baldosas que debía pisar, las pocas que aún se mantenían enteras tras los bombardeos.
Y por hallarse débil y mareada, en cada estrella de estas baldosas percibía constelaciones. Con precaución posaba sus pies sobre la Osa Mayor y el peso de sus años disolvía las estrellas en charcos plateados.  Cada paso un vértigo, cada vértigo un superarse para seguir.
Cada hueso aferrado a las esquirlas de todas las guerras la volvía rígida, pesada e insegura. No llegaré, se decía, aunque no tenía destino. Cada intento de fijar alguna meta se comprimía en nuevos desánimos. La extrema precaución para no caerse era la única forma que había encontrado de eludir los graves pesares.
Berlín se mostraba como un museo de fantasmas.
Se le acabó el camino de estrellas y aparecieron las montañas de cascotes. Nos rendimos, murmuraban unos seres enflaquecidos que comentaban las noticias junto a una hoguera.
¿Nos rendimos?, se preguntó ella, y decidió que no, que bordearía las ruinas, aunque le llevara el resto de su vida.
Un camión cargado de vencedores pasó despacio a su lado. Y voces extranjeras rebotaron contra su piel.
Un ruso se bajó y se puso a su lado. Una mole de cara roja.
Debo estar viva –razonó ella-, pues tengo miedo.
El hombre le parloteaba en un alemán precario. Ella se detuvo, atenta, como si oyera alguna melodía del otro lado del tiempo. 
El soldado le dijo: Mujer, ¿por qué caminas como una vieja si eres casi una niña?, ¿estás herida?
La mujer no quería más historias ni historia, no más la vulva en carne viva, abusos, violaciones.
Y en cambio, como si no le hubiera ocurrido, se subió a las botas del vencedor, como una niña.
Se abrazó a su espalda de gigante y le dijo: No soy una vieja, pero me muero. ¿Puedes llevarme al otro lado? Camina.

3 comentarios:

  1. Desgarrador, vibrante. La esperanza de caridad frente a la brutal realidad. Por suerte siempre queda algún mirlo blanco en las ramas más escondidas del árbol de la vida.
    ¡Cuánto tiempo! Nos tenías abandonados autora.

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  2. No rendirse, aunque el tiempo haya perdido la medida.
    Usar al vencedor y desafiar a la muerte.
    Qué hondo te calan las historias que duermen entre las piedras.

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  3. Los espíritus penetran por nuestros poros para dejarnos sus historias.

    Pesadillas y esperanzas se entremezclan en la vida.

    Un débil instinto de supervivencia brota entre el dolor y el recuerdo y se antepone a la rendición,
    y poco a poco
    y una vez más...
    volvemos a estar preparados para seguir luchando en esta guerra interminable.

    Mónica, cómo me gustan tus vitales y desgarradores relatos,los veo y los huelo como tus pinturas !!!

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