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Mostrando entradas de julio, 2012

El tiempo algo deja (NL)

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Natàlia Linares (Foto: Annibale Carracci) Vi a un hombre en la mesa del fondo inclinado hacia el plato. La nariz casi tocando el cocido humeante. Sin levantar el brazo llenaba la cuchara y la boca casi simultáneamente. Vestía con gabardina, aunque estaba en la mesa del comedor, no se la había quitado. Ocupaba una mesa para dos. El pan, el vaso, la jarra de tinto, más pan fuera de la panera, un plato de olivas, la perola llena para servirse tantas veces como quisiera. No sé si el dueño del local lo había colocado allí o él había escogido esa posición y esa mesa en el rincón mirando a la pared, ausente de todo lo que allí pasaba, solo ocupado en un asunto. Llenarse la panza. Verlo daba repulsión y tristeza. Un pobre hombre que sólo comía, sin importarle nada más distinto a eso,  y también  un hombre que comía solo, sin más compañía que su voracidad. Despertaba rechazo verle sorber y masticar el humeante cocido. Por eso tal vez las mesas colindantes estaban vacías. Nos mirábamos sorprendido…

El bassal (VH)

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Vicenç del Hoyo (Foto: Carmen Hache)
―Vols provar-ho? No passarà res, només hi ha una mica d’aigua. Si fas un bon salt ni et mullaràs. El meu pare sempre m’anima a fer allò que em nego a fer. Per a ell és un estímul addicional. Si jo no vull fer alguna cosa, ell creu que “allò” és el que “cal fer”. No té cap mena de respecte per les meves pors. ―No veus que només és un petit bassal! Ell sempre insisteix i jo davant de la pressió trobo un reforçament per a la inacció. ―Va, dóna’m la mà i saltarem  tots dos junts el bassal. Jo tinc els braços rígids i els punys tancats. Si me l’oferís, no podria agafar ni un caramel. El meu progenitor es fa l’amable amb mi, però en realitat el que vol és que faci una cosa que ell vol i jo no. ―Que tens por? No veus que només és aigua que ha caigut del cel? De vegades necessita trobar explicacions, com si a mi em pogués tranquil·litzar saber el nom del sentiment que viu dins meu. Quan fa això, sento el pare més lluny que si visqués a Lapònia. ―Saps què? ―em pregu…

Las once en punto (VA)

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Vicente Aparicio
El reloj de Herminio marcaba las once. Un hombre de piel blanca, con pelos en la espalda, vino a darle cuerda. Pero las manecillas no se movieron. Siguió intentándolo hasta que la pequeña rueda metálica se desprendió y rodó por el suelo. El hombre peludo dibujó extraños signos en la pared del comedor, como jeroglíficos inventados, con una tiza de color rojo. Cuando Herminio, recién llegado a las once en punto, vestido con traje y corbata, apareció en el salón con sus imponentes dos metros de altura, mostró un gran interés por los dibujos y le dijo al hombre de piel blanca con pelos en la espalda que quería comprárselos. Por respuesta recibió un sonido inarticulado, gutural. Como el otro insistiera, se enzarzaron en una pelea. La enorme mano de Herminio asestó un golpe seco en el rostro del hombre peludo. La sangre de su nariz dibujó un río de color rojo en el suelo. El reloj marcaba las once cuando las llaves de doña Eulalia anunciaron su llegada desde el otro lado de …

Nuestra playa (LE)

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Lola Encinas (Foto: John Peri) 
Entorno los ojos y le veo como el primer día, en pie, trajinando las redes al lado de la barca con su atuendo descuidado, mostrando con descaro toda la fuerza de su belleza y sujuventud. Le descubrí al siguiente día de mi llegada a la isla, paseando por el puerto. Le estaba observando cuando nuestras miradas se cruzaron. Me dedicó una sonrisa a modo de saludo que me turbó y me hizo bajar los ojos como a un adolescente, reacción que percibió de inmediato y le provocó una nueva sonrisa. Desde ese instante quedó patente el poder que ejercería sobre mi voluntad.
A pesar de que estábamosen el mes de junio, el calor no era excesivo a media mañana. Cuando bajé de la habitación entregué las llaves al recepcionistay dije que no me esperaran para comer. Me sentía feliz, aunque nervioso. Era nuestra primera cita. Doblé la esquina y allí estaba, radiante y varonil, vestido de blanco, con un cigarrillo en la mano y una pierna apoyada en la pared. Su bella tez morena rompí…