viernes, 15 de junio de 2012

Calor intenso (NL)

Natàlia Linares (Foto: Rick Lewis)
Nos habíamos reunido parte de la familia en la casa de campo. Eran las vacaciones de verano y el sol quemaba aquel día. Estábamos  todos alrededor de la piscina.
Tío Albert, en una silla de jardín blanca. Tía Mei,  tumbada encima de su espectacular toalla de “Le Jacquard Français”. Tío Carles, adormilado en el rincón de más sombra, también  en una tumbona junto a su pareja Dora, que ocupaba otra. Yo, dentro de la piscina. Papá, en el borde remojándose los pies y mamá, con la limonada. Todos asfixiados de calor.
-Parece que no va a aflojar. Mañana también hará calor -dijo papá.
-En agosto ya se sabe -contestó tía Dora.
-Sí, en agosto se saben muchas cosas -le espetó tía Mei mientras se embadurnaba de crema los brazos  y  el escote.
Transcurrían largos los minutos en silencio. Solo se oía a mamá ofreciendo ahora limonada, ahora hielo, el chapoteo del agua y los leves ronquidos de tío Carles.
De repente a papá le dio por explicar con todo detalle las  vacaciones en Mallorca, cuando mis hermanos y yo éramos pequeños. La explicación se convirtió en un monólogo. A nadie pareció importarle un pimiento.
Tío Albert entró dentro de casa. Salió con un vaso de hielo con güisqui.
Volvió a hacerse un silencio cómodo, porque nos conocíamos lo suficiente como para callarnos, por lo menos eso es lo que nos imaginábamos.
-Me voy a Australia -dijo tío Albert removiendo el hielo con un dedo-. Aquí cada día que pasa se está peor y quiero instalarme en Australia durante por lo menos cinco años.   
-Sí. Eso fue lo que me dijo ayer. Así de repente. Y no lo entendiendo -dijo tía Mei incorporándose.
Tío Albert se sirvió una segunda copa y explicó que se iba con un socio y que lo tenía decidido. Que si ella quería acompañarlo, encantado, pero que no podía impedirle que él hiciera lo que su alma le empujaba a hacer. Y que entendía que ella no quisiera.
Sin gritos, pero con un tono incómodo, se reprochaban  mutuamente aspectos de sus vidas. 
-Mujer, no te lo tomes así. Va a probar  suerte. Es cierto que aquí, ahora es mal momento para los negocios -le tranquilizaba mamá.
-Quiere ser cowboy. ¿Puedes imaginártelo? -se reía tía Mei.  Cambiar de vida e irse de cowboy a cuidar ganado.
-Es mi vida y quiero vivirla, ahora es el momento.
-Bueno. Eso es como una separación, entonces -dijo tía Dora.
-Yo solo quiero libertad de acción. ¿Qué pasa, que porque me casé un buen día ya deje de tener espíritu de superación? ¿Condenado de por vida en una oficina todos los días?     
-Pues sí. Eso forma parte del proyecto de familia. Deberías saberlo -continuaba tía Mei- No estoy dispuesta a dejar mi trabajo y mi entorno para seguirte allí donde a ti te apetezca.
-No me extraña, tú siempre has sido el más inquieto de todos los hermanos. Pero debes pensártelo bien, es una decisión demasiado arriesgada para tu familia. ¿Y los niños? -le comentó mamá.
Tío Albert lo tenía decidido desde hacía dos años. Y se refirió a mis primos diciendo que ya eran mayores para entenderlo. Lo tenía todo preparado para irse en el plazo de un mes.
Tío Carles se despertó por las voces. El grupo intentaba calmar a tía Mei, que, ahora sí, había subido el tono de voz. Todos hablaban a la vez. Tía Dora hacía preguntas absurdas y
tío Carles dijo:
-Ayer me encontré a Sonia.
-¿Sonia? ¿Y qué hace esa? Pensaba que se había ido -dijo tía Mei. Me dijo que estaba por aquí, ahora, pero que pronto se iría a Australia, por no sé qué de un negocio.
Volvió el silencio. Esta vez incómodo. El sol había calentado el agua de la piscina Yo entré en casa. Tía Mei recogió sus cosas y se fue. Mamá preguntaba si querían cenar. Papá quiso remojarse de nuevo. Tía Dora preguntaba por el posible menú. Tío Carles se sirvió una cerveza. Y tío Albert se apartó para hablar por teléfono.

8 comentarios:

  1. Cuando alguien duerme públicamente una siesta y despierta, debiera cerrar la boca por lo menos durante una hora.
    POrque si por ejemplo Carver, o Natàlia, pasan por ahí, van a inmortalizar su pifia sin ningún recato.

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  2. Reuniones familiarese en las que una vez más se pone de manifiesto la falta de transparencia de la vida de cada individuo, sus secretos, sus verdades, sus mentiras...

    Todo bajo un ardiente sol estival y un inocente ambiente festivo. Así como la voz del narrador/a que se limita a dibujarnos la escena.

    Sutil, muy sutil.

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  3. Si que me recuerda el estilo de Carver, tan genial, tan especial. Creo que este estilo te va mucho Natalia, has bordado este cuento, creo que es de lo mejor que te he leído. Enhorabuena.

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  4. qué bueno, se ve, se siente... (y esos nombres guapa?) ;)

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  5. Este relato es fantástico. Al principio parece muy simple pero al final lo conviertes en una historia impactante. Muy chulo, ¡y no lo dejes!
    Enhorabuena.

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  6. Me ha encantado. Como una escena aparentemente normal, muy bien dibujada, se transformar en toda una historia. ¡Enhorabuena!

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  7. Allí en la superificie del calor, la profundidad del frío. Me encantó Natalia.

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  8. Allí en la superificie del calor, la profundidad del frío. Me encantó Natalia.

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