jueves, 19 de abril de 2012

La tradición (LE)

Lola Encinas
Se acercaba el gran día, el 23 de abril. La fiesta del Dragón.
Los mejores trovadores y juglares del reino ya habían llegado a la aldea y afinaban sus voces e instrumentos, rodeados por la chiquillería.
Todas las despensas estaban llenas, los barriles de vino a rebosar, las casas engalanadas y los mejores trajes limpios en los baúles.
En la plaza mayor del pueblo, se había instalado una plataforma que serviría de escenario para la presentación de las mozas.
Este año el pueblo tendría que elegir entre cinco bellas doncellas que, casualmente, cumplían los 18 años el día de la fiesta, requisito indispensable para poder presentarse como candidatas.
Se sentían orgullosas y felices por haber sido seleccionadas y cada una albergaba la esperanza de ser la ganadora de la votación popular.
Brunilda era la muchacha que tenía más posibilidades de ser elegida, no sólo por ser la hija del alcalde (un detalle a tener en cuenta),  sino por méritos propios, es decir, por su espléndido físico, sus rubios y largos cabellos, enormes ojos azules, talle de avispa y un sinfín de atractivos más. Era la mejor, pero ya se sabe que en esta vida la envidia es muy mala consejera… Todas las chicas, ante su previsible derrota, le dedicaban sin disimular lacerantes miradas y exabruptos.
Pero Brunilda ya estaba acostumbrada a inspirar entre las féminas ese tipo de sentimientos desde que era niña. Era el precio que debía pagar por su belleza y donaire. El caso es que por una mayoría aplastante fue votada como vencedora.
Por fin llegó la jornada del Dragón, la que todos esperaban con ilusión tras un año de trabajo y sacrificios.
Hubo alguna que otra pelea, pero sobre todo, música, baile, risas y besos. No les importaba el derroche de comida y vino de esos días, ya que estaban seguros que la elección de Brunilda les compensaría el próximo año con excelentes cosechas.
Al anochecer, todos se retiraron a sus casas, excepto la comitiva destinada a acompañar a la joven Brunilda, que estaba radiante con la corona de flores y su túnica blanca. El brillo de su mirada delataba excitación  y deseo: faltaba muy poco para la entrega de su cuerpo.
No tardaron en llegar y allí estaba él, sobre el risco de su cueva. El Señor de señores. Dominando al condado y a sus vasallos. Marcando el territorio con el fuego de sus ojos y su boca.
Con un rugido de satisfacción, aceptó la ofrenda.
La noche sería larga, cargada de pasión y lascivia. Un intercambio justo: juventud y belleza por experiencia y fuerza.

Mientras, en el pueblo, el joven Jorge esperaba impaciente la llegada del nuevo día que le retornaría a su amada, una vez cumplido el tradicional “derecho de pernada”, convertida en una experta mujer capaz de transmitirle a él, su futuro esposo, los inagotables y draconianos placeres del sexo.

8 comentarios:

  1. Algo mítico se esconde en este relato, subconsciente, eterno... esos monstruos que nos acechan con una lascivia extraterrenal y desbordada, iniciadores sublimes, genios de la caricia, artistas de la mirada, el tacto, el juego. La brunildidad se sospecha en la adolescencia, se cultiva en las cámaras secretas, nos acompaña entre sombras luminosas. Me gusta ese punto extraño, sinuoso, de un posible imposible. Me gusta este relato que abre las puertas a lo que apenas sospechamos cuando dormimos en la rutina y cotidianeidad.

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  2. Un placer pasar por aqui amiga ... ya estas en mis favoritos.

    Un gran abrazo.

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  3. Muy buena esta versión de Sant Jordi. Mas divertida y sugerente que la que conocemos.
    Me encanta como la has ambientado y te animo a que nos cuentes mas historias medievales.
    Besos

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  4. I si resulta que a la princesa, un cop que ha provat al drag, ja no hi ha Jordi que li agradi? Un cop que s'han provat certes coses ja no es pot tornar a enrere. És cosa sabuda.

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  5. Qué divertido, un final inesperado e inconmensurable. Nuestro buen amigo Jorge está muy acostumbrado a que hagan todo por él y no se toma ni la molestia de adiestrar a su amada en el noble arte del placer mundano. A mi es que no me gusta abusar y prefiero tomarme la molestia de no delegar ciertos asuntos privados; vamos que a Drac no le paso ni una. Saludos a todos, Jordi.

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  6. lindo relato. Estoy viendo como hacer para agregar a favoritos a gente y no encuentro.
    Abri el blog hace poco y estoy en eso de aprender a usarlo, pero muy bueno, saludos!

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  7. La Bruixa de la Rosa30 de abril de 2012, 15:50

    Acostumada als Sant Jordis sobrats de valor, a princesetes espantades i a dracs d'alè pudent, aquesta història m'ha reviscolat la flama de l'amor prohibit i les seves passionals conseqüències.
    Has despertat la bèstia!

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  8. Lola, com trobava a faltar llegir el teu relats.
    Sant Jordi em porta més records de llibres i roses que de dracs, però no obstant això, caldrà anar pensant en fer un pelegrinatge a la muntanya i tallar en sec ........ el coll del Drac, o el del Comte, que de vegades són el mateix.

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