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Mostrando entradas de abril, 2012

Abecedario axopéntrico (resumen) (VA)

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Vicente Aparicio Bádenas
A minúscula. Abecedario. Abeto. Abismo. Abolladura. Abubilla. Ácimo. Acólito. Acunar. ADN. Adusto. Aeda. Aerofagia. Afasia. Afijo. Áfono. Ágape. Agenda. Ágora. Agua. Ahí. Ahora. Aire.  Ajá. Ají. Ajo.  Ala. Alero. Aleta. Aleteo. Aliño. Alondra. Alunizaje. Allá. Allí. Ama. Amar. Ame. Amo. Amor. Ana. Anillo. Anuro. Añada. Añadir. Añal. Año. Aorta. Aparejar. Apero. Apiñar. Apoyo. Apurado. Aquel. Aquella. Aquellas. Aquello. Aquellos. Ara. Are. Ares. Aries. Ariosto. Aro. As. Asa. Asar. Así. Asimétrico. Aso. Asomar. Asomara. Asomarás. Asunto. Ata. Ato. Atún. Aún. Aunar. Ave. Avemaría. Avispa. Avutarda. Axial. Axioma. Axopéntrico. Ayuda. Ayuno. Azalea. Azar. Azimut. Azor. Azote. Azuzar. B minúscula. Baca. Beca. Bis. Boca. Bucal. Buxopéntrico. C minúscula. Etcétera y Z

La tradición (LE)

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Lola Encinas
Se acercaba el gran día, el 23 de abril. La fiesta del Dragón. Los mejores trovadores y juglares del reino ya habían llegado a la aldea y afinaban sus voces e instrumentos, rodeados por la chiquillería. Todas las despensas estaban llenas, los barriles de vino a rebosar, las casas engalanadas y los mejores trajes limpios en los baúles. En la plaza mayor del pueblo, se había instalado una plataforma que serviría de escenario para la presentación de las mozas. Este año el pueblo tendría que elegir entre cinco bellas doncellas que, casualmente, cumplían los 18 años el día de la fiesta, requisito indispensable para poder presentarse como candidatas. Se sentían orgullosas y felices por haber sido seleccionadas y cada una albergaba la esperanza de ser la ganadora de la votación popular. Brunilda era la muchacha que tenía más posibilidades de ser elegida, no sólo por ser la hija del alcalde (un detalle a tener en cuenta),  sino por méritos propios, es decir, por su espléndido físico,…

Ese encuentro en la calle (MS)

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Texto e ilustración: Mónica Sabbatiello
Después de tanto tiempo, esa punzada de pena. Fue a causa de una mujer que caminaba unos pasos por delante en el barrio gótico. Arrastraba una cojera apenas perceptible y era pelirroja, como Enriqueta. También mostraba ciertos rasgos ridículos, como la manera  cursi de llevar ese pequeñísimo paquete de pastelería que colgaba de su meñique por una cuerda fina y a rayas y que daba la impresión de encontrarse siempre a punto de caer. O el sombrero, minúsculo como un plato de postre, trepado a su coronilla. O los ojos, sí, los ojos achinados, hundidos en cuencas profundas, ojos que parecían preguntarse sobre el mundo, cuestionarlo, dudarlo. Los miró cuando ella se paró a hablar con un hombre de gabardina, un hombre, que, oh coincidencia, se parecía a él, en ese pelo gris casi blanco y tupido, en esos bigotes a lo Dalí, en esas cejas arbitrarias y encrespadas y, sobre todo, en esas orejas fabulosas, colgantes y puntiagudas. Notó el temblor de la mujer…

Evelyn (NL)

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Natàlia Linares
Voy a contaros la historia del aspecto de mi nariz, para que nadie más me pregunte sobre ello. Yo era un hombre de aspecto atlético, tenía veintinueve  años y justo empezaba a trabajar en la General Motors Company. Tenía un futuro  prometedor, fue en esa época cuando conocí  a Evelyn en la taberna Flan O`Brien Ella se me acercó. Era una mujer alta y esbelta, con estilo y elegancia. De esas chicas atractivas, sin complejos, que saben sacar partido de sus atributos. Llevaba un traje chaqueta negro y una camisa blanca con tres botones estratégicamente desabrochados. Yo en un principio creí que se equivocaba de persona. Me inquietó un poco su entrada -¿Tu vives por el centro, verdad? -me preguntó apoyándose en el borde de mi taburete. -Pues sí. Al principio sentí que invadía mi espacio físico. -Es que yo también, y creo que te tengo visto. -¡Ah!  Pues somos vecinos. Encantado. Con voz susurrante y una sonrisa, me lanzó un galanteo refiriéndose a mi nariz. Y me preguntó si yo era …