jueves, 19 de enero de 2012

Decisiones y cambios (LE)

Lola Encinas
  
DECISIONES
-Buenos días, señora Sellas, la estaba esperando.
- Hola, Sonia, perdona que te haya llamado con tan poco tiempo, pero me voy de viaje y al final he decidido seguir tu consejo. Quiero que me hagas la permanente en las pestañas. Cada día están más tiesas y no soporto que se me tropiecen con las gafas al parpadear.
-Estupenda decisión, va a ser muy fácil trabajar con unas pestañas tan largas y espesas como las suyas. Sólo tendrá que esperar unos veinte minutos y verá qué resultado más espectacular.
Prepara el mejunje y acto seguido me embadurna los párpados.
-Sobre todo no se mueva, señora Sellas. Relájese.
En el hilo musical suenan las notas del acordeón, es una conocida canción francesa. El hecho de estar con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados favorece la evocación. Mi mente se traslada a París, es primavera. Me parece notar el suave vaivén de la barcaza deslizándose por el Sena. Sus aguas son el mudo testigo de nuestros felices proyectos. En uno de esos mágicos paseos decidimos ser el uno para el otro, no compartiremos con nadie el inmenso amor que sentimos. No consentiremos que ninguna  interferencia en nuestra maravillosa relación merme la atención y entrega que nos dedicamos mutuamente, y ello incluye la renuncia a ser padres.
Cada año volvemos a París. La ciudad es espléndida en todas las estaciones. Aunque la preferida es la actual, el otoño. Siempre nos hospedamos en el mismo hotel, visitamos los mismos restaurantes y tiendas, paseamos por el boulevard Saint Michel, la place Vendôme, les Champs Elysées… y a pesar de todo ello, cualquier lugar nos sigue resultando familiar y a la vez desconocido.
De pronto, un grito rompe mi ensueño parisino y me devuelve a la realidad.
-¡Cállate, estúpida! Tú sí que tienes motivos para morderte la lengua…
Dos consuegras, clientas habituales, han llegado al clímax de lo que en un principio era una amable conversación familiar, ahora convertida en una batalla sin tregua y con un incesante fuego cruzado.
-¡¡A quien se le diga que ni hacer un huevo frito sabe…!!
No tienen ningún pudor ni  reparo en exponer la larga retahíla de cualidades y habilidades de sus respectivos vástagos al juicio popular. Justifican o culpabilizan como faltas los motivos que cada uno ha alegado en la demanda de divorcio.
-¡¡Que se los fría él, que todo el día se los está tocando…!!
Las dos cacatúas compiten en volumen y velocidad. Ambas intentan tapar los argumentos de la oponente.  Nadie se atreve a pedir orden y respeto para el resto de la clientela, ni mucho menos a intervenir en su espectáculo y, tras unos minutos que a mí me parecen eternos, las aguas  vuelven a su cauce.
Yo sigo con los ojos cerrados, un tanto incómoda por la postura y también por la situación vivida. Cómo dos personas que teóricamente se han amado pueden acabar siendo  enemigas y  extender su odio a la familia. No puedo entenderlo. Mi vida es tan distinta…
Según mis cálculos falta poco para que el líquido haga su efecto. Sonia se acerca y tras una somera comprobación dice
-Ya está, han quedado perfectas.
Me acerca un espejo, sonrío satisfecha por el cambio. Imagino a Jaime besándome los ojos con admiración y deleite. No me importa invertir  tiempo y dinero, ni cualquier otro sacrificio, con tal de seguir pareciéndole tan bella y joven como el primer día.     
Salgo y está oscureciendo,  el tráfico empieza a ser intenso y a pesar de que la tarde es fría decido volver a casa paseando. Me subo el cuello del abrigo y me pongo los guantes. Alzo la vista hacia las acacias y suspiro feliz, pues por un momento me ha parecido observar cómo frotaban ramas y hojas a modo de aplauso.
Me queda la duda de si su aprobación será por mi nuevo aspecto o por la acertada decisión que tomé en su día, la que implicaba no tener consuegra.
Nunca lo sabré.

CAMBIOS
Apenas nos hemos hablado ni mirado durante toda la reunión, hemos dejado que los abogados hablasen por nosotros. Ellos son expertos en discusiones crematísticas y, por la cuenta que les trae, procurarán que éstas sean lo más beneficiosas para sus clientes. Al fin y al cabo a Jaime y a mí el dinero nunca nos ha importado demasiado, siempre hemos sido personas muy civilizadas y ya es tarde para cambiar de actitud.
Al salir del despacho le he mirado, pero él no ha podido ni querido corresponderme.
El adiós ha quedado flotando entre las escaleras y el ascensor.
A  pesar de que un tímido sol apunta por salir entre las nubes, hace frío. Las calles están poco transitadas, se nota que aún no se han iniciado las clases escolares.
La resaca navideña preside el ambiente. Abetos, botellas, cestas de mimbre y cajas de cartón de juguetes y electrodomésticos se amontonan al lado de los contenedores y en parte de las aceras cubiertas de hojas.
La oficina del banco también está vacía. Han bastado cinco minutos para mi gestión, a pesar de que el aleccionado empleado, al comprobar el importe de los cheques y que estaban extendidos al portador, ha intentado en vano captarme como cliente.  Le he dicho que lo necesitaba para un pago inmediato. Un poco decepcionado, ha introducido los billetes en un sobre y me lo ha dado, no sin antes recomendarme precaución.
Voy paseando tranquila, sin prisa, ensimismada. Repaso detalles, gestos, palabras. Me parece mentira lo que pueden cambiar las cosas en un año. Recuerdo el día en que Jaime me confesó sus verdaderos sentimientos y después se fue de casa. Toda mi vida se derrumbó en un instante. Hoy, al mirarle, he querido decirle que no se sintiera culpable, que me encontraba recuperada y que no le guardaba rencor. No creo que me haya entendido.
Una hoja me roza la cara y mi evocación concluye.
Un nuevo año acaba de iniciarse. De momento tengo once meses por delante y muchas cosas por hacer.
Cuando llego a la peluquería, Sonia está en la puerta despidiendo a una clienta.
-Hola, cuánto tiempo sin verla
-Sí, he estado fuera y, por cierto, me vuelvo a marchar. Quiero un cambio total de imagen, nuevo corte, un color distinto y por supuesto permanente en las pestañas.
- Por supuesto, señora Sellas  ¿Se va a París como siempre?
-No, esta vez no. Tengo un nuevo destino. He decidido cambiar las tristes notas de un acordeón en el Sena por los alegres rasgueos de una mandolina en el Gran Canal.

7 comentarios:

  1. bruixa de provença19 de enero de 2012, 18:40

    Una historia plagada de detalles que la humanizan. Frases que se deslizan con precisión entre las ramas de las acacias. Pestañas que se elevan hacia su destino dirigidas por la voluntad de un personaje que tiene lo que hay que tener.
    En el Sena o en el Gran Canal, tu heroína vivirá la vida que decida.

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  2. Me ha gustado tu relato, y me has llevado a los sitios que has descrito. He podido ver a la protagonista y también el aplauso de las hojas , en fin he pasado un buen ratito leyendote.
    Felicidades!!
    ABrazos!

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  3. La vida sigue, nada es eterno, la ilusión de ayer se troca en la aflicción de hoy para dar paso al sueño de mañana. La referencia a ciudades, árboles, con el telón de fondo de la peluquería es como el cielo que anclamos en el suelo porque ambos son conceptos inseparables, como lo es la vida y su día a día. Buen relato Lola, no hay una pestaña de desperdicio.

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  4. Buen relato, con buenas descripciones de esas pequeñas sensaciones del día a día, sin olvidar bonitos recuerdos de tiempos pasados y sin torcer la vista atrás, pues el camino continúa hacia adelante con nuevas sensaciones y experiencias.. Un saludo Lola!

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  5. Ambientazo de peluquería con la reyerta de las cacatúas, el habitual sacrificio femenino en aras de la admiración de la contrario -y también de las mujeres, por qué no admitirlo-, y esa injustificada confianza en la aparente estabilidad de la pareja; un París a la vez familiar y desconocido con ese sentir que provocan las ciudades bellas e inagotables... Me encanta LOLA, transmite ese estado especial que se vive en las rupturas, en las crisis de pareja... cuando la protagonista pasea al salir del banco, ensimismada... hasta que un roce la arranca de la evocación...
    Esa es una palabra que la va muy bien a este relato: evocativo. También sincero y cercano.

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  6. Les peluqueries femenines són un lloc especial. Potser és el lloc on la vida batega al mateix ritme que el cor de les clientes. Si va per confirmar el que una creu ser i també per ser algú diferent de la que està cansada de ser. Què fariem sense elles?

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  7. Lola, no nos leemos/vemos desde 2011, ya era hora de volver a asomarte a mi ventana.Como siempre tu relato me da qué pensar y mas en estos fríos días de Febrero, debería consultar con mi psiquiatra de cabecera, si ...el de Cancún, ya sabes.
    Besos desde el Sur.

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