jueves, 29 de diciembre de 2011

El espíritu de la Navidad (RR)

Rosana Román
Harta de tragar por televisión todo tipo de anuncios consumistas que sugieren posibles regalos, decido que lo mejor será salir a la calle para impregnarme del auténtico espíritu navideño.
A mí, personalmente, me repatean estas fiestas durante las que parece que por fuerza has de sentirte feliz y en armonía con todo el mundo, aunque te lleves fatal, aunque no te soportes. Días de gastos y de regalos obligados en los que sobre todo te agobia aquello de qué le compro yo a fulanito que no me repita.
La calle me parece la de siempre, las mismas prisas, las mismas caras amargadas... Y digo yo que a lo mejor se llama espíritu porque no se ve.
Oigo, eso sí, frases típicas a mi alrededor: “Bon Nadal” “Felices Fiestas”, pero todas me parecen  huecas. Pienso que ojalá pasen pronto estos días y podamos volver a la normalidad para  no tener que fingir.
Cojo el coche para ir a la ciudad. Por la radio informan de otro atentado terrorista. Esta vez la víctima es un guardia urbano que, al ir a socorrer a unos conductores que tenían el coche averiado, ha recibido dos tiros y ha caído fulminado en el asfalto.
En mi infancia, cuando los guardias eran respetados, y dirigían el tráfico en medio de la calle con su guante blanco, durante estas fiestas trabajaban rodeados de presentes navideños que los conductores agradecidos ponían a sus pies. Inevitablemente me pregunto: ¿qué ha pasado para este cambio?, y en este abismo, por un momento, me da la sensación de haber despertado tras 40 años en coma y no entender nada de lo que ocurre a mi alrededor.
Y un recuerdo me lleva a otro y evoco al cartero, al basurero, al vigilante, al farolero que pasaban por las casas cuando todavía se abría la puerta con tranquilidad y venían a por su aguinaldo, trayendo unas felicitaciones cuyos dibujos de principios de siglo siempre me fascinaron.
Recuerdo también las navidades de mi infancia en las que, nerviosos, recitábamos a toda la familia nuestras poesías y villancicos aprendidos en la escuela para la ocasión.
Y sobre todo, la de la gran nevada del 62 en la que nos dirigíamos a casa de mis tíos para comer y todo se colapsó. Mi tío vino a buscarnos hasta la Gran Vía, pero caminando, porque también a él se le había quedado el coche atrapado a causa de la nieve. Así que tuvimos que ir a pie más de una hora, mi padre y mi tío llevando en brazos a cada una de mis hermanas pequeñas y yo, de la mano de mi madre. Fue una aventura que culminó satisfactoriamente, ya que tuvimos que quedarnos en casa de mis tíos durante unos días que fueron una gran fiesta para mis primos y para mí. Por las mañanas, equipados para la ocasión con botas, guantes y bufanda, bajábamos a la calle para hacer muñecos de nieve y  tirarnos bolas bien prietas.
Como la ciudad vuelve a estar colapsada, esta vez por el atentado, opto por coger el tren. En un adhesivo pegado junto a los asientos se puede leer: “Hoy sé amable, hoy serás más feliz”. Y pienso que si a una sociedad hay que recordarle que sea amable es porque ya ha dejado de serlo, y que la pegatina quizás no pueda conseguir su objetivo porque la amabilidad no es un estado de ánimo, sino un valor que seguramente no hemos sabido legar a nuestros sucesores.
Y siento ganas de llorar porque en realidad sí que me gusta la Navidad, lo que no me gusta es lo que hemos hecho de ella.
Y vuelvo a casa y monto el belén que había arrinconado y llamo a mis hijos para invitarles a cenar en Nochebuena porque me apetece cocinar para ellos y contarles lo que me ha pasado hoy.
También me prometo ser más amable con la gente aunque me miren raro, a ver si por casualidad consigo, por un mágico momento, cruzarme con el Espíritu de la Navidad.

6 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho leerte. Es un historia preciosa.. la entreñable navidad da antaño. Si, es verdad, a mi también me miran raro porque sonrío y mucho y carcajeo.. y eso hoy en día resulta que eres un bicho raro.
    Feliz Navidad, que en el fondo se que te gusta al igual que a mi.
    Abrazos

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  2. Debo de ser de las pocas personas que a pesar de los pesares sigo disfrutando y me siguen gustando las fiestas Navideñas.
    La ciudad se viste de luz, los villancicos nos remiten a la infancia, contemplar como se refleja la ilusión e inocencia de los pequeños esperando sus regalos es un placer, incluso las comidas pantagruelicas ,y como no, las reuniones familiares con el recuerdo de los ausentes, la Fira de Santa Llúcia, etc.,etc.
    No hay que dejar difuminar el Espíritu Navideño de nuestra vida ni reservarlo sólo para estos días.
    Que siempre goces de su compañía.

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  3. La mirada de la infancia pone filtros a la realidad. Ve sonrisas en dónde era la propia sonrisa la que ocupaba espacio.
    Ayer urbanos, basureros, faroleros. Hoy paquistaníes, urdangarines y raperos.
    Todos a Belén.

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  4. Siento sinceridad, desahogo, nostalgia, pesar, rebeldía, pena, melancolía en este relato. Un espejo del pasado quiere sobreponerse al presente, medirlo, ajustarlo, pero se escapa por todos lados... El presente, la "realidad" no sólo nos aborda por todos los costados, sino que nos constituye.
    Quizás la única manera de que ajuste el dorado espejo del recuerdo sea con una total apertura del diafragma. O incluso, con un ojo de pez. A hoy.

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  5. Que acabéis de pasar las fiestas de la mejor manera. Cada año, y para cada uno, son diferentes las Navidades. Evocaciones navideñas y ganas de volver a un pasado, pero en realidad siempre es lo mismo. Yo apuesto por ir innovando. Saludos.

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  6. Que rápido cambiais las entradas del blog; uno no tiene tiempo ni de leerlas...
    Este relato es para veteranos (entre los que me incluyo). A ningún chaval de hoy en día le pasaría por el pensamiento que el cartero o barrendero visitara las casas con una estampita; a lo sumo se publicitarían por el feisbuc o por el tuiter y utilizarían medios de pago seguros como el paipal o el de LKXA. ¿Cómo podrían pensar que existe una profesión como la de los serenos o la de guadias de tráfico con guante blanco?
    Los tiempos cambian, pero lo que describe muy bien la autora es que lo que no cambian son sentimientos y actitudes. Bienvenidos sean. Gracias por recordarnos la ternura y la bondad aunque sean fugaces y temporales.

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