jueves, 17 de noviembre de 2011

A quien pueda interesar (RR)

Rosana Román
Olesa, 23 de enero de 1980
El relato que refiero a continuación tiene como fin salvaguardar la verdad de los sucesos acontecidos a finales de diciembre, cuando a mi compañero Florentino Ramírez y a una servidora nos encargaron investigar un caso de desaparición en los alrededores del monasterio de Montserrat.
Florentino ha entorpecido en todo momento mi investigación, ya que no sólo se ha tomado el caso a broma, sino que ha encontrado un filón para burlarse de mí desde que le dije que el tema me parecía serio porque creo en otros mundos además del nuestro.
A él, en estos momentos, sólo le interesa la cuenta atrás de los días que le faltan para jubilarse de la Benemérita sin complicaciones ni riesgos.
La señora Samanta Pí denunció la desaparición de su marido un sábado por la mañana. La noche del viernes no había vuelto a casa y según ella, aquello era algo insólito.
Como es habitual, se siguió el procedimiento de esperar, dada la frecuencia con que desaparecen las personas los fines de semana para regresar el lunes como si nada hubiera pasado y con el consiguiente bochorno de los cónyuges o padres que no saben adónde mirar cuando volvemos para comprobar que todo está en orden.
Bueno, lo de orden es una forma de hablar, ya que para nosotros son casos cerrados, pero intuyo que la vida de esas familias se resiente después de hechos de esa naturaleza.
Hasta aquí el caso no tendría mayor importancia de no ser porque el lunes fue la propia señora Pi quien volvió a pedirnos ayuda. Su marido, que había regresado el domingo, no parecía la misma persona
Llegamos sobre las diez de la mañana. La casa olía a café recién hecho y acepté la taza que, sin preguntar, Samanta Pi me puso delante. Ramírez rechazó educadamente la suya haciendo un gesto con la mano.
Tomás Torres, su marido, el "reencontrado", estaba sentado, ensimismado y distante, con la taza de café sin probar frente a él.
-Está así desde que llegó -dijo la mujer angustiada-. De vez en cuando dice cosas incoherentes, como que un ovni se paró junto a él y una luz lo atrajo hacia su interior. De ahí no lo sacas.
-¿Había tenido anteriormente algún episodio como este? -preguntó mi compañero, muy profesional.
-Nunca -respondió rotunda la mujer, y continuó-: Mi esposo no está loco, señor, algo le han hecho, quizás lo hayan drogado... No sé...
-¿Sospecha de alguien? -pregunté yo.
Se retorcía el cabello con el dedo y respiró hondo antes de contestar:
-Lleva un chupetón en el cuello.
De repente Tomás Torres, como si despertara de un letargo, dio un golpe en la mesa haciendo tambalear su taza, de la que milagrosamente no se derramó ni una gota.
-¡Que no es un chupetón, coño! -dijo textualmente-. Ya te lo he dicho varias veces, que me acercaron al cuello una barra que quemaba y a partir de ahí no recuerdo nada más.
Y dirigiéndose a mí sentenció:
-Tenga cuidado. Si piensa así, es posible que sea usted la próxima víctima. Ellos pueden leer el pensamiento.
No me atreví a discutir con Ramírez la opinión que se hizo de aquella visita. Para él era un caso claro de psicosis con manía persecutoria, aunque su esposa prefería creer que era una cuestión de cuernos.

A partir de entonces, investigué por mi cuenta. En el cuartel no encontré ni una sola declaración de abducción desde 1940, que es cuando se empezaron a guardar los expedientes.
Ante mí, amontonados, había dossiers con todo tipo de desapariciones. Canas al aire, amnesia, rapto, secuestro para pedir recompensa, abandonos del hogar por parte de adolescentes enfadados... pero ninguna abducción.
¿Por qué iba a mentir aquel hombre? Y sobre todo, ¿cómo podía saber lo que yo estaba pensando cuando se dirigió a mí advirtiéndome?
Había leído que las personas con estas experiencias suelen tener posteriormente capacidades extrasensoriales. Pensé que era como si les hubieran cambiado algún código o despertado esa parte del cerebro, telepática, necesaria para comunicarse con nuestro planeta.
Cuando Tomás Torres había advertido mi fascinación por su experiencia, me avisó de que podía ser una víctima propicia, y tenía razón: yo deseo que sea así, para experimentar la conexión con otros mundos y, lo que es más importante, para obtener esas capacidades y poder ponerlas al servicio de mi trabajo policial.
Por este motivo, escribo esta confesión, para proteger mi integridad personal en previsión de lo que pueda pasar.
No estoy loca, ni soy una farsante, simplemente he decidido buscar el modo de vivir esta experiencia. Para ello, permaneceré cada viernes noche en el lugar de los hechos relatados por el señor Tomás Torres, hasta conseguir el “contacto”.
Lo cual manifiesto y firmo en el día de hoy, 23 de enero de 1980.
Amparo Abril
Número 219

5 comentarios:

  1. Ahora entiendo la celeridad con que se resuelven los casos en los últimos 30 años. Con "miembras" de la Benemérita como Amparo, Interpol está verde de envidia. Porque no dudo de que contactaron, claro.

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  2. Ya pensaba yo que en Montserrat se experimentaban rarezas... He visto a la inspectora tan cambiada en la década de los ochenta, ahora me lo explico. Y no digo más, porque no es necesario, al menos para ella, que ya lo sabe.

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  3. ¡Qué bueno, Karcomos, un relato refrescante!
    Supongo que Florentino ya se habrá jubilado y a ti poco te debe faltar después de 31 años de vigilancia estelar. Paciencia, que un OVNI azul proveniente de Génova está al caer y nos hará ver a todos las estrellas, durante al menos, cuatro años.
    Bromas aparte, el relato es, como he dicho, refrescante y de alegre desarrollo, mezclando anotaciones de buen material policíaco, experiencias sociales y matrimoniales, suavemente aderezado con unos toques de ciencia ficción.
    En otro orden de cosas, me he fijado y me ha gustado como resuelves la puntuación ortográfica en los diálogos; sencilla y eficiente.
    Enhorabuena por todo el conjunto; me lo he pasado muy bien.

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  4. Esa tal Amparo no sé si tenía telepatía, lo que si tenía sin duda eran poderes premonitorios.

    Faltaba un año y un mes de la fecha de su informe, para unos seres nostálgicos vestidos de verde (por cierto del Benemérito Cuerpo al que pertenecía)para que invadieran el Congreso intentando abducirnos en bloque a todos los terrícolas españoles.
    Menos mal que no lo consiguieron...
    sino estaríamos con chupetones por todo el cuerpo.


    Me ha encantado tu relato, lleno de gags y con mucho sentido del humor.
    Cada vez, te superas !!!!

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  5. Es genial!
    A mi me parece perfecto que en España también crean que podemos tener X-Files... o todo va a pasar solo en los USA? Jejeje... que busquen, que busquen... pero luego que no lo archiven, eh! que vayan a contarlo a Telecinco y nos divirtamos todos!

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