jueves, 3 de noviembre de 2011

Aromas de Schubert (MG)

Maria Guilera
Regresábamos a casa tarde porque el concierto se había alargado más de lo previsto. Habían decidido comenzar con el Septeto en Mi bemol de Beethoven y luego, tras el intermedio, interpretar a Schubert, el auténtico protagonista de la velada que culminaba el ciclo de verano.
Durante casi tres horas la música flotó sobre nuestras cabezas, tomó caminos difíciles entre los bancos de la iglesia de Santa María de Vilabertrán, se escondió tras los capiteles para surgir de nuevo lejos, como suspendida de las bóvedas. Entre cada pieza el silencio abría paréntesis que ningún abanico se atrevía a romper. No hubo suspiros, ni toses, ni quejidos de la madera. Los aplausos al final de la obra parecían acompasados, vibrantes y, sin embargo, contenidos.
Salimos al claustro. El ozono que precede a las tormentas de verano se impuso a las esencias amaderadas de los hombres y al perfume floral de las mujeres. Hubo tiempo para tomar un par de copas de cava que esperaban en una delicada escenografía sobre las mesas del bufé, ocultas por los manteles blancos que caían hasta rozar las piedras. 
Luego caminamos hacia la explanada en donde aguardaba el coche cubierto de polvo. Ya dentro, le dije a mi amigo que estaba cansada. Duerme, tardaremos más de una hora en llegar. Apoyé la cabeza y cerré los ojos. No pongas música, le pedí. Quería que regresara a mi interior la melodía de los violines y el solo del clarinete. Me dormí en seguida. Creo que me despertó el detenerse brusco del auto y un ruido que no supe identificar. Abrí los ojos, él no estaba a mi lado. Miré por la ventanilla y le vi hablando por teléfono con el servicio de ayuda en carretera.
Van a tardar en llegar, me dijo. Salí del coche y caminé hacia una casa. La luz de una ventana iluminaba débilmente la carretera. Me quedé bajo el porche y al cabo de un rato se abrió la puerta.
Le pasa algo, me preguntó una mujer mientras abría la puerta. Hemos tenido una avería, le contesté. Ya hemos avisado, pero van a tardar algo en llegar.
Mi amigo se acercó con prudencia y dijo, buenas noches.
Quieren pasar, nos invitó ella. Parece que va a llover fuerte.
La cocina era antigua, con una cortinilla arrugada que tapaba el hueco bajo los fogones. De la pared colgaban ristras de ajos y guindillas y, en el suelo, se amontonaban patatas y cebollas dentro de cestos de mimbre. Nos sentamos a la mesa, cubierta por un plástico con dibujos de hortalizas.
Quizás no oiremos llegar a la grúa, dijo mi amigo. No se preocupen, contestó la mujer mientras se anudaba a la cintura un delantal negro. Encendió una lámpara y el plástico se tiñó con una luz amarillenta. Se acercó a la ventana entreabierta y susurró, ha refrescado. 
Luego, puso un puchero en los fogones y empezó a traginar de espaldas a nosotros. El olor a sopas de ajo me llevó a la casa de mi abuela, a mil quilómetros de allí.

15 comentarios:

  1. El viejo truco de la avería a medio camino...
    Por suerte no caíste en la trampa y te refugiaste en la casa frente a la carretera.
    Una vez dentro, él insistía en llevarte fuera “no oiremos llegar a la grúa”, pero aquí la buena mujer te echó una mano y se puso a cocinar una hospitalaria sopita. El ajo mata a los vampiros y gracias a ello tú sobreviviste al abyecto envite de tu amigo.

    Un buen relato que pone a prueba la fortaleza y fidelidad de tus lectores, porque mezclar Beethoven y Schubert con ajos... ¡un trago osado y audaz tras las copas de cava!

    Destaco especialmente tu pericia en hacernos sentir la música y la emoción de su ejecución, sin siquiera comentar una sola línea de la partitura. Consigues darle bríos melómanos a bancos, capiteles y bóvedas sin la influencia humana de toses ni ruidos. La única pega, es que el relato, todo y su trasfondo culinario, me ha sabido a poco y me he quedado con ganas de repetir plato. Felicidades.

    ResponderEliminar
  2. ¿Qué més?
    Me quedo con las ganas….
    Com tots els teus, polit,, superdescriptiu i amb qualitat argumental i correció literaria.
    En vull més.
    Paco

    ResponderEliminar
  3. A mi me gusta. Sugiere en viaje en tiempo que te devuelve a al infancia.
    Felicidades
    Raúl.

    ResponderEliminar
  4. Sobrio y claro, mil puertas abiertas..
    me encanta!!
    http://huidasyretornos.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  5. ...es un fragmento, tiene que ser un fragmento...
    Sugerencia: Especifica la obra de Schubert para releer la historia y adentrarnos en ella mientras suena esa música...

    ResponderEliminar
  6. Supongo que seguiras no?
    No nos puedes dejar así!!!!
    como introducción genial, pero precisamente por eso, necesito más. Fantásticas las descripciones María, es una gozada leerte.

    ResponderEliminar
  7. teresa serramià i samsó6 de noviembre de 2011, 8:07

    com tots els comentaristes anterios, crec que el relat és, sols, un inici que ens deixa la boca feta aigua..Sisplau!!!, continua....més,més, més!!
    (i.., felicitats!!)

    ResponderEliminar
  8. Después de un comienzo en el que la autora nos sorpende con un estilo que no le conocíamos, llegamos a la culminación del relato que no es si no el inicio de "The Rocky Horror Picture Show". Suerte que sea cual sea el fondo, se mantiene, como siempre, su forma impecable.

    ResponderEliminar
  9. En contra de la corriente, me quedo con el relato así, tal cual, como instantes de la vida, como respirares, cargados de posibilidades. Y esos contrastes, entre la elegancia teatral y la vida sencilla... me encanta, como siempre, lo suyo María Guilera.

    ResponderEliminar
  10. Dualidad, siempre dualidad....

    La parte culta, melómana, incluso "pijilla" se recrea describiendo con maestría los placeres de una noche de cocierto con final imprevisto,y hace aflorar la parte rústica, sencilla y pastoril de nuestra protagonista.
    El nostálgico aroma de unas humeantes y sabrosas sopas de ajo, son el punto final e ideal para este retrato.

    ¡Qué buena eres, bandida!

    Dices lo que quieres decir y no hay que darle más vueltas ni buscar metamensajes.

    ResponderEliminar
  11. Hola Maria,, he clicat al m'agrada 2 cops,, i ara t'ho dic,, bona descripció i evocació,,,text empapat del projecte P. Salutacions!!!:-D

    ResponderEliminar
  12. Casi siempre una situación inesperada abre una nueva puerta.
    Esta mañana he decidido explorar blogs de narrativa y he llegado a este.
    Saludos.
    Gracias por compartir vuestros escritos.
    Os dejo enlace por si os apetece pasar a visitarme:
    http://espiralesdetinta.blogspot.com/2011/11/formato-twitter-nanorrelatos-i.html

    ResponderEliminar
  13. Maria, amb això no en tinc ni per començar!!! Ni d'aperitiu em serveix. Necessito conflicte, passió, disbauxa!!!

    ResponderEliminar
  14. He quedat fascinat, perquè, de vegades, en els viatges al passat, a la infantesa, trobes uns peücs inesperats que ara dormen a la caixa màgica que en Jaïr obrirà aviat.

    Gràcies pels relats i una abraçada del teu admirador secret!

    ResponderEliminar
  15. Mariona, el teu relat no acaba i per això, ens obre la porta a la imaginació. Gràcies un cop més per fer seductores les teves narratives.

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu opinión: tus comentarios y tus críticas nos ayudan a mejorar