jueves, 22 de septiembre de 2011

El matambre es ideal como fiambre (MS)

Foto: Marina Abramovic
Texto: Mónica Sabbatiello
Tenés que sacarle toda la grasa a la carne porque sino te la vas a encontrar en el matambre, y será algo duro y desagradable, aquel día me llevó media hora quitársela, es lo que más trabajo te da, tenés que hacerlo con un cuchillo bien afilado, aparte preparás una picada con mucho ajo, perejil y vinagre, yo le puse seis dientes ese día porque era de una res robusta como mi gordo que yo creía que estaba trabajando solo en el taller, y no usando su zanahoria, y que no se te olvide, tenés que hervir algunas zanahorias, aunque si las querés poner crudas tenés que cortarlas en tiritas muy finas, yo escuchaba la radionovela en la cocina, como siempre, y no la sentí llegar a esa meneona de culo grasiento, una vez que le sacaste la grasa, le ponés la picada de ajo y perejil y las zanahorias fileteadas, y le agregás dos o tres huevos duros enteros, lo enrrollás bien, y ahí viene lo difícil, tenés que coserlo con una aguja grande y un hilo fuerte de algodón, porque el nylon es malo para la salud, el matambre que hice aquel día era de más de un kilo, de un vaca obesa que estaba con el gordo que le metía su zanahoria como si fuera por el orto de un matambre y jadeaban sobre la mesa llena de virutas, lo ideal es que alguien te ayude a coserlo, que te lo sujete sobre la mesada, y después lo ponés a hacer en el horno fuerte y le agregás caldo para que esté jugoso como la picha del gordo, que entraba y salía tan roja y húmeda del agujero de la gorda, te vas a dar cuenta que está hecho cuando al pincharlo lo sientas supertierno, como está él ahora conmigo aunque aquel día cuando me vio entrar se enfrió de golpe, dejá enfriar el matambre para sacarle los hilitos con la punta del cuchillo, yo me acerqué sin hacer ruido con el cuchillo grande y la muy puta no se dio cuenta porque tenía los ojos cerrados, no te olvidés de cortarlo en lonchas de unos dos centímetros y decorarlo con remolachas y tomates en una fuente mejor blanca, como se puso mi pobre gordo que se desmayó y se quedó tirado en el suelo mientras yo le clavaba a esa vaca el cuchillo en la garganta, podés adornarlo con hojas de albahaca, después se lo metí en el pecho y en la panza muchas veces, manché todo, pero él me ayudó a cubrir la sangre con serrín y a quemar mi ropa y la de ella en el horno del fondo, y me pidió disculpas, ¡está tan arrepentido!, es la primera vez me dijo, podés calentarlo antes de servirlo, ahora andamos bien, también es ideal frío como fiambre, como ella, que la metimos cortadita en el congelador grande, es una carne dulzona y algo dura, pero no resulta desagradable si la condimentás bien, te puedo dar unos kilos para un asadito y para albóndigas, aunque para matambre no, porque esa parte está rajada y se te escaparía todo el relleno, pero ¿qué te pasa?, estás pálida, ¿otra vez se te bajó la tensión?

4 comentarios:

  1. cualquiera no se arrepiente y le pide perdón, pillado por semejante personaje.,,,Uffff!! Genial!!...
    como lo cuentas,, y el regalo de la música... Saludos.

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  2. Da gusto pasar un rato leyendo cosas como esta. Te invito a hacer lo mismo con mi relato corto.
    http://cambioslender.blogspot.com/
    Si te gusta, sígueme, acabo de empezar :)
    Saludos desde Madrid.

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  3. ¡Esto sí es un relato negro-negro!
    Me gusta mucho el paralelismo que usas entre la cocina y el relato de la aventurilla de tu viejo. Vas adobando el fiambre al tiempo que progresas en la descripción de hechos y acciones. El resultado, simplemente magnífico.
    Pero lo que me ha dejado de un pasmo es que has sido capaz de montar todo un relato en una sola frase, con 537 palabras, ¡y sin un sólo punto! Has tenido la desfachatez de no poner un sólo y pobre puntito ¡ni para cerrar el escrito! Además he de confesarte mi sana envidia, porque no he perdido el hilo de la acción en ninguna de las lecturas que he realizado.
    Genial, autora, mi más cordial felicitación, me has dejado boquiabierto; ¿le pongo un punto final al comentario?

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  4. Es un placer adentrarse en tu cocina literaria, oler los aromas de tu prosa bien horneada, sentir cómo se abre el apetito ante ese espectáculo de léxico apetitoso.
    Hay textos que, como tu matambre, pueden saborearse calentitos o, al cabo de un tiempo,en frío y saben igual de ricos.

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