martes, 31 de mayo de 2011

Cancún (MG)

Maria Guilera
Vengo porque me manda la médica de cabecera. Yo no soy de las que van a médicos de los nervios, pero si ella me lo recomienda, pues para eso sabe más que yo. La médica dice que me irá muy bien contarle lo que le voy a contar, pero yo, se lo digo sinceramente, con las pastillas me apañaría como siempre me he apañado. Me dice que mejor que se lo explique a usted y yo pienso que por probar no se pierde nada. Pero mi marido de esto no sabe ni media, él no cree en psiquiatras ni en horóscopos. ¿Me siento aquí?
Pedro y yo llevamos cuatro años casados y no tenemos hijos. Tomé la pastilla al principio, cuando decidimos esperar porque teníamos que vivir la vida. Después las dejé y pensamos que iríamos a lo loco, sin programar nada, que si me quedaba me quedaba, y ya está. Tuve un retraso y me puse muy nerviosa, no sabía si estar contenta o no. Se acabó la buena vida, pensé, pero bueno, seguro que cuando tenga un niño será muy bonito, todo el mundo lo dice.
El retraso fue solo un retraso y me quedé un poco decepcionada. A Pedro no le afectó nada. Me dijo, venga tonta, ya verás lo bueno que es seguir intentándolo. Y me abrazó. Pedro es una de aquellas personas que parece no tomarse nada en serio, siempre está de guasa. A mí me enamoró precisamente así, bromeando, porque yo no estaba acostumbrada a tanta alegría. En mi casa éramos todos bastante aburridos. Mi padre hablaba muy poco. Mi madre sí que hablaba, pero decía las mismas cosas una y otra vez. Y tengo un hermano con trastorno bipolar que por lo general va muy sedado y tampoco da mucho tema.
Pedro hace reír a todo el mundo. Sin hacer nada especial, solo con pedir una cerveza o diciendo cómo están ustedeees… cuando entra en el bar. Las primeras veces que le vi me guiñaba el ojo, me pellizcaba el culo, qué pasa, rubia, me decía. Y yo me partía de risa, porque soy morena, ya lo ve usted. A lo tonto, empezamos a salir y un día me dijo bueno qué, habrá que ir pensando en algo, no. Y yo no me lo podía creer, pero sí, quería casarse conmigo. Ya de hacerlo, lo hacemos bien, por la iglesia y con limusina, nena. Casarse es muy complicado, nosotros queríamos hacerlo rápido, pero no había fechas libres ni en la parroquia ni en el restaurante. Y luego, cuadrar los días de la iglesia y los del sitio donde íbamos a hacer el gasto tampoco fue fácil. Pedro se iba poniendo cada vez más nervioso y me dijo, lo arreglas tú, reina, que ya me estoy hartando y yo cuando me harto, me harto. Y si me tocan mucho los huevos, paso, entiendes, paso. Esto me lo dijo en el bar y luego se tomó un par de cervezas y se enfadó, era la primera vez que lo veía así. Y todo por culpa de la puta boda, decía.
Nos casamos en enero, que es un mes fatal, pero qué se le va a hacer. Y fuimos de viaje a Cancún, eso sí que no lo olvidaré nunca, las mejores vacaciones de mi vida, en un hotel que tenía forma de pirámide, porque por lo visto cerca de allí hay unas pirámides muy famosas. Comimos de maravilla, no salíamos de la piscina, tomábamos tequilas hasta no poder más. Barra libre, señores. Pedro se compró un sombrero mejicano y no se lo quitaba ni para dormir. Imitaba a los mejicanos todo el día, ¡yujuuu, ay, ay, ayyyy! Eso me daba un poco de vergüenza. Se lo dije un día, que a lo mejor a los camareros les molestaba, pero no me hizo ni caso. Eres más sosa que sosa, nena, me soltó. Qué sabrás tú lo que hace gracia.
Al volver a casa, en el avión, hablamos de lo de los hijos. Yo, la parejita, me dijo. O tres, que no se diga que no funciono. Pero vamos a esperar un poco, chaparrita, vamos a pasarlo bien.

¿Qué ya seguiré otro día? Pues si lo malo viene ahora, que hasta aquí no tengo queja. Bueno, yo lo que me diga. No, si la entiendo. Debe estar todo el día escuchando desgracias, o a gente que le da la vara como yo, mismamente, que a ver qué le importa a usted lo de Pedro. ¿Me dará hora la enfermera? Pues vale.
¿Usted ha ido a Cancún? Pues tampoco se ha perdido nada.

viernes, 20 de mayo de 2011

Vidres (VH)

Vicenç del Hoyo 
Va ser com aixecar la teulada d’una casa i mirar a dins. Es podria comparar amb observar insectes a l’interior d’un formiguer. Com que les parets eren de vidre, semblava que els individus fossin en una peixera, ocupats en les seves coses i indiferents al món. Primer va veure un ampli despatx on un home ben vestit i encorbatat parlava per telèfon i, alhora, estava atent a la pantalla d’un ordinador. Va tenir temps de distingir la sola lluent dels mocassins i dels mitjons transparents que hi havia dins. Desprès va veure una noia que dibuixava sobre una gran taula inclinada, deuria ser arquitecta o aparelladora, va pensar. Al seu costat dos senyors miraven el que havia dibuixat. Un d’ells, el més jove, per guarnir les paraules gesticulava com si acariciés l’aire. El més vell mirava amb atenció el paper que hi havia sobre la taula. També va veure una mena de braç mecànic llarg i blanc que hi estava subjectat. Acabava en un embut de llum. Els il·luminava les cares com si estiguessin davant d’una llar de foc. El següent espai era buit i fosc. Un conjunt de butaques al voltant d’una taula baixa, la superfície de la qual era de vidre, amb un gruix de revistes al damunt. Com que es va entretenir a mirar l’únic tub metàl·lic i lluent que mitjançants diversos plegaments i torsions creava la butaca, no va tenir temps de veure la portada de la revista que estava a sobre de tot. Però si de percebre que era vermella amb lletres negres. Cada cop tot anava més ràpid i tenia menys temps per observar els interiors i fixar-se en els detalls que contenien. Llavors va veure la boca oberta d’una cara que badava i mirava a l’exterior. Una nina de roba va relliscar d’una mà. Durant una fracció de segon, les mirades de la nina i d’ell es van creuar. Corrien paral·leles. Ella el mirava amb indiferència. Això el va fer prendre consciència de la seva situació. Va recordar la sensació de viatjar dalt d’un tren que quan surt a poc a poc de l’estació permet contemplar amb cert deteniment les cares d’aquelles persones que es queden a l’andana i que, a l’augmentar progressivament la velocitat, els va convertint en una fugissera ombra fantasmal a l’altra banda de la finestra.

Netejar vidres de gratacels havia estat una oferta per la qual havia optat feia temps. A un engrescat i apassionat escalador com ell, li havia semblat una possibilitat temptadora per un ofici sense sortida. Desprès de patir durant tants anys i de manera gratuïta les inclemències de la muntanya, de ventades gebradores, d’insolacions asfixiants i inacabables jornades solitàries, aconseguir cobrar per rapelar còmodament per inofensives façanes urbanes, li va semblar un substitutiu econòmicament atractiu però vitalment subsidiari. Potser per això sempre havia tractat amb menyspreu les mesures de seguretat. Però ara, quan la cara d’una nena sorpresa l’havia despertat de l’endormiscament en caiguda lliure des de l’últim pis de l’edifici més alt de la ciutat, va recordar totes les muntanyes i parets rocalloses que mai més tornaria a pujar.

sábado, 14 de mayo de 2011

Viaje con destino (RR)

Rosana Román
La niebla se espesaba a medida que transitaban en dirección norte.
Sor Teresa estaba inquieta y se aferraba con más fuerza de lo habitual al volante.
-¿Qué pasa, hermana?, hoy no está muy habladora.
-Lo sé, señor Tomás, pero necesito toda mi atención para no distraerme, no puedo quitar la vista de la carretera, hay mucha niebla y no veo prácticamente nada.
El anciano, que ocupaba el asiento contiguo, sonrió con un rictus de ironía. Así empecé yo, dijo, y continuó dándole vueltas a su bastón blanco plegable.
No pudo evitar recordar como había ido perdiendo la dimensión de las cosas en una neblina cada vez más y más espesa hasta llegar a la noche en la que ahora se encontraba. Todavía recordaba cuando conducía su propio coche y no necesitaba de una monja ni de la ayuda de la residencia, donde ahora vivía, para poder desplazarse.
Sumido en sus amargos pensamientos se sobresaltó ante el inesperado frenazo.
-¡Dios mío! -exclamó la monja sin poder dar crédito a lo que veía.
-¿Qué pasa, hermana, qué ha visto?
-Ahí delante ha habido un accidente, creo que hay alguien en el suelo.
El anciano buscó a tientas la maneta de la puerta mientras para sus adentros se preguntaba adónde iba tan deprisa. Sor Teresa, en cambio, se había quedado inmóvil sin atreverse a salir. Presentía que acababa de llegar al escenario de una obra a medio representar y que a ella se le había asignado un papel sin previo estudio, un papel que debería improvisar y hacer bien, además, si quería salvar la función.
-Vamos, vamos, sor Teresa, lléveme allí, no perdamos tiempo.
La monja reaccionó, salió del coche y cogió al hombre por el brazo, llevándolo más deprisa de lo que él podía caminar. Esta vez no protestó.
Una furgoneta se había estampado contra la mediana. La parte delantera era un amasijo de hierros, el vehículo había perdido la forma de tal manera que sólo conservaba la trasera, faltaba la mitad.
Un hombre joven yacía en el suelo bañado en sangre. Por las huellas que había dejado en el suelo se podía comprobar que había salido arrastrándose del coche y dejando una alfombra roja de dos metros tras de sí. No había  perdido el conocimiento.
El anciano sacudió el brazo que la monja le sujetaba
-Hermana, por favor, dígame qué está pasando, tenga compasión de mí.
-Hay un hombre en el suelo, está muy mal, estamos llegando.
Se agachó ante el joven que extendía su brazo hacia ella. Era la primera vez que no le importaba ensuciarse su impecable hábito blanco.
Con una voz débil pero desgarrada el joven señalaba hacia la furgoneta.
-Mi violín, por favor, traiga mi violín...
La monja llevó al anciano junto al joven para que pudiera cogerle la mano y forcejeó con  la puerta trasera del vehículo hasta abrirla.
El estuche que contenía el violín estaba caído entre los asientos, pero, aparte de eso, no parecía haber sufrido ningún otro desperfecto. Al recogerlo, observó que debajo había también un teléfono móvil en perfectas condiciones. Le parecía increíble que aquel hombre le pidiera el violín antes que el teléfono, quizás tenía claro que ya no había tiempo.
Al incorporarse, se estremeció. No había visto a la otra persona que, inerte, estaba atrapada en la parte delantera. No podía verle la cara pero supo que estaba muerta porque sólo puede estarse tan quieto un cadáver.
Volvió junto al joven
-Tranquilícese, vamos a pedir una ambulancia, todo irá bien.
-Mi violín, deme el violín por favor, soy músico, ¿sabe?
Y se aferró al estuche apretándolo contra su pecho.
Mientras sor Teresa pedía una ambulancia, el señor Tomás hablaba con el joven, le contaba como en días festivos, músicos como él le habían acompañado en su soledad, cuando venían a actuar para los ancianos en su residencia. No se había parado a pensar lo dura que podía ser la vida de un músico, siempre viajando al siguiente lugar, siempre sonrientes, trajeados y ocurrentes para animar al público que, en algunos casos, como le ocurría a menudo a él, ni participaba de la fiesta.
-Le prometo que cuando venga a tocar a  nuestra residencia, voy a bailar un vals en su honor.
-¿Vd. cree que viviré?
El anciano, sentado junto al joven en el suelo, le alentó.
-Ya lo creo, he visto muchos heridos en la guerra, hijo, y no es tan fácil morirse.
No habían pasado ni quince minutos cuando se escuchó el sonido lejano de una ambulancia. La niebla estaba remitiendo y las formas empezaban a distinguirse de nuevo.
Sor Teresa observaba como el anciano seguía distrayendo al herido para que no perdiera el sentido. Daba gracias a Dios por haber aparecido allí en aquel momento, segura de que el joven llegaría a tiempo al hospital. También se alegro de que su curiosidad natural le impulsara a estar al día de las modernidades de las que disfrutaban, como aprender a conducir y el funcionamiento de los teléfonos móvil.

viernes, 6 de mayo de 2011

L'hospitalet se escribe con J (VA)














Vicente Aparicio

L'Hospitalet se escribe con J

J de patria
y de infancia

J de geranios
y anginas
asfalto
quinquis
bombonas de butano
y áticos sin ascensor

J de cines de barrio
canarios
tragaperras
vías
carteles electorales
música de afilador

J de fútbol
aulas
colmados
bares
promesas
niñas novias mujeres viudas
hombres
música pop

J de murcia

J de marruecos
china
pakistán
bolivia
colombia
J de ecuador

J de aragón

J de cataluña (con enye)
J de espanya (sin eñe)

J de orgullo

apátrida J de patria sin patria

J de l’hospitalet