jueves, 21 de abril de 2011

Tinta invisible (RR)

Rosana Román
Aquella mañana se levantó nervioso pero a la vez radiante: la ilusión de su vida se convertía por fin en realidad. A las ocho en punto, cogió la bolsa de piel llena de cartas y se la cargó al hombro. Luego se subió a la bicicleta y, mientras pedaleaba, dejó que el aire golpeara su rostro. Ya no tendría que volver a imitar al cartero jugando a llevar cartas a todas las casas de la zona, porque ahora el cartero era él.
Camino de su primer cliente, recordó el sueño que había tenido tres años atrás, un sueño que había cambiado el curso de su vida.
No podía abarcarlo con claridad pero en él, una mujer le susurraba al oído: “Permite que ocurra, cumple tu deseo, sé cartero”.
Cuando despertó sólo recordaba imágenes vagas: una mujer, postrada en una cama, le hablaba para abrirle una ventana a su futuro, pero la imagen se desvanecía con rapidez. Después le pareció que quien le hablaba era un ángel que le indicaba el camino.
Durante años se había preguntado por el significado de aquel sueño, aunque ahora había perdido importancia, porque estaba seguro de que seguía su propia vocación.
Ana le esperaba en la puerta, junto al buzón instalado en la verja. El olor de la higuera cercana se mezcló agradablemente con la visión de la niña.
-Dame noticias -dijo.
Pero él sólo llevaba una carta de una compañía aseguradora.
-¿De quién esperas carta?-preguntó conmovido al ver sus ojos deseosos y su actitud resuelta.
-De mi madre.
En ese momento, una mujer mayor llegó hasta ellos y tomó por el hombro a la niña estrechándola hacia ella.
-Perdone a mi nieta -dijo
-Mamá dijo que tendría noticias suyas... -y se fue llorando hacia el interior de la casa.
-Mi nieta no ha asumido todavía la pérdida de su madre -continuó la mujer.
-Comprendo.
-¿No quiere pasar? -le invitó la anciana abriendo de par en par la verja de hierro.
-No gracias, tengo mucho trabajo, pero.. ¿estará bien la chiquilla?
-Sí, no se preocupe. Ana se quedó con la promesa de su madre y ella sólo asocia que las noticias o se dan por televisión o radio, o las trae el cartero. Supongo que le parecerá más íntimo recibir una carta...
-Y es también una visión más romántica -añadió él mientras subía a su bicicleta.
-Es usted nuevo, ¿verdad, joven?
-Sí, señora, hoy es mi primer día de trabajo.
-Que tenga suerte, y venga cuando quiera.
Así lo hizo. Durante los siguientes doce años, se detuvo cada día unos minutos en casa de Ana. Ella, junto a la higuera que fue testigo del paso del tiempo, le esperaba fielmente cada mañana antes de ir a la escuela, y siguió haciéndolo después cuando iba al instituto.
Él jamás le trajo la esperada carta, pero la consolaba con su compañía y con otras noticias de la comunidad.
No supieron en qué momento dejaron de hablar de su madre para hablar de ellos y hacerse grandes amigos; tampoco sabrían concretar cuándo se enamoraron, pero sí que se esperaron mutuamente. Ella para verle a diario, él para verla crecer.
Un día Ana, refiriéndole lo acertada que había estado su madre poco antes de morir, le repitió literalmente sus palabras: “Espera al cartero, te traerá mi amor”
Fue entonces cuando él tuvo la certeza de que el destino se escribe con tinta invisible, más allá de cualquier lugar.

10 comentarios:

  1. Precioso relato....de amor...de amistad.....de sueños y esperanza...sobre todo esperanza...besoss

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  2. Un saludo.
    Te presento la ilustración que he realizado para la portada de: Cuéntame otra vez ese cuento.
    Un libro-sueño hecho realidad por un grupo de amigos con inquietudes literarias.
    http://espiralesdetinta.blogspot.com

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  3. bruja de provenza25 de abril de 2011, 0:41

    Tus relatos te delatan: no solo pides finales redondos, sinó también felices.
    Quizás a fuerza de escribirlos, la realidad se ajuste a tus deseos.

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  4. Leer tu relato deja un gusto suave, tranquilo, sereno... ¡hacen tanta falta estas sensaciones! continúa escribiendo... gracias.

    El Trasgu

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  5. Entrañable...! Una amiga desde Thailandia, me escribe: La verdad reside en el corazón de todo ser humano. Ah es donde debemos buscarla para que nos guíe. Lo de menos es como se nos muestra. No podemos obligar a los demás a actuar de acuerdo con nuestra visión de la verdad. Ghandi.
    (enviado por Pere C., vía Facebook)

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  6. En pocas linas cuentas una historia con mucho jugo, muy descriptiva y con un alo de tranquilidad. Un final sencillo pero realmente bueno.

    http://elreflejodelmar.blogspot.com/

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  7. Marita, Fernando, Bruja, Noemozica, Trasgu, Pere y Calíope. Gracias por seguir leyéndonos y por dejar aquí vuestras impresiones. A los que sois nuevos, bienvenidos.

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  8. Me gusta que siga siendo posible lo romántico. Una soñadora indomable que cuenta historias con tintas rojas. Celestes. Tornasoladas. Visibles.

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  9. No esperaba ese final, esa frase, me ha sorprendido gratamente, y eso me parece muy agradable. Gracias.

    enymy
    http://histoireshistorias.wordpress.com/

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