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Mostrando entradas de abril, 2011

Caracoles (MG)

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Maria Guilera
En mi familia las cosas siempre pasan cuando estamos comiendo. Ellos se pelean con los cubiertos en la mano, un pedazo de carne pinchado en el tenedor o un cachito de pan mojado en el huevo frito. Se caen en el mantel manchas de salsa y mi madre se levanta, se va y luego vuelve a sentarse, retira el plato frío con cara de asco y dice esta comida ya no vale nada. También a veces, pocas, se ríen y se atragantan, se ponen la servilleta delante de la boca y echan la silla hacia atrás, se dan golpes en la espalda, quita, quita, qué bruta eres. O nos mandan callar cuando empiezan las noticias y el volumen del televisor es tan alto que los vecinos golpean la pared y entonces mi padre también la aporrea y dice a ver quién tiene más huevos.
Hasta mi abuelo se murió en la mesa. Ya habíamos terminado de comer, pero él estaba con los brazos cruzados, la cabeza reposando sobre el hule, durmiendo diez minutos, solo diez minutos, avisadme que si no me duele luego la cabeza. Se murió d…

Tinta invisible (RR)

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Rosana Román
Aquella mañana se levantó nervioso pero a la vez radiante: la ilusión de su vida se convertía por fin en realidad. A las ocho en punto, cogió la bolsa de piel llena de cartas y se la cargó al hombro. Luego se subió a la bicicleta y, mientras pedaleaba, dejó que el aire golpeara su rostro. Ya no tendría que volver a imitar al cartero jugando a llevar cartas a todas las casas de la zona, porque ahora el cartero era él.
Camino de su primer cliente, recordó el sueño que había tenido tres años atrás, un sueño que había cambiado el curso de su vida.
No podía abarcarlo con claridad pero en él, una mujer le susurraba al oído: “Permite que ocurra, cumple tu deseo, sé cartero”.
Cuando despertó sólo recordaba imágenes vagas: una mujer, postrada en una cama, le hablaba para abrirle una ventana a su futuro, pero la imagen se desvanecía con rapidez. Después le pareció que quien le hablaba era un ángel que le indicaba el camino.
Durante años se había preguntado por el significado de aqu…

La llegenda dels segles (VH)

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Vicenç del Hoyo
Faltava una setmana per al Carnestoltes. Agnès, la nova dissenyadora del despatx, m’havia convidat a un sopar. “És imprescindible portar un barret”, m’havia advertit. “Sinó, no t’obriran la porta”. Així que vaig decidir aprofitar la tarda del dissabte per intentar trobar la capsa on recordava que hi havia la boina de l’avi i, creia que també, un imprecís barret de gàngster que algú m’havia regalat en algun aniversari. “Segur que estarà a l’altell”, vaig pensar deixant anar un badall. Calia utilitzar l’escala, però al anar a buscar-la a la galeria vaig recordar que el veí se l’havia endut per pintar unes habitacions, ara que la dona l’havia deixat definitivament. Així que, després de trucar insistentment al timbre de la seva porta, vaig deduir que no hi hauria possibilitat de recuperar-la aquella tarda. A l’altra banda no hi havia ningú. De retorn a casa vaig dir-me que no volia ajornar la recerca del barret, però alhora no estava disposat a anar a la ferreteria a compra…

ESCRIBhIR EBN LA CAmMA (MB)

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Marc Ballester 
Hoy tampoco me levanto. No estoy seguro de que el sol haya salido ya, pero no pienso levantarme a comprobarlo. Para poder hacer eso debería primero poner un pie en el suelo y, sin perder el equilibrio, estirar con todas mis fuerzas la correa de la persiana, que, por cierto, va durísima y, gracias a que el constructor no volvió nunca a repararla, yo he desarrollado un bíceps considerable, lo cual no está nada mal, aunque descompensa y enrarece mi escuálido cuerpo que con tantas horas de cama va tomando una forma algo amorfa algo escamosa porque palpo eccemas por toda mi piel, será por no levantarme, claro, ya que hace tres años que permanezco en esta habitación a oscuras y supongo que, aunque estoy a oscuras, eso no importa. La verdad es que en un principio, que me quedara a oscuras y metido en la cama, le pareció a mi familia una más de mis extrañas costumbres, aunque después de 14.727 días, 12 horas y 14 minutos ya no se extrañan de nada. Lo digo porque no vienen a ve…