lunes, 14 de febrero de 2011

La leyenda de Drake (MS)

Mónica Sabbatiello (texto y pintura)
Lo despierta una inquietud helada, como la luz de neón que se derrama sobre las superficies vacías de su casa, sin objetos que las alteren.
Todo es cuestión de orden para Eliseo.
Por eso, cree, ese desasosiego indica algo fuera de lugar, algo sucio…, y lo primero es revisar la bañera que le responde gélida e impoluta, sin ningún pelo. Nada, sólo esa piel nívea y brillante de cerámica que le devuelve la mirada.
Se sienta y deja caer sus manos como gorriones cazados al vuelo, gorriones albinos, alelados. Apenas se repone un poco, decide hacer un control de todos los objetos de su casa. Un control minucioso, como siempre. Un par de horas más tarde termina de verificar el doblez del último par de calcetines.
Y ya nada podrá postergar el desenlace. Lo asfixian los pulmones endurecidos por la zozobra. Busca la posición horizontal para respirar mejor, pero no, eso empeora las cosas. Se ahoga y se ahoga y se ahoga. Entretanto el techo parece agrietarse y del cielo raso saltar quién sabe qué, una rata acaso, de las que habitaban por esos pasillos que hay entre las viviendas de propiedad horizontal, en esos huecos a los que él no puede acceder para limpiar.
Al fin descubre encima de sus pies helados, al fondo de su mirada, unas oquedades negras, profundas bocas que rasgan la materia y se lo quieren tragar. Como otras veces, lo salva el desmayo, del ataque de pánico extremo.
La asistenta lo encuentra al mediodía y organiza el traslado a casa de su familia.
Días más tarde y a medida que se repone, se muestra muy cambiado.
«No me pienso afeitar y tampoco me cortaré el pelo”, dice. Hasta resulta un tour de force conseguir que acepte ducharse o cambiarse el pijama. Menuda novedad en su vida, algo revolucionario que deja atrás sus manías de orden y limpieza, su sentido de misión frente al caos y a la entropía del mundo. Aunque la psiquiatra no piensa igual. No hay que fiarse, dice. 
En la mejor habitación, con dos balcones que dan a la plaza Real, Eliseo se concentra en la lectura de textos de ilusionismo, hasta catorce horas diarias. “Una obsesión» –admite la madre-, pero esta vez inocua“.
A la tercera semana se hace traer el baúl de su abuelo paterno, que fue un aficionado a la magia, y provoca un gran batifondo con cajas con doble fondo, varitas y galeras… Y hasta palomas: “Va usted a casa de don Cosme, madre, y me hace mandar las mejores”.
A su hermana Montse, que adora a este tarambana, le encarga dos loros de Las Ramblas y sendos aros para que se paren. El escándalo de los psitácidos no tiene parangón, tiran los granos en todas las direcciones, picotean los marcos de las puertas, acaso sólo por cumplir con su idiosincrasia marrullera, y encima cantan a dúo O sole mío.
Eliseo condesciende, de mala gana, a que limpien de vez en cuando su habitación. “Es otro, sin duda; él, que era tan maniático con la limpieza…”, coinciden todos.
Cada día se le ocurre algo más y más estrafalario. Lo último, la compra -por catálogo a la Compañía de China y del Oriente- de dos biombos lacados para destinarlos a bambalinas, y un cortinado de pesadas telas que su cuñado tiene que colgar de lado a lado en la habitación: es el telón.
Sus sobrinos -y con el tiempo otros niños del barrio- están fascinados con su buen carácter. Como un hechicero, los transporta con sus relatos teatralizados desde los extremos del terror hasta el dolor de panza de tanto reír.
Por fin abandona la cama el día en que se anuncia la llegada del Circo Mundial a la ciudad. Con un esmoquin a medida y dos maletas repletas de trucos, se dirige hacia la carpa. Cuando regresa, ha cambiado de nombre. Ya no es más Eliseo, ahora es Drake, el mago catalán. El circo lo ha contratado.
Importa un autobús inglés de dos pisos, al que le hace pintar en la carrocería los típicos atrezzos de mago -galera, varita y guantes negros- y, con el pelo largo recogido en una coleta, se une a la claque que parte hacia el centro de España.
Tiene gran éxito con el público. Parece olvidada para siempre su profesión de programador informático. Y también su celibato: en menos de una semana cae rendido de amor por Irina, una eslava domadora de leones, que se va vivir con él llevando sus trajes y látigos de cuero. Comparten una condición poética y arrullos sin idioma en un autobús atiborrado de libros, objetos extraños y confusión.
Viven en estado de gracia hasta la mañana en que el circo acampa en los alrededores de un pueblo castellano. Como es su costumbre, Irina prepara el desayuno y le acerca un tazón humeante a Eliseo, quien se lo agradece con un pellizco en las nalgas. Cuando se dispone a beber, le llama la atención un pelo marrón, como de vaca, agarrado a la gordura de la leche.
Y de pronto, sin previo aviso, se descorre el piadoso velo que oculta todo tipo de menudencias superlativas, como esa pátina de grasa en las mesas y despojos en el fregadero, el polvo y los ácaros agazapados, las semillas o las deposiciones de los loros en las bandejas de latón…
Y un estruendo lo estremece, trayéndole el quiebre. Se fustiga, llora y patalea por haber olvidado su responsabilidad. Y esa noche se larga para no volver.
Drake es el primer mago que se hace desaparecer a sí mismo, según la leyenda que circula en Catalunya. “Fue a cumplir su misión, a controlar el caos”, explica Irina con su acento ruso…, la única que lo comprende.

4 comentarios:

  1. "Y de pronto, sin previo aviso, se descorre el piadoso velo, esa pátina de grasa en las mesas y despojos en el fregadero, el polvo y los ácaros agazapados, las semillas o las deposiciones de los loros en las bandejas de latón."
    He aquí el minicuento de un cuento.

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  2. Las palabras que parecen salir de una catarata amazónica.
    Las historias que se desbordan del cauce de tu imaginación.
    Y a pesar de la ciudad de tu relato, tan medible, los escenarios enormes, como murales inabarcables del maestro mexicano.

    ¡Qué fuerte la pintura!

    Me gusta releerte y constatar que tengo una memoria selectiva que te acoge.

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  3. ...traigo
    sangre
    de
    la
    tarde
    herida
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    LA KARCOMA


    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE MONOCULO NOMBRE DE LA ROSA, ALBATROS GLADIATOR, ACEBO CUMBRES BORRASCOSAS, ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER ,CHOCOLATE Y CREPUSCULO 1 Y2.

    José
    Ramón...

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  4. Increible la historia, parece sacada del realismo mágico que tanto me gusta.
    Preciosa la palabra desasosiego que sólo pronunciarla te procue ese estado.
    Nunca dejes de escribir Mónica, tus universos me fascinan.
    Un abrazo

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