martes, 1 de febrero de 2011

Haikú (MG)

Maria Guilera
Cenamos en el balcón aunque ya empezaba a refrescar. Me resistía a que se acabase el buen tiempo. Ignoraba los escalofríos que me recorrían la espalda.
–Quizá sería mejor recoger la mesa. ¿No tienes frío?
No respondí; le miré con curiosidad, como si fuese alguien a quien no conocía demasiado. Me llené la copa con el vino blanco que quedaba en la botella y pensé que a pesar de llevar tanto tiempo juntos había mucho que no le había contado. No eran secretos, ni nada inconfesable. Eran cosas mías que no había necesitado compartir. ¿Tendría él guardadas otras? ¿Sería posible descubrir algo nuevo y escondido, una vida que hubiera yo ignorado durante años?
–Ponte la chaqueta, no quiero entrar todavía. Siéntate un rato –le pedí.
–Voy a leer a dentro, ahí fuera no hay buena luz.
Hubo un tiempo en el que, por la noche, me ponía su bata larga y me gustaba envolverme en ella. Él metía las manos entre las mangas anchas y decía que mi piel era lo más suave que existía en la tierra. No eres como el resto de los humanos, ni siquiera de los mamíferos; éste es un tacto a medio camino entre la boa y el cisne. Eres una especie nueva, voy a tener que darle nombre, murmuraba. Respiraba junto a mi oreja y ese aliento cálido me impulsaba a abrazarle. Nunca supe qué responder cuando me hablaba de ese modo. Él era un poeta y yo una recepcionista de hotel.
En esos días nos quedábamos en la terraza fumando un cigarrillo compartido. Ahora hacía tiempo que no fumábamos, pero yo seguía deseándolo. No se lo decía, pensaba que era mejor no hablar de eso, no tentarle. A lo mejor él ya había olvidado el humo. Como lo de mi piel.
Escuché las risas de un grupo que salía del bar de la plaza. Nosotros nunca salíamos con otra gente. Él decía que estaba cansado del ruido, que pasaba tantas horas entre gritos que el silencio era lo que más necesitaba. No hubo nunca cenas con amigos, ni siquiera hubo amigos. Me había contado historias de cuando iba a la universidad. A él le parecían muy divertidas, pero yo no comprendía casi nada. Dónde están ahora esos compañeros, le pregunté un día. Y me respondió que todos se habían vuelto unos imbéciles y que no tenía nada en común con ellos.   
Me apoyé en la barandilla y sonó el teléfono en el bolsillo de mis pantalones. El gerente me pedía cambiar el turno, mi compañero estaba enfermo ¿Podía ir el domingo? Le dije que sí, que no se preocupara.
No me importaba trabajar los días de fiesta. Él dormía casi toda la mañana y luego leía un par de periódicos hasta la hora de comer. Por las tardes corregía los ejercicios de sus alumnos mientras yo planchaba o miraba una película de la televisión. Nada de particular.
Una polilla golpeaba la luz de la terraza. Pensé en si nada iba a cambiar, si todos los domingos serían así el resto mi vida. Me hubiera bebido otra copa, pero ya no quedaba vino en la botella. Ahora los del bar estaban justo debajo de nuestro balcón. Imaginaba cómo sería estar ahí, quedar para la próxima cena, colgarme del brazo de alguien, despedirme de los demás y andar hasta nuestra casa despacio.
La polilla cayó sobre la mesa. Intentó volar de nuevo y al cabo de un rato se quedó inmóvil. Cuando ya parecía muerta se arrastró torpemente hasta el borde del cenicero. Levanté la botella y las copas y sacudí el mantel entre los barrotes. Luego entré al comedor. Él estaba dormido con el libro entre las manos y la cabeza ladeada. Pensé que se había hecho muy mayor, las mejillas le caían y, aunque seguía peinándose con una coleta, tenía poco pelo. Me parecía muy atractivo, quizá más que antes, y me hubiera gustado que despertara con las ganas de hablar de hacía siete años, cuando me explicaba las poesías que yo nunca conseguí entender. Tan bonitas. Ojalá me tomara la cara entre las manos como entonces y me dijera otra vez que yo era un haikú. Eres un haikú, el único perfecto que he tenido entre los dedos. Sutil, natural, exacto, precioso. Qué es un haikú, le pregunté, y él se fue a buscar un libro pequeño y cuadrado de tapas negras y muy brillantes y empezó a leer frases cortas. Al final, en las páginas en blanco, escribió mi nombre en japonés. Luego fuimos a tumbarnos en aquella cama extraña, el futón al que ya me he acostumbrado, y me pidió que adivinase qué animales dibujaba su dedo en mi espalda. Una serpiente, dije. Pero qué serpiente, hay muchas, dime cuál. Una boa. Y ahora, siguió, éste es muy difícil, concéntrate. Ya lo sé, un cisne, un cisne blanco.
El grupo del bar se despedía. Me levanté y fui a buscar el despertador. Mañana iría a trabajar pronto. Busqué en las estanterías el libro de tapas negras y brillantes y lo encontré. A la izquierda, los dibujos a plumilla, los símbolos delicados y negros que no podía descifrar. A la derecha, las palabras que yo podía leer, la traducción que él había tardado todo un invierno en terminar mientras le miraba sin poderme creer que aquel hombre me quisiera.

Acabado el monzón,
por los pliegues del monte
sube reptando la niebla

Todo va fluyendo,
los sueños de las libélulas,
en las burbujas del agua.


En el hotel, los domingos no hay demasiado movimiento, tendría tiempo. Leería despacio, reseguiría con la punta de los dedos cada línea, movería los labios repitiendo las palabras sin que nadie me oyera; cerraría los ojos, aprendería.
En algún lugar debía estar escondido el secreto. Cómo podría mezclarme entre los versos, ser yo un dibujo en tinta negra. Boa y cisne otra vez. No una polilla golpeando la luz en un balcón, al final del verano.

16 comentarios:

  1. copio: pareja polilla poesía tiempo boa cisne hotel escritura literatura relato cuento.

    Maria, no sé com es pot fer això, una historia amb l'esperit d'un haiku, un 575 ple de melanconia i potser molt més.
    caa vegada m'agrada més llegir-te, quan ho conseueixo, és clar, i... eso, que m'ha emocionat.

    un cafè al jardí? :)

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  2. Fascinada por ese deambular natural en espacio privados íntimos creíbles y a las vez con toda la magia de lo especial y distinto... a mi también me gusta cada vez más leerte María... escribes con un estilo atrapante totalmente atrapante, que me envuelve y lleva a su atmósfera desde las primeras letras... al leerte -como sólo me pasa con los grandes escritores preferidos- me vuelven intensas todas las ganas de escribir. Gracias María.

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  3. ¡Cuántas cosas en este relato! Hay amor, pero amor con incomunicación. No debiéramos guardar en la estantería nuestro libro de tapas negras, ni reservarnos esas cosas que no necesitamos compartir. ¿Será el sentimiento de posesión el que nos hace bajar la intensidad de nuestra estima? Esa piel que hoy admiramos y gozamos se va exfoliando y precisa que la hidratemos y nutramos. Jamás permitamos a nuestro subconsciente que piense: ya está. Somos dueños de nuestros silencios pero responsables de nuestra ausencia. No permitamos que los sueños se escapen como burbujas del agua.
    Magnífica narración escrita de forma magistral, mis felicitaciones.

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  4. Estimada Mariona,

    El meu comentari en forma d'Haiku.

    Escrius el gest
    dels pensaments intims.
    Rics signes vius.

    Felicitats
    Joan Company

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  5. Excel.lent Mariona.

    Escrius el gest
    dels pensament intims.
    Rics signes vius.

    Joan

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  6. A ver... si es que ya me lo imaginaba yo... estar casada con un poeta tiene que ser un peñazo... claro, es el típico hombre ideal: romántico, guapo... y tú simple mortal no te crees que esté por tí. Lo que pasa es que las chicas listas huyen, les reconocen y saben el tipo de vida que les espera si se quedan junto a ese muermo. Qué sí... que al principio parece que dicen cosas fascinantes... pero al entenderlas te das cuenta que no tienen nada de fascinantes, que simplemente son aburridas...
    El cuento es tristemente precioso.

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  7. Real y con poesía... como la vida misma.
    El Trasgu

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  8. Me gustan siempre tus relatos. Hay algo meláncolico en ellos, algo perdido que no podemos recuperar y eso me entristece un poco. Menos mal que te veo muy bien de ánimo porque cuando los leo siempre es tu cara la protagonista femenina, y a ellas no les va demasiado bien.

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  9. Mariona, no en dubto que reps sabis comentaris però crec que tú, sí que els escrius sabiament. Aconsegueixes implicar-me en la narrativa. Escrius històries plenes de sentiments. Aquesta n'és una. Em sento a la pell de l'Haikú i li demanaria que fes com aquell que va a comprar tabac i no torna. Que ella, deixés a l'Haikú descansant damunt el llibre negre i se n'anés volant no fos que li passés com a l'arna i en lloc d'un mastegot l'ofegessin unes paraules buides que, per altra banda, no entén.
    Ja estic fent boca per a poder llegir la teva nova narrativa. Gràcies. Maria.

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  10. Empiezo a leer con la esperanza de saber que es un haikú pero no, solo intuyo algo. ¿habré sido el único? Sobre la marcha me consuelo pensando que tampoco mucha gente conoce lo que era un quipu y no pasa nada.
    El fondo: coincido con la Mirinda, vaya leñazo el amigo poeta ése. En cuanto al relato, que es lo que interesa, muy bien. Super bien construido.

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  11. Atrapat per la teranyina de la lírica de la teva prosa, més complexa que un haiku, torno a encisar-me amb els giravolts de les teves descripcions sempre tan precises.

    Un admirador secret,
    el somni de les papallones,
    llambregades nocturnes.

    $alut !

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  12. Un relato maravilloso. Intimo. Seduce y te lleva. Enhorabuena.

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  13. La noche se acorta:
    un sueño de cincuenta años
    acaba antes de finalizar.

    Xocolatines:
    El haiku es un tipo de poesía japonesa, estructura 5-7-5, que intenta captar un momento, la sensación que esta pasando y ya se ha ido.
    Fueron utilizados a menudo para expresar el sentimiento a la hora de la muerte.
    Aunque nunca serán "la verdad" ni "la realidad", ayudan a salir de uno mismo.

    Un camino sin retorno:
    el saco del vagabundo
    no tiene fondo.


    María, te tenía algo olvidada, perdón, bueno, no tengo perdón, lo pagaré.
    Mil besos desde el Sur

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  14. relat d'una gran elegància dut amb habilitat i mestria. Se sent el perfum del jardí..., les veus, els records papallonejant entorn la bombeta encesa de la memòria...
    Perquè el joc d'estimar...no té regles, ni previsions. Sols és un secret fascinant guarda't al fons de l'arca embruixada del temps.
    L'haikú és una imatge visual i conceptual que et defineix plenament: perquè tu, com ell, ets delicada, bella, profunda... Felicitats, Maria!!cada vegada voles més amunt...Per a moooolts anys!!

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  15. Gracias por devolver la visita.
    Si, el Lector...es mi blog, en el pretendo hacer lo que su lema dice.
    Mil besos desde el Sur

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  16. Gracias por devolver la visita
    Si, mi blog es El Lector.
    Persigo hacer lo que dice el lema.
    Mil besos desde el Sur

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