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Mostrando entradas de 2011

El espíritu de la Navidad (RR)

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Rosana Román
Harta de tragar por televisión todo tipo de anuncios consumistas que sugieren posibles regalos, decido que lo mejor será salir a la calle para impregnarme del auténtico espíritu navideño. A mí, personalmente, me repatean estas fiestas durante las que parece que por fuerza has de sentirte feliz y en armonía con todo el mundo, aunque te lleves fatal, aunque no te soportes. Días de gastos y de regalos obligados en los que sobre todo te agobia aquello de qué le compro yo a fulanito que no me repita. La calle me parece la de siempre, las mismas prisas, las mismas caras amargadas... Y digo yo que a lo mejor se llama espíritu porque no se ve. Oigo, eso sí, frases típicas a mi alrededor: “Bon Nadal” “Felices Fiestas”, pero todas me parecen  huecas. Pienso que ojalá pasen pronto estos días y podamos volver a la normalidad para  no tener que fingir. Cojo el coche para ir a la ciudad. Por la radio informan de otro atentado terrorista. Esta vez la víctima es un guardia urbano que, al ir a…

Canelons (MG)

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Maria Guilera La meva filla petita vindrà a dinar amb el seu nòvio. Ella no vol dir-li així, però és el que més s’hi assembla. Ahir vaig deixar feta la safata dels canelons i només he de preparar la beixamel. Que no hi posi gaire formatge, m’ha dit la nena. Que no és que a l’Alberto no li agradi, però es veu que a casa seva no en mengen gaire. No ho acabo d’entendre, si precisament és el toc de gràcia. Però potser mengen d’una altra manera, a casa d’aquest noi. De segon, un rostit amb albergínies. –On vas a parar –va rondinar  ella –Ara ja no es menja tant, mama. –Per si de cas. I si no en voleu, això no es fa malbé. O te l’emportes a casa teva i ja no hauràs de fer el dinar un parell de dies.
Remeno la farina poc a poc, ha de quedar una mica torrada, si té gust de crua no val res. I penso en el dia que va pujar l’Antonio a casa, que només feia un parell de mesos que sortíem, però els pares ja el volien conèixer; no se’n refiaven gaire perquè no era d’aquí. Pobres, mai no van dir-m’ho, p…

L'home que plora (NL)

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Natàlia Linares Castelló (Foto: Audah)
Szyja neteja les botes altes de color negre. Hanka planxa la camisa i l'uniforme, que du una insígnia de creu gammada. L'habitació, espaiosa, és moblada amb llit, armari i escriptori. Una tauleta auxiliar suporta un gramòfon que fa girar un disc.
La porta oberta del bany deixa veure la banyera plena d'aigua escumosa i un home  que plora desconsolat, embriagat per les ones sonores que omplen l'estança. Com més vibra l'aparell, més aflicció li provoca a l'home que jeu estirat dins la banyera. El mirall sua, com acompanyant el dolor sofert.
El so de Wagner segella un moment màgic, uns llargs minuts en què l'home es descobreix més viu que mai, perquè  percep les emocions que porta tancades, l'amor adormit en un nus ben a dins de les entranyes. Ningú li ha dit com mostrar-se. I s'ofega entre llàgrimes, com aquells centenars d'éssers humans, amuntegats dins un vagó de tren, patint asfíxia, aixafats amb dolor i tr…

Correspondència (VH)

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Vicenç del Hoyo (Foto: Kevin Arguzon)
Agafà  la clau i va obrir la porta d’entrada a l’escala. Hi havia foscor malgrat que era primera hora de la tarda. Els divendres podia sortir de la feina dues hores abans que la resta de tardes. Va aproximar-se a la bústia, va mirar per l’allargada escletxa de dalt i va veure que hi havia un sobre blanc. Hauria d’obrir la porta de la bústia, va pensar. Malgrat la incomoditat de dur penjat el pesant ordinador a l’espatlla i a la mà, la bossa amb el contingut de la compra al súper, va provar d’obrir la bústia sense deixar la bossa al terra. Va fer entrar la mà al nínxol de les cartes i en va sortir el sobre blanc que ja havia vist i una altra cosa. Va anar cap a l’ascensor i va prémer el botó. Sempre està a l’àtic quan arribo, va pensar, i quan vull baixar sempre és a la planta baixa, va continuar pensant. Mentre esperava, va veure que al sobre blanc estava escrit el logotip de l’Hospital. Va trencar el sobre. Feia unes setmanes que havia participat …

La mano que te acompaña (VA)

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Vicente Aparicio
Huele a madrugada, las últimas luces de un pueblo, dos figuras que se adentran en una carretera estrecha y recta, huele a manos entrelazadas, un silencio poblado de sonidos pequeños, grillos, ramas, hojas, búhos, la cadencia sosegada de los propios pasos, andándose, ladridos que ladran a lo lejos, huele a agosto, a espliego, a sed, recuerdos, huele a asfalto, a cuneta, el brillo majestuoso de un cielo estrellado, cenital, dos cabezas que miran en una misma dirección, huele a verde, a tierra, a negro, huele a beso, a la distancia que separa a ambas cabezas de todo lo demás, huele a reloj de pared dormido en su cama, a paz, a siempre, el dulce hormigueo del amor sin palabras, huele al polvo del camino, el resplandor lejano de un motor que se aproxima, huele a unas décimas de frío, a chaqueta tejana, la felicidad del próximo amanecer, su tristeza, huele a hoy, a manzanilla, trigo, amapola, huele a pino, huele a qué, a máquina, velocidad, risas, vendaval, estrépito, gritos…

La isla del lago (LE)

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Lola Encinas
Se acercaba la semana santa y las agencias competían ofertando viajes y estancias en lujosos hoteles a precios irrisorios.
Todos mis amigos ya tenían planificado cómo pasar esos días. Unos optaban por el viejo continente, incluso repetían países para recrearse en el recuerdo. Les gustaba patearse las ciudades y sus museos, para luego presumir de su cultura viajera.
A los amantes del mar, ávidos de sol, agua y arena, no les importaba cruzar el Atlántico para disfrutar de las idílicas playas caribeñas.
Otros, los aventureros, se arriesgaban a viajar a países en los que vivir o morir era cuestión de suerte, y en los que los turistas occidentales suelen ser blanco de atentados fundamentalistas.
Ninguna de las opciones elegidas por ellos atrajo mi interés y no me importó quedarme descolgada del grupo.
Últimamente  me encontraba muy cansada y apática. Necesitaba una cura intensiva de sueño y un cambio de aires.
Empecé a mirar folletos de Balnearios y Hoteles con programas que se adapt…

A quien pueda interesar (RR)

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Rosana Román Olesa, 23 de enero de 1980 El relato que refiero a continuación tiene como fin salvaguardar la verdad de los sucesos acontecidos a finales de diciembre, cuando a mi compañero Florentino Ramírez y a una servidora nos encargaron investigar un caso de desaparición en los alrededores del monasterio de Montserrat.
Florentino ha entorpecido en todo momento mi investigación, ya que no sólo se ha tomado el caso a broma, sino que ha encontrado un filón para burlarse de mí desde que le dije que el tema me parecía serio porque creo en otros mundos además del nuestro.
A él, en estos momentos, sólo le interesa la cuenta atrás de los días que le faltan para jubilarse de la Benemérita sin complicaciones ni riesgos. La señora Samanta Pí denunció la desaparición de su marido un sábado por la mañana. La noche del viernes no había vuelto a casa y según ella, aquello era algo insólito.
Como es habitual, se siguió el procedimiento de esperar, dada la frecuencia con que desaparecen las personas los …

El armario (MS)

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Texto e ilustración: Mónica Sabbatiello
Si no estuviese atrapado en los tejidos de mi imaginación, enredado en su baba meticulosa y en su obsesiva construcción, podría ver el orden perfecto en la danza de las espigas que la luz y el viento recortan a cada instante de manera distinta. Si no estuviese atrapado por una manera fija de percibir, podría ver el carácter insólito del sol, ahora salvaje cuando atardece. Percibiría esa condición única de su tibieza, de su lejana cercanía, su paisaje rodeado de vacío. Vería en todo el sentido del ver.  Por mor de tantas líneas estables en mi mente, me quedé en esta habitación, que se alicató en grises, como los pasillos de la casa que se llenaron de terrores inabordables, hasta cerrar la puerta con cuatro vueltas de llave, hasta impedir asomarme más allá de la ventana desde donde, como toda señal de vida, me llegan los aromas de las mentas y la luz de las espigas. Sin esta ventana todo sería negro noche. Pero mucho me temo que la mente desoville …

Aromas de Schubert (MG)

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Maria Guilera
Regresábamos a casa tarde porque el concierto se había alargado más de lo previsto. Habían decidido comenzar con el Septeto en Mi bemol de Beethoven y luego, tras el intermedio, interpretar a Schubert, el auténtico protagonista de la velada que culminaba el ciclo de verano.
Durante casi tres horas la música flotó sobre nuestras cabezas, tomó caminos difíciles entre los bancos de la iglesia de Santa María de Vilabertrán, se escondió tras los capiteles para surgir de nuevo lejos, como suspendida de las bóvedas. Entre cada pieza el silencio abría paréntesis que ningún abanico se atrevía a romper. No hubo suspiros, ni toses, ni quejidos de la madera. Los aplausos al final de la obra parecían acompasados, vibrantes y, sin embargo, contenidos.
Salimos al claustro. El ozono que precede a las tormentas de verano se impuso a las esencias amaderadas de los hombres y al perfume floral de las mujeres. Hubo tiempo para tomar un par de copas de cava que esperaban en una delicada escenog…

Curiositat (NL)

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Natàlia Linares
-Hem de trencar l’os -va sentenciar el metge. -L’os està mal trencat, i si li trenco del tot, es podrà soldar millor. -Però què ha passat, filla meva? -li vaig poder preguntar quan la Laia ja duia el guix. -Volia veure la torre del campanar de l’ església i m’he enfilat dalt de l’arbre de la plaça -ploriquejava. -Filla, si el campanar el pots veure quan anem a casa de la tieta. -Sí, mare, però jo volia veure com es colpegen les campanes, veure quan comença el so, en quin moment  és el primer dringar i quina és la que comença; i no només això, sinó veure també l’últim cop, i paren. El mossèn diu que les dues campanes; la Rosita i la Flora, s’estimen i es fan un petó ràpid al començament, fins que, lentament, es tranquil·litzen i ho deixen de fer.

Un tall de pastís (VH)

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Vicenç del Hoyo (Foto: V. Pardo)
Quan vaig arribar, el dilluns al vespre, a casa, em va costar reconèixer l’edifici. Un parell d’ambulàncies amb les sirenes silencioses però amb els llums oscil·lants il·luminaven totes les façanes. Hi havia tres cotxes de policia aturats, tots ells de mida diferent. Les seves llums blaves es barrejaven amb les taronges. Donaven un aspecte teatral a les façanes. ―Em deixa passar? Visc al 5è ―vaig preguntar a un parell d’homes uniformats. ―Haurà de pujar a peu. L’ascensor és ocupat ―em van respondre. Quan vaig entrar a la porteria em sentia com qui entra al teatre. A la majoria de les finestres dels edificis veïns hi havia espectadors desocupats que vigilaven l’espectacle. Hi havia grups de persones s’anaven acumulant, no només a les voreres, sinó també al carrer, ja que havia estat tallat. Parlaven entre ells, alçaven el cap per mirar cap a algun lloc indeterminat de l’edifici. A l’interior, no es veia ningú. Em va sorprendre que hi hagués tanta expectació …

Papá (VA)

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Vicente Aparicio
Desde el sofá, oía a mi hermana llorar, dibujos animados en el televisor y fragmentos de una conversación, más bien una discusión, no demasiado violenta, voces tras la puerta desprovistas de su habitual cautela, figuras en movimiento silenciadas por el mando a distancia, mi hermana detrás de la puerta, su llanto, y un olor a guiso protestando desde la cocina, la voz de papá, palabras sueltas, palabras severas, y mamá murmurando una cansada queja, la niña que llora y el tomate, la carne picada, la cebolla tiñendo la cazuela de barro de un olor pausado y negro, la puerta que se abre y unas zapatillas que caminan, platos, vasos, agua, pan, dibujos animados, cubiertos, servilletas, apaga la tele y ven, tesoro, guapo, lechuga y zanahoria, silencio, albóndigas heridas, come un poquito, cariño, anda, y un helado de nata, mimos, a dormir, ningún indicio de papá, papá desvaneciéndose, papá desapareciendo y mi hermana sí, mi hermana llorando detrás de la puerta cerrada al atrave…

Con denominación de origen, siempre (LE)

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Lola Encinas
Es bien cierto que no se valoran las cosas hasta que se pierden… Y aunque en mi caso sí lo hice, la rutina se encargó de minimizar su valor y lo catalogó como algo duradero. Me  encantaba entrar en el cuarto de baño después de que se hubiese duchado. En su piel los diferentes aromas de gel, champú, after-shave y colonia se concentraban en un perfume único y especial, con “denominación de origen”. Por eso, aunque no estuviese, apenas notaba su ausencia ya que el ambiente estaba siempre impregnado de su olor. Durante el día su esencia me acompañaba flotando por todas las estancias. Por la noche, se infiltraba entre las sábanas y mis sueños y al amanecer, cuando el olor se intensificaba, no tenía necesidad de abrir los ojos para saber que de nuevo le tenía junto a mí. No recuerdo cuánto tiempo pasó perfumando mi hogar y mi cuerpo, sólo sé que poco a poco su fragancia se fue disipando hasta desaparecer de mi vida. Cada mañana, obstinadamente, mi olfato buscaba en vano su vital sus…

Principios (RR)

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Rosana Román
No, señoría, no es así. Yo no le rompí el cristal con el codo a ese señor, él me atropelló a mí cuando yo cruzaba por el paso de cebra.

Esa fue mi declaración, pero nadie la creyó. No pude aportar testigos porque era de noche, tampoco dio positivo en alcohol. Supongo que fue un despiste, pero a todo el mundo le pareció más lógico que yo atacara un coche que haber sido atropellado por él. La injusticia me desespera y reconozco que me enfadé al oír la sentencia, eso no me benefició. Ahora, por llamar corrupto al juez estoy pagando más que por romper un cristal que nunca rompí o, mejor dicho, que sí rompí pero con mi cuerpo. Desde el penal de Aranjuez, espero a que este malentendido se aclare. Mi abogado dice que tenga paciencia, pero yo creo que lo que espera es que pasen los seis meses y que salga con la pena cumplida. Mientras, mi atropellador pretende que le pague los desperfectos del coche, a lo que me he negado por principios. No sé cuando saldré.

El matambre es ideal como fiambre (MS)

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Foto: Marina Abramovic
Texto: Mónica Sabbatiello
Tenés que sacarle toda la grasa a la carne porque sino te la vas a encontrar en el matambre, y será algo duro y desagradable, aquel día me llevó media hora quitársela, es lo que más trabajo te da, tenés que hacerlo con un cuchillo bien afilado, aparte preparás una picada con mucho ajo, perejil y vinagre, yo le puse seis dientes ese día porque era de una res robusta como mi gordo que yo creía que estaba trabajando solo en el taller, y no usando su zanahoria, y que no se te olvide, tenés que hervir algunas zanahorias, aunque si las querés poner crudas tenés que cortarlas en tiritas muy finas, yo escuchaba la radionovela en la cocina, como siempre, y no la sentí llegar a esa meneona de culo grasiento, una vez que le sacaste la grasa, le ponés la picada de ajo y perejil y las zanahorias fileteadas, y le agregás dos o tres huevos duros enteros, lo enrrollás bien, y ahí viene lo difícil, tenés que coserlo con una aguja grande y un hilo fuerte…

Dennis, el cubano que arrasó (MG)

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Maria Guilera
Me gustan las aventuras, sobre todo inventarlas. No soy una persona temeraria aunque me haya arriesgado más de una vez a ser pillada en falta, pero no por poner mi vida en juego, para qué nos vamos a engañar. Lo mío son los riesgos calculados, siempre con cinturón de seguridad. Por eso lo del huracán tiene mérito. O es de una temeridad lamentable, según se mire. Una no va a Cuba esperando ver pasar un ciclón. Si me hubieran advertido sobre él igual me quedo en casa, a mí echarme atrás no me cuesta nada, no sé lo que es el orgullo ni la dignidad y donde dije digo, digo Diego y me quedo tan ancha. Quizás alguien me lo comentó, “¡cuidado con Dennis!”, y yo creí que era la enésima broma sobre el mulato que bajo ningún concepto debía traerme de regreso a Barcelona; qué se yo.
El caso es que ese día hacía viento en la Habana. Era de agradecer porque mi compañera de viaje y yo estábamos muertas de calor. Mientras andábamos por la calle Oficios oímos la voz del Comandante habl…