viernes, 1 de octubre de 2010

Tres, una y dos

LOLA ENCINAS
Nos divertíamos mucho. Yo la admiraba por su desparpajo y extroversión, ya que ambas cualidades abrían las puertas que mi timidez y una excesiva racionalidad me cerraban.
Nos complementábamos de tal forma que cuando actuábamos por separado, nos encontrábamos incompletas. Éramos como un pack indivisible.
Pero un día, las cosas cambiaron, o tal vez fuimos nosotras, el caso es que no sé cuál fue el detonante; miento, sí que lo sé, fue Álex.
Le conocimos en una fiesta de fin de curso y nos gustó a las dos. Supongo que nosotras a él también. A partir de ese momento, al confesarnos el impacto que nos había causado, nuestra alianza hasta entonces conjunta pasó a ser individual.
Cada una de nosotras se dispuso para la batalla, haciendo gala de sus mejores armas, y por supuesto, sin desvelar la estrategia.

Lo primero y principal era que Álex se decantara hacia una de nosotras. Una vez hubiera tomado posición, se iniciaría la segunda fase: ambas, elegida y no elegida, intentaríamos seducirlo hasta culminar la conquista.
Durante un tiempo, la lucha estuvo bastante igualada, pero ante la indecisión y pasividad del objetivo empecé a dudar y desilusionarme.
Una vez más, mi mente se antepuso al corazón y llegué a la conclusión de que no merecía la pena el esfuerzo y abandoné la contienda.
El caso es que mi retirada desniveló la balanza y acabó dando la victoria a Lidia. Ella, ni por un momento pensó que su éxito pudiera ser consecuencia de mi decisión. Su bien alimentado ego no le permitía la más mínima duda.

Acababa de sentarme cuando entraron en la cafetería. Hacía lo menos seis años que no los veía. Quedamos frente por frente, lo que imposibilitó el disimulo. Lo sustituimos por una expresión de sorpresa.
Nos besamos y los invité a sentarse en mi mesa.
La charla fue un “bosquejo” actualizado de hechos.
No faltaron las típicas y consabidas anécdotas del pasado, que dejaban constancia de nuestra antigua amistad.
Como siempre, Lidia tenía el monopolio de la palabra. No paraba de hablar, se la veía radiante y satisfecha. Álex y yo nos limitábamos a sonreír, y a poco más.
A partir de ese día nos vimos con frecuencia. Compartíamos salidas y amigos comunes. Lidia presumía ante el mundo, y especialmente ante mí, de su amor y su felicidad.

Mi amiga olvidó que las guerras importantes suelen ser largas. Y que a pesar de existir períodos de aparente paz, nunca se debe subestimar al enemigo, sobre todo si ha sido ”derrotado”. La exhibición del botín conseguido fue una provocación que hizo revivir en mí los fantasmas del pasado.
Había llegado el momento de poner en práctica una nueva y muy premeditada estrategia. No iba a ser tan generosa como antaño. Algo en mi interior se rebelaba y pugnada por salir, algo que daría un vuelco definitivo a la batalla final.

Han pasado seis años más desde el casual encuentro en la cafetería. Y todo ha cambiado, incluso yo.

Este mediodía he ido a buscar a Álex. Hemos comido en un restaurante cerca de su trabajo.
Estábamos en el postre cuando Lidia ha entrado en el local. No nos ha visto.
Álex me ha cogido de la mano y me ha besado. Ha pedido el café y la cuenta.
Como hacía una tarde espléndida, hemos ido paseando tranquilamente a buscar a nuestro pequeñín a la guardería.

9 comentarios:

  1. ...verdades en una historia así sólo hay una, e interpretaciones muchas. Me he imaginado a Lidia contando: "...uf, de la que me he librado con estos dos pájaros...".

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  2. la bruja de provenza2 de octubre de 2010, 11:41

    La rivalidad contada paso a paso.
    La estrategia inicial y el abandono.
    El rearme y el plan de ataque.
    Las cartas en la mano, el juego rumiado en una partida de largo recorrido.
    La victoria final.

    Me gusta ese estilo directo, Lola. La frialdad de un relato que, solo al final, descubre el latir y el sentimiento.
    Un texto que, como la propia historia que presenta, ha seguido un camino perfectamente diseñado.

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  3. No ha dos sin tres, dice en mi pueblo.
    Muy bueno, Lola, como siempre.
    Lo subo a mi ventana el día 6. Gracias

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  4. Fluye, delicioso, el relato. Me encanta. Me imagino que podrías sumarle algo más de morbo... ese descubrir de Álex de los encantos deliciosamente ocultos de la protagonista... pero es mi propio morbo viciosillo el que imagina... En esto hay arte, en que dejes que el lector imagine detallitos... muy bueno Lola.

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  5. Parece que el pack indivisible, no lo era tanto. Amistad de adolescencia que al final no era tal. Cuando llega el sexo contrario la amistad se pone a prueba y en esta historia todos pierden aunque parezca lo contrario.
    Muy bien escrito, pero para mi algo triste.

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  6. Pero bueno, ¿es que los hombres somos una mercadería a la que se puede manipular sin más? Algo tendrá que decir el amigo Alex de todo ello. Tonto no es, primero se lo hace con la que le divierte y cuando se cansa de ella, se va con la inteligente.
    Supongo que la historia tiene el viso de ser real como la vida misma; nos hace sonreír por las dotes de ironía que contiene.
    El relato se desliza rápido por nuestra retina, mantiene la tensión del lector y no se aprecian descosidos. Muy bueno Doña Lola.

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  7. quien rie el último rie mejor, este relato me sugiere muchas cosas. te invito a pasarte por mi blog,Acabo de empezar espero que te
    http://www.intereconomia.com/blog/helados-invierno/talento-desapercibido

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  8. Rivalidad por un hombre y secuencias lanzadas a la paciencia y a la oportunidad de quien sabe esperar. Parece que no eran tan amigas.

    Un cordial saludo.

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  9. Este relato abre tantas puertas como lectores tiene! Deberías escribir una serie sobre las fantásticas batallas que conforman la guerra por Alex, con todas sus estrategias, planes de ataque, armas, victorias y derrotas... Jajaja... es que me han venido a la cabeza tantas cosas divertidas!

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