miércoles, 20 de octubre de 2010

En esencia



Maria Guilera
Eladio Casas fue, hasta hace unas semanas, el hombre más rico de la familia. Hablando con propiedad, el único hombre rico de una familia casi extinguida.
Eladio Casas murió el doce de junio y sólo mi marido y yo estábamos en el tanatorio para recibir el pésame. Tal y como había dejado escrito, el ataúd se cerró para que nadie pudiera contemplar su cuerpo sin vida. En cambio, sobre la madera noble reposaba un marco con su fotografía. Pocos hubieran dicho que aquel chico sonriente y en mangas de camisa, con el cinturón apretando unos pantalones anchos de tela basta y alpargatas de esparto, era el difunto señor Casas.
Ninguna corona con cintas fúnebres. Sí en cambio, siguiendo otra de sus consignas, un cesto de tomillo.
La pequeña sala olía a monte.

Hoy he visitado el piso de la calle Enrique Granados, que debe cerrarse. Mi marido me ha pedido que me ocupe de vender los muebles y las pinturas. Con lo demás puedo actuar como me parezca bien.
No creí que llegara tan pronto la posibilidad de acceder al secreto. Si es que el señor Casas ha dejado alguna pista.
Su secretario está allí, nos conocemos. Me ha presentado a la gobernanta y ella me ha indicado el despacho, la biblioteca y el dormitorio del difunto señor. Luego se ha retirado con una frase antigua: -Si la señora no manda otra cosa.
He entrado en el baño. Impersonal, como el de cualquier hotel de lujo. En los estantes de mármol negro veo algunas pastillas de jabón y toallas dobladas.
Qué colonia debía usar, pienso. No hay ningún frasco.
Me miro en el espejo. Quiero saber cómo he llegado a ser la mujer del heredero.
Mi marido es el sobrino de Eladio Casas.

Recuerdo la cita, siete años atrás, con el secretario del señor Casas, poco después del funeral de mi padre. Se había acercado a mí para darme el pésame y me entregó una tarjeta. No deje de llamarme, por favor, dijo.
Luego, mi extrañeza al comprobar la información que tenía sobre mi familia. El misterio con el que envolvió la entrevista, muy breve, y la asignación mensual que recibí a partir de entonces. La matrícula en la universidad privada, los veranos en Inglaterra con profesor particular, el máster.

La luz del baño es suave, me favorece. Mi cara conserva los rasgos familiares, los de mi familia del pueblo. Sin duda nunca hubiera logrado por mí misma la elegancia que tiene la mujer del espejo. Eso es obra de Eladio Casas, mi benefactor, al que no conocí hasta la presentación oficial, un mes antes de mi boda.

Cruzo la puerta de su despacho. Me siento en la butaca de piel desgastada y pongo las manos sobre la mesa. La alianza en el anular, el anillo de prometida en el dedo corazón.
No hay sobre el escritorio nada especial, ningún papel, ningún libro. Ni siquiera un dietario, una agenda imprescindible.
En los tres cajones de la derecha, ordenados, sobres y cuartillas de distinto tamaño con su nombre impreso.
El cuarto cajón está cerrado.

Suena el teléfono, es mi marido. Yo no tengo ganas de hablar.
Todo bien, sí. Acabaré pronto. Te llamaré.

Eres demasiado seria, decía mi madre. Así no vas a encontrar novio.
No tuve que esforzarme, me lo encontraron. Supe que formaba parte de un plan que me beneficiaba, que todo estaba previsto y yo debía aceptar sin más.
No pregunte, señorita, me sugirió el secretario del señor Casas. Es por su bien.
En algún momento dijo, como de pasada, que se estaba reparando una injusticia. Si quería, podía renunciar a ello.
Pero yo era una mujer inteligente y no tenía nada que perder.

Salgo del despacho sin saber muy bien qué estoy buscando, pero con la certeza de que lo encontraré.
Voy al dormitorio. Una cama de madera, una cómoda de línea abombada. Abro los cajones y toco mudas que no parecen usadas, ropa interior con las iniciales bordadas, pañuelos doblados escrupulosamente.
El armario ropero está ordenado con una pulcritud que recuerda las tiendas inglesas de caballero. Los trajes, del negro al gris, cuelgan de las perchas guardando entre ellos una separación idéntica.
He sacado uno y he hurgado en los bolsillos. En el del chaleco hay una ramita de tomillo. Compruebo, con calma, que todos guardan una en su interior. Qué hombre tan especial.
Las manos me huelen a monte. O a tanatorio.
En el último bolsillo del último chaleco está el llavín. Con él he abierto el cajón cerrado del escritorio.

Dentro, una carpeta oscura que sé que esconde la verdad y una fotografía de mi padre, muy joven, echándole el brazo sobre los hombros a Eladio Casas. En el reverso, la dedicatoria con la misma letra picuda, con la misma tinta azul que tantas veces había visto escrita en los sobres de la casa de mi infancia, los que distribuían el escaso salario entre los implacables gastos: alquiler, gas, electricidad, mercado, varios.
He leído la frase, breve. A mi mejor amigo, con afecto. Y debajo el nombre de mi padre con una rúbrica simple, una raya inclinada.

Luego he abierto la carpeta. Papeles, títulos de compraventa, escrituras. Y una carta escrita con la misma tinta azul, palabras desesperadas que hablaban de su mujer y de mí, su hija pequeña. Suplicaba favores, pedía que le fuera devuelto, al menos, la mitad de lo perdido. En nombre de la amistad que juraron eterna.

Hasta donde yo sabía, mi padre nunca fue un jugador. O nunca más lo fue desde que Eladio Casas le ganó todas las tierras. Campos de tierra yerma en la que no crecía más que tomillo.

"Aromas del Monte", colonias y jabones. La esencia más exportada del país.

16 comentarios:

  1. Hola Mariona,
    a mi me ha gustado mucho. Me sorprendió el final porque pensaba que Eladio resultaría ser su padre.
    Yo creo que no has faltado a tu estilo, pero yo no soy ninguna experta.
    El toque del tomillo me parece muy romántico/ dulce, no sé, bonito!

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  2. Me encanta el final. Sigo sintiendo a esa narradora que hace que te sumerjas en la historia, sin saber nunca como terminará.
    felicidades!
    Louise

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  3. Els teus relats són com els olis essencials de la farigola: m'arreglen el cos i l'ànima. Ets digestiva, cardiovascular i sensiblement guaridora.

    Et segueixo admirant secretament.

    Una abraçada.

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  4. M'ha agradat molt i també penso que sí que està impregnat del teu estil, però aquest acaba força bé. Tot i que tinc molts dubtes sobre l'argument. Si eren tan amics, el pare necessitava ajut i l'Eladio el volia ajudar, perquè tant secret?
    Bé, no vull trencar la màgia del relat amb qüestions pràctiques. M'ha agradat molt tota l'ambientació! Ah! I m'he anat a rentar les mans per sentir una mica de bona olor, tot i que el sabó que hi ha a l'oficina és de lavanda.

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  5. De tots els relats teus que he llegit és el que més m'ha agradat. Manté la tensió fins al final. Independentment de com acaba, ha sabut mantenir el meu interés. Enhorabona. No perdis l'essencia per conservar-ne tota la fragància. per molts anys!!!!

    Joan

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  6. Magníficamente relatado. Ya hemos hablado de los peros.
    Una sugerencia: Si en lugar de tomillo pones lavanda ummmm.

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  7. Me encontré, a pocas palabras andadas, con tu respiración, tu manera atrapante de relatar, es un relato particularmente María Guilera. Creo que ritmo es el que más se te parece, como una piel, en ambiente lo mismo, en composición espacial, aromática, en intriga y desenlace, me gusta particularmente como aparecen las particularidades del personaje, Eladio, a través de jabones, estantes y trajes... en fin... me atrapó, como lo haces tú siempre, embrujadora de Provenza.

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  8. Me ha gustado el relato. Con la riqueza descriptiva habitual de la autora, la narración nos mantiene atentos y ávidos de lectura. Poco a poco se van revelando datos que en lugar de saciar nuestra curiosidad, acrecientan la intriga y alimenta ese mórbido interés por desvelar el misterio. Secreto o incógnita que finalmente se revela, lo cual es de agradecer.

    Nos ha gustado que se haya utilizado el perfume de una planta tan común y no por ello menos apreciada. A raíz de la lectura voy a indagar las cualidades culinarias del aceite de tomillo; no hay nada mejor que combinar lectura con gastronomía y conversación.

    En cualquier caso el escrito está impregnado de humanidad; ¿reparar una injusticia? “Noblesse oblige”. Felicidades autora.

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  9. Podría leer de nuevo el relato para efectuar un comentario con mas conocimiento, pero prefiero la primera impresión. Me gusta el tono como antiguo de tot plegat, me ha recordado un poco a la heredera Bassegoda de un libro que leí hace poco. Tiene tu ritmo y la siempre esperada gracia del final, en este caso, muy elegante y menos estrafalari que en otros relatos. Evidente que está en tu línea, sin discusión. Muy bien !!

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  10. Com sempre espero els teus relats amb alegria i moltes ganes. Tot el que escrius m'agrada i friso per rebre el mail dient que ho has tornat a fer. Moltes gràcies per aquests moments que cultiven l'ànima.
    Petons,
    Vane

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  11. Todo encaja en esta magnífica historia.
    ¿Os habéis parado a pensar que parte de lo que somos y tenemos hoy en día es consecuencia de lo que hicieron o decidieron nuestros mayores tiempo atrás...?

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  12. Un relat perfecte. Amb tocs delicats, femenins "la dona del mirall", l'olor a farigola...
    El teu estil es reconeix indefectiblement. Potser en aquest cas hi ha un punt de misteri anunciat i fa, un poc més, d'olor a enigma, intriga. Tot ell és, com sewmpre, una petita obra d'art: felicitats! TERESA SERRAMIÀ

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  13. ¡Estoy que floto!
    ¡Vaya comentarios, por dios! Si son mucho mejores que el texto...
    Me esmeraré para no defraudar.

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  14. Un relato made in MARÍA, costumbrista, intimista y que aparentemente tiene un final feliz...
    (Si exceptuamos al finado, claro).

    Pero aún así y todo, se fue con la conciencia tranquila.
    Quiero expresar la impresión que me llega de cada personaje, desmenuzar su papel en la historia a través de su actitud.
    Que duda cabe que ELADIO es el principal protagonista, el que corta y deshace...

    El sobrino-heredero-marido es apenas un "apunte". Acepta gustoso la futura mujer que le buscan, delega en ella todo lo concerniente a la herencia y supongo que más cosas.

    El padre a pesar de haber tenido "mala suerte" en la partida, la tuvo buena en su petición de ayuda y resarcimiento.

    Y por último, la chica. La más beneficiada e inteligente.
    Buena educación, estudios, posición social, incluso glamour y belleza. Y encima resuelve el enigma.
    ¿Qué más se puede pedir?

    Tal vez una ramita de tomillo ???


    FANTÁSTICO !!!

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  15. Mariona, encara que tard rep el meu modest comentari. Quan vaig llegir el teu relat em va agradar molt. La primera emoció va ésser de sorpresa. Com sempre fas en les teves narratives, aquestes són clares i concises. En aquesta has aconseguit que la sorpresa del final em deixés garrativada. Fantàstic! Espero que molt aviat aparegui una de nova. Llegir-te és un plaer. Gràcies. Maria

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