miércoles, 22 de septiembre de 2010

Nochevieja

VICENTE APARICIO
Nochevieja en la Ciudad Hermosa. Son las ocho de la tarde y me llamo Andrés Almansa, fotógrafo profesional. Una multitud de paseantes y compradores serpentea por la Calle Principal, camino de la Plaza Mayor. Saboreo el placer anónimo de caminar en sentido contrario. Aborrezco la alegría unidireccional, los itinerarios sin sorpresas, las fotografías que alguien hizo antes. Me detengo en un supermercado a comprar un racimo de uvas.
Elegí ser fotógrafo porque soy impaciente. Capto instantes. Llego, veo y disparo. No tengo tiempo para darle más vueltas. El tiempo es oro, corre deprisa y me hago viejo. No anhelo ser inmortal. Anticipen el vano placer de la inmortalidad los aspirantes a artistas. No pretendo salvar el mundo. No me interesan los monumentos. Prefiero las copas de vino, las mujeres fáciles y la caída de las bufandas sobre los rostros ateridos de frío.
Son las nueve y media de la noche y la habitación de mi hotel respira el confort de una calefacción bien educada, con vistas a la Catedral. Vine a la Ciudad Hermosa por azar. El bolígrafo cayó ahí y pintó una mota azul sobre la superficie del mapa. Si eres un avión, el mundo camina muy despacio. En un par de horas aterrizas en la otra punta del planeta. Lavo los granos de uva, los seco con una toalla y los pongo en un vaso de cristal, sobre la mesilla de noche. Me tumbo en la cama. Enciendo el televisor, y un cigarrillo.
Soy un adulto. Soy un adulto y nunca había estado antes tan seguro. Si yo fuera un pusilánime, esa desgracia esencial haría que se me saltaran las lágrimas. Andrés Almansa no llora, si no es de alegría. Tengo sueño y falta mucho para las doce. Podría quemar la noche en brazos de una mujer, pero es tan sencillo tener sexo. El televisor farfulla y no le presto atención. Bajo el volumen. Alguien dice algo, al otro lado de las delgadas paredes. Alguien contesta. Soy un adulto y nunca dejaré de ser un adulto. Tengo hambre, pero no me apetece comer.
Son las once de la noche y lo más importante en la vida es saber estar atento. ‘Fumar puede dañar el esperma y reduce la fertilidad’, leo en la cajetilla de tabaco. Desconecto el teléfono móvil. Oigo el estruendo de la cisterna del inodoro en la habitación de al lado, alguien que se lava los dientes, una maquinilla de afeitar. Pongo la almohada a mis pies. Oigo risas y retazos sueltos de una conversación, la puerta de la habitación que se abre y se cierra, pasos, más risas, palabras que atraviesan el pasillo y se adentran en el júbilo de la noche.
Nochevieja en la Ciudad Hermosa. Me despierto sobresaltado y la luz de la lámpara hiere mis ojos confundidos. La televisión parpadea en silencio. Mis vecinos han vuelto a casa: a través del tabique, les oigo jugar a los jadeos. Sobre la mesilla, el vaso intacto con sus granos de uva. Monto el trípode, encuadro, conecto el flash, aprieto el autodisparador. Yo, la fruta y el despertador. Bostezo. Mis vecinos, dichosos, acezantes, parecen no tener sueño, aún. Paladeo el dulzor de los granos de uva, la lentitud de masticarlos y deglutirlos uno a uno. Son las cinco de la mañana, siento el calor de una lágrima en la mejilla y ya es Año Nuevo en la Ciudad Hermosa.

8 comentarios:

  1. Un relato triste, cuya soledad traspasa nuestros huesos. Un relato perfecto, impecable, impresionante.
    ¿Será verdad lo de que se escribe mejor desde la insatisfacción?

    ResponderEliminar
  2. En ocasiones crecer hasta llegar a ser un ADULTO es una desventaja.
    Los detalles externos potencian las carencias internas, sobre todo en las NOCHEVIEJAS.
    Noches de balances, no sólo anuales, en la que cuadrar el DEBE y el HABER requiere mucho esfuerzo y no siempre se consigue cuadrar.

    En cambio en la INFANCIA, todo son NOCHESBUENAS.

    Reservemos al ADULTO para ocasiones especiales y saquemos a pasear al NIÑO antes de que crezca.

    Triste y solitario paseo por la CIUDAD HERMOSA.

    ¡Menos mal que ya dieron las DOCE!

    ResponderEliminar
  3. Podría quemar la noche en brazos de una mujer, pero es tan sencillo tener sexo.....
    esas y otras frases van punteando el tema...
    delimitando la soledad
    siempre pensé q la habitación de un hotel
    un piso bien alto
    era lo mejor para un suicidio
    me siento este fotógrafo no porque lo sea ahora
    pero lo fui tantas veces...
    que no podría contarlas
    hemos andado todos por esos negros pasillos
    parece
    Vicente... gracias por volver a afinarme
    en ese tono
    q también es parte de mi
    hoy justo puse esto en el fb...
    ‎"...dadle un buen abrazo a la oscuridad del alma y gritad el eterno sí".
    besos de una re-carkomida...

    ResponderEliminar
  4. ¿Salió bien la foto? ¿Captó la tristeza de la soledad no buscada? ¿reflejó el despertador que no hay una ley que obligue a estar despierto y contento en la madrugada de año nuevo?¿aparece en una esquina de la imagen el móvil apagado de quien quiere al mismo tiempo que se acuerden y que se olviden de él...?

    ResponderEliminar
  5. La seguridad es irreversible y no deja lugar a la imaginación ni a la esperanza.
    Qué bien has creado el clima que nos sitúa a los pies de esa cama solitaria: la cama de un adulto en nochevieja.

    ResponderEliminar
  6. Me desconcierta este hombre de instantáneas, que acaba con un flash deprimente de su propia vida, un principio y un final de año en una Ciudad al azar y sin embargo narra como si todo estuviera elegido premeditadamente.
    Se asegura ser adulto, insiste en que es un adulto ¿qué seguridad da tal denominación?.
    Inmensa soledad.

    Un cordial saludo.

    ResponderEliminar
  7. q no se lea esto sabina, pq lo hace canción.

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu opinión: tus comentarios y tus críticas nos ayudan a mejorar