sábado, 17 de julio de 2010

Malena es nombre de tango

LOLA ENCINAS
Durante los últimos veinte años se habían cumplido con creces las expectativas.
La escuela de danza había funcionado de maravilla.
En las pruebas de acceso seleccionaba a los mejores candidatos, sin importarle la clase social ni los condicionantes económicos, basándose únicamente en la experiencia y en su instinto artístico.
Era un orgullo para ella que en su escuela se hubieran formado bailarines de gran reconocimiento internacional. De alguna manera, se sentía partícipe de su éxito.
-Ya he apagado las luces de las salas, no se demore que está muy negra la noche y hace un frío… que corta. Hasta mañana, señorita Malena.
-Gracias, Marga, me quedaré sólo unos minutos. Buenas noches.
Resonó el chasquido de la puerta y los tacones de Marga alejándose y mezclándose con el frenético trasiego de la calle.
Ella continuó acariciando con nostalgia el desgastado álbum. Era la recopilación gráfica de más de medio siglo de sacrificios y renuncias, de alegrías y de triunfos.
Rememoró sus inicios, cuando todo eran proyectos e ilusiones. Deseaba transmitir y poner en práctica sus ideas innovadoras mediante ese don con el que había sido agraciada, la danza.
Su mente, empezó a divagar por el pasado.
El balance de su vida no estaba mal. Muchas de sus metas se habían cumplido pero siempre esperamos más...
Pensó en lo ilusos que somos en la juventud al creernos eternos.
Pero los imprevistos y el paso del tiempo se encargan de sacarnos del error. De pronto llega un accidente fortuito, al que sigue la inseguridad, el empuje de las nuevas generaciones, después el fracaso y por último la soledad.
Con un suspiro, cerró el álbum, su mirada se posó en cada mueble, en cada rincón de la sala, y por último, en sus maltrechos pies.
Apagó la lamparita y se levantó del sillón con dificultad. Se dirigió hacia el mostrador de recepción, cogió el libro de matrículas y comprobó que tal y como le había comunicado Marga los tres últimos alumnos no renovarían su asistencia para el próximo mes. Con resignación lo volvió a dejar en su sitio.
Camino de su despacho, se recreó mirando las fotos que empapelaban el pasillo. Reconocía rostros y lugares, recordaba los nombres. En su cara se dibujó una amarga sonrisa.
Abrió el cajón de su despacho con la llavecita dorada que colgaba de su pecho.
En una caja rosa, estaban sus zapatillas de ballet. Las acarició, notó que aún conservaban en su textura el calor del aplauso y el dolor de su piel.
Las sacó delicadamente y, cogiéndolas por las cintas, se las apoyó en el hombro.
Lentamente subió las escaleras hacia la terraza. Verdaderamente la noche era muy negra y fría. 
Se sentía muy cansada, en su frente se contaban muchos inviernos.
Se llamaba MALENA, que es nombre de tango.
Mientras, afuera, el carrusel del mundo seguía girando y a lo lejos ladraron los fantasmas del olvido.

7 comentarios:

  1. Con qué destreza describes en tan poco espacio, la historia y el declive de una vida. Está perfecto, ni falta ni sobra nada, como una obra perfecta. Enhorabuena Lola, de lo mejor que te he leido.

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  2. Un texto muy literario por la angustia vital que respira...
    Quiero pensar que con ese frío de narices, Malena estornudó contundentemente, maldijo porque no le quedaban frenadoles, contempló la vista que se divisaba desde la azotea; y luego bajó despacio porque sus pies estaban hechos un asco con la cabeza un poco más despejada, un poco menos deprimida, para seguir mareándose en el carrusel del mundo. Quiero pensar.

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  3. ¿Hay alguna forma de establecer contacto con el grupo y sumarse a él? ¿O es un grupo cerrado de ocho personas?

    Gracias y perdón por utilizar este post para preguntar, pero me interesa de veras.


    d.


    PS: Coincido con Pantera, buen texto

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  4. Noche negra y fría. Cansancio. Malena, dolor de tango. Triste y bello relato, Lola.

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  5. Te recuerdo leyendo por primera vez este relato, creo recordar que fruto de una consigna obligada en una "cena literaria".

    ¿Te das cuenta de que ya empiezas a ser "un clásico"?

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  6. Todo, al final, acaba envejecido y desgastado, probablemente en desuso desde hace mucho tiempo. Todos tenemos un tiempo y no podemos evitar que se cumpla. Las pretensiones de eternidad quizá se las debamos a encargar a terceros, nunca a nosotros mismos. Estupendo relato :)

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  7. Los pies sosteniendo todo el entramado. I esas zapatillas al hombro, aquellos otros pies que no dolían i el frío i el cansancio.

    La palabra pie en una historia siempre me duele, es la ostia.

    felicidades Lola.

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