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Mostrando entradas de julio, 2010

Los aretes nupciales

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ROSANA ROMÁN
Nadie hubiera podido imaginar que un ritual como el de hacerse agujeros en las orejas pudiera llevar a la desgracia que aquí se relata.
Todo sucedió cuando Amélie recibió la petición de matrimonio por parte del joven Germain, un apuesto muchacho que desde niño había sido el más ferviente admirador de su belleza.
Los padres de ambos eran muy buenos amigos y siempre habían mantenido la esperanza de convertirse en familia gracias a esas nupcias. Felices por el compromiso, organizaron una gran fiesta a la que fueron invitados todos los habitantes del poblado.
Bailaron y bebieron hasta el alba. Los enamorados se dejaron arrullar por la brisa, mientras contemplaban los ardientes colores del amanecer.
-Así será nuestro amor -dijo Amélie-, cada día uno nuevo, con matices distintos a cual más bello.
-Y yo los llenaré de pasión, para que nunca sean monótonos – añadió el joven.
Fue en ese momento cuando él apartó los cabellos de la larga melena de la muchacha y acercó sus labios a …

Malena es nombre de tango

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LOLA ENCINAS
Durante los últimos veinte años se habían cumplido con creces las expectativas.
La escuela de danza había funcionado de maravilla.
En las pruebas de acceso seleccionaba a los mejores candidatos, sin importarle la clase social ni los condicionantes económicos, basándose únicamente en la experiencia y en su instinto artístico.
Era un orgullo para ella que en su escuela se hubieran formado bailarines de gran reconocimiento internacional. De alguna manera, se sentía partícipe de su éxito.
-Ya he apagado las luces de las salas, no se demore que está muy negra la noche y hace un frío… que corta. Hasta mañana, señorita Malena.
-Gracias, Marga, me quedaré sólo unos minutos. Buenas noches.
Resonó el chasquido de la puerta y los tacones de Marga alejándose y mezclándose con el frenético trasiego de la calle.
Ella continuó acariciando con nostalgia el desgastado álbum. Era la recopilación gráfica de más de medio siglo de sacrificios y renuncias, de alegrías y de triunfos.
Rememoró …

Tres creus i una pistola

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VICENTE APARICIO
La Laia Tous va creuar la sala del casino amb tota la pinta d’anar a jugar-s’ho tot a una carta. No va veure com els colls giraven ni com els ulls li seguien l’escot generós i l’energia que el taconeig imprimia als seus bessons blanquinosos. No va voler fixar-s’hi, més aviat, a banda que ella, allà, no hi coneixia ningú. Venia tota capficada cap a un objectiu i la cosa no anava de parar atenció als detalls accessoris.
En arribar a la taula del joc de les monedes, que estava ben concurreguda aquella nit, hi va recolçar les mans amb els palmells cap avall i, mentre esperava el torn, va mirar de controlar els nervis. Quan els dits li van començar a tamborinar, encengué la primera cigarreta. Feia pipades ben llargues i, de tant en tant, un petit passeig subratllat pels tacons. Les cigarretes, esclar, no duraven.
Aleshores aquell home va aixecar la vista i li va fer a penes un gest amb la barbeta. La Laia Tous va seure. Devia d’estar-se cada nit allà unes quantes hores, aq…