martes, 1 de junio de 2010

Perforación profesional

MARIA GUILERA 
Le regalaste a Marieta unos pendientes en forma de luna y ella te dijo que no tenía agujeros en las orejas. Dos días después fuisteis juntos a un colombiano del Raval que, por lo que te habían contado, tenía arte en perforar lóbulos y lo hacía a buen precio.
Ni siquiera tenía un rótulo en el balcón anunciando sus servicios, pero a pesar de ello confiaste en tu contacto, un chico que trabajaba en el bar y os traía los cafés a la oficina. Llevaba un piercing en el labio, otro en la nariz y una especie de moneda incrustada en la oreja izquierda. En la derecha, seis aros, cada uno menor que el anterior. O sea, que era un experto.

Subisteis hasta el tercer piso por una escalera estrecha y oscura que olía a excrementos de gato y al llegar al rellano os quedasteis mirando las dos puertas.
-Es ésta, seguro -dijo Marieta.
No encontrabais el timbre hasta que, fijándoos en una enorme cabeza africana pintada en la madera, visteis el relieve: un botón de cobre en una de las orejas.
-Aquí, aquí. Qué original.
Tu novia parecía excitada, como si no se diera cuenta de la mugre que había en el rellano, pero tú estabas algo preocupado.

Os abrió una mujer bajita, algo redonda sin llegar a ser gorda, que vestía unos pantalones de licra muy ajustados de color verde lima y una camisa a rayas y sin botones, tan solo con un nudo debajo del pecho.

-Pasen, por favor. Arnaldo ya les espera. Yo salgo a por unos encarguitos, pero adelante, con toda confianza. Pueden tomar lo que quieran de la heladera.
La mujer salió al tiempo que vosotros entrabais y, al cruzarse contigo, te rozó con sus pechitos el estómago. Te llegaban ahí justamente.
-Uy, perdón.
Te sonrojaste, pero ni ella ni Marieta lo advirtieron porque el recibidor estaba muy oscuro, una bombilla roja en una esquina lo iluminaba apenas.
Escuchasteis la voz del tal Arnaldo al otro lado del pisito.
-Entren, como en su casa.
Marieta se avanzó y tú la seguiste. El colombiano tenía su taller en la habitación del fondo.
Allí estaba, sentado en una silla destartalada, de las que suelen encontrarse abandonadas al lado de los contenedores. Era de estilo clásico, con el respaldo de finas barritas de madera repintadas de colores chillones.
Qué mal gusto, pensaste. Te empezabas a arrepentir de haberla llevado allí. En cualquier farmacia le hubieran agujereado las orejas con un instrumento adecuado y aséptico.

-Siéntese, señorita -le dijo Arnaldo.
Al menos él parecía limpio. Llevaba una camiseta de tirantes de un blanco impoluto. Tenía los brazos morenos y musculados. Quizá se había untado aceite, era imposible que la piel brillase así por sí misma.
Marieta se sentó frente a él en una silla distinta, más baja, con el asiento de plástico rojo.
-¿No me va a doler, verdad?
Pero no parecía importarle un poco de sufrimiento. Estaba muy sonriente.
-Primero tengo que averiguar la textura de las orejitas -dijo Arnaldo.
Y le pasó el índice y el pulgar por ambas. No una, sino muchas veces, mientras la miraba con una atención casi científica.
Marieta cerró los ojos y levantó un poco la cabeza. Estaba como transportada.
Tú te moviste un poco para hacer algo de ruido y recordarle que estabas allí. Pero ella ni siquiera respiró.
El perforador te dirigió una mirada fugaz.
-Ahorita voy a comprobar la resistencia lobular -anunció.
Y empezó a mordisquear con cuidado la oreja izquierda.
-Siempre hay que empezar por ahí -precisó.
Con la palma de su mano extendida le sujetaba a tu novia la cabeza.
Se entretuvo bastante con la operación. Luego fue a por la oreja derecha y repitió los mordisquitos.
-Parece mentira -dijo sin dejar de atenderla- pero cada una tiene su idiosincrasia y hay que asegurarse. Usted ya me entiende.

Ella parecía muy calmada, allí sentadita, con las rodillas juntas. El colombiano, en cambio, tenía las piernas abiertas en forma de uve. Así que ella, Marieta, estaba prácticamente encajada entre ellas.

-También debo cerciorarme de que no tenga ningún cuerpo extraño introducido en el interior. Podría provocar alguna infección. Que no les cobre caro no significa que no cuide la higiene -aclaró.

Sacó la lengua y con mucha delicadeza la introdujo en la oreja. La izquierda, por supuesto. Se empeñó en ello hasta que consiguió limpiarla más allá de lo que cualquier objeto hubiera conseguido.

Marieta le preguntó, con una voz que hasta entonces nunca habías escuchado, si iba a proceder igual con la derecha.
Él contestó que por supuesto, que era un profesional.
Sin embargo, algo había en la oreja derecha que requirió servicios adicionales.
-No le voy a cobrar nada extraordinario -adelantó -pero percibo en el interior un sonido que me obliga a una exploración más profunda.

Rogó que esperases un momento y se llevó a Marieta hacia otra sala.
Al cabo de una media hora, salió para dar cuenta de su estado.

-Creo que está ya preparada para la perforación, pero conviene que descanse un rato. Si quiere, puede ir a dar un paseo, a tomar un refresco, lo que le apetezca. Vuelva en un par de horas. Para entonces habremos terminado.

Te quedaste quieto, sin saber muy bien si quedarte o no. Quizás el colombiano interpretó esa inmovilidad como una invitación a cobrar sus servicios.
-Ah, bueno -dijo. Son cincuenta euros, ya ve que no abuso. Y, si prefiere, me deja ahora los pendientes y ya luego se lleva a la chica con ellos colocaditos. Claro que sí.

Le diste la caja con los pendientes y dejaste el billete sobre una mesa, al lado de un jarrón enorme lleno de bolas de colores.
-No hace falta que me acompañe -dijiste.
Te marchaste despacio por el pasillo hasta llegar al recibidor. La luz roja seguía encendida.
-Cierre bien la puerta, señor -te gritó Arnaldo.
Bajaste las escaleras pensando en Marieta. Solo en ella, en su gesto asombrado al abrir tu regalo y descubrir el par de pendientes lunares.
-¡Oh, qué pena…, si no tengo agujeros!
En mala hora tuviste esa idea. Para una vez que te sentiste romántico y decidiste perpetuar el recuerdo de la luna enmarcada en la ventana. La luna en cuarto creciente de la noche en que, por fin, te dejó subir a su casa.

Ayer te vi entrar en el Zelig con los ojos perdidos. Pediste una cerveza y fuiste a sentarte en una mesa junto a la pared. Me acerqué a saludarte y te pregunté por Marieta. A pesar de lo poco que te gusta hablar, me contaste con pelos y señales lo que te había ocurrido hacía tan solo unos días.

-¿Y qué pasó luego? ¿Volviste a buscarla?

Negaste con la cabeza baja. Por lo visto, una voz interior te dijo que sería mejor que no regresaras a por ella. Tú jamás serías capaz de poner en sus orejas más que un par de pendientes.

21 comentarios:

  1. Una arracada que pot acabar arrencada, unes orelles que necessiten atencions però també paraules, com les teves que són comentades puntualment per teu admirador més secret.

    Salutacions hipotecoimmobiliàries.

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  2. ¡Dios! ¡Qué inquietante! Les estaba gritando que no entrasen. Me has dejado hipnotizado, más o menos como quedó la pareja.

    http://luferbal.blogspot.com/

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  3. EEEeeeechs!!! Ho has explicat tan bé que m'ha fet moltíííssim fàstic! Potser per algú és erotisme però m'ha produït l'efecte de porno del més bizarro! Brrr!

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  4. He entrado con asco en el lugar, y poco a poco me he sorprendido cambiando de estado de ánimo. Muy bueno.

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  5. opino igual, muy bueno.con mala baba.
    ¿has leído a Santiago Eximenio? tiene un rollo parecido, aunque lo suyo es micro relato. Por si te apetece:

    http://qualid.es/?id_pre=98

    un saludo!

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  6. María, que cuentazo, me encanta, vibrante caliente veraniego.
    Qué distinto de aquellos que se sucedían tan grises.
    Y qué color, olor, sabor, textura, humedad.
    Que fluyente y enervante.
    Me rindo a tus pies, siempre, una vez más, maestra.

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  7. Hi Maria


    La verdad es que tu relato me ha sorprendido, sobre todo el final , empieza de una forma pausada y hasta romantica tiene un cuerpo de erotismo inusual y un final dramatico , por lo menos es lo que he sentido cuando lo he ido leyendo ... me ha gustado pero me ha dejado un sabor agridulce ...un beso Maria vuelvo a Espana el 21 de junio, espero que podamos encontrarnos ...Ciao...Olga

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  8. Molt recomenable: 2 minuts de lectura intensos relacionats amb l'eròtica de l'orella, mmmmmm.

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  9. M' ha agradat molt. Ets tota una experta. Felicitats.

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  10. Hoy va de sorpresas: la primera es leer a nuestra María Karcoma escribiendo en segunda persona. Luego piensas, será porque reserva a Marieta como primera, interlocutora de ese noviete tan soseras. Sigues leyendo y empiezas a descubrir facetas inéditas de la escritora. Hoy, ella se recrea y nos deleita en un ejercicio de lascivia sobre zonas erógenas y eróticas.

    El relato progresa subiendo de tono; en ese matiz prudente, más imaginativo que escrito, a donde la autora hace que lleguemos nosotros solitos con nuestros malos pensamientos. Al final descubres que el relato en segunda persona no es por Marieta sino por el amigo de copas en el Zelig. Me intriga ese nombre, no veo síntomas de hipoxia, aunque si paralelismos con la obra de Woody Allen.

    Es una historia, escrita con sentimiento, en clave erótica, sobre la terrible experiencia de una persona humillada y derrotada por su falta de carácter, de amor propio, de permitir que las circunstancias dominen y le paralicen por no afrontar la adversidad. Sufre en carne propia donde más duele, en el corazón.

    Amiga Karcomera, el relato es como siempre estupendo, y también como siempre, merece una segunda lectura. Enhorabuena.

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  11. ¡Qué bueno! Estoy seguro que Marieta, que no tenía ni agujeros en las orejas, en pocos meses tendrá piercings por todo el cuerpo!

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  12. Bonito el crescendo y los detalles. Si bien es cierto que algunas personas disfrutan de la, digamos, erótica de la oreja, detalles como la provocación "pública", la desaparición en la sala anexa, etc, hacen del relato un buen ejemplo del no decir, no ver ... tan fantásticamente provocador. Felicidades, creo que puedes explotar excelentemente la línea erótica. Quizá me sobre el Bar Zelig, pero aquí cada cual crea como le gusta. Muy bien, felicidades

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  13. Fantástico, me ha encantado. Incluso imaginarme (se me da bien visualizar los relatos) detalles como una escalera mugrienta o un tipo sorbiendo orejas como quien sorbe caracoles no me ha impedido leer con avidez para llegar al final.

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  14. brunomarrone, arrencar l'orella ja seria arribar al sado... i per què no?

    Luferbal, me encanta hipnotizarte, pero despierta y sigue comentándonos!

    Mirinda, és només una orella! Imagina't que l'escena pasés fent la pedicura...

    Querida Mónica, cuánto me queda por aprender de ti hasta alcanzar la alegría y el color de tus relatos!

    Sònia: hay que entrar en determinados espacios sin prejuicios. La sorpresa puede superar las espectativas.

    Don't panic, gracias por venir y recomendar.

    Olga, si hay una fuente erótica en la que beber e ilustrarse esa es la tuya. Así que espero tus consejos.

    Deborah, gracias por recomendar. Intentaré estar a la altura de tus mmmm...

    Urbano, soy experta en imaginar. Snif!

    Quiconusco, como siempre tu crítica elaborada me hace pensar en aspectos del texto inadvertidos.
    Gracias por esa mirada inquisitiva y profunda.
    El muchacho encontrará otra pesona con la que aplicar su experiencia: no le compadezcas.

    aldiro: creo que sí, que ya lleva esos piercings allí en dónde tú imaginas.

    anónimo: ese misterio de los espacios oscuros es lo que más valoro en el relato. Lo que permite, supongo, que cada uno lo lleve a sus propias fantasías.

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  15. lamadrequeteparió!! qué buena eres!!

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  16. Ahora le toca a la lagartija!!!!

    Esa vena porno-erótica que sacas a relucir de tanto en tanto, sin prodigarte es fantástica.
    Tiene la sabiduría y la elegancia de una persona sensual, (que no sexual) que se limita a insinuar a través del bosquejo de la palabra (o sea que lanzas la piedra y escondes la mano) y dejas que la imaginación de cada uno, tenga la libertad de poner el color y la
    temperatura en el dibujo de la escena y de sus protagonistas.

    Maestra, más que maestra.!!!

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  17. Me ha gustado mucho el desarrollo del cuento y la conclusión y la
    simbología del mismo. Se habla de una cosa muy concreta pero dando a
    entender muchas más de esa relación y de lo que es erotismo. Creo
    también que el penúltimo (desde "Ayer" hasta "días") párrafo del cuento
    debería ir al principio, por aquello de dejar bien claro la voz
    narrativa.
    Besos,
    Ana

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  18. maria i lola, ya os tengo fichadas!

    no paso por favores paso por placer

    por lo mismo que me compraré el libro y sólo me jode no tenerlo dedicado!

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  19. Noe, representante del futuro, cómo me gusta gustarte.

    Lagartija de mis entretelas, claro que escondo la mano. No fuera a ser que me la comiera el cerdo de la tía de Vicentikko.

    Anna Bleda, gracias por tu atenta lectura. Dejar oscura la voz narrativa debe ser una incorrección. Pero pa eso estamos.

    Alfonso, tanto bueno! ¿Vamos a por ti o prefieres acercarte y que echemos una firma?

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  20. Me ha gustado mucho este relato del colombiano tiene una buena moraleja. Yo soy nueva en esto de los blogs y me ha encantado descubrir este de relatos. Felicidades.

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  21. Mariona, em pregunto que va ser de Marieta, soleta amb aquell perforador colombià anomenat Arnaldo? La imaginació pot produir un final a aquesta història? O em de defugir de fer-nos perforar les orelles?. El nuvi un xic acomplexat no intenta millorar l’art de l’Arnaldo. Segueixo pensant com normalment em passa en llegir les teves narracions curtes, que ens obligues a pensar: Ara què? No paris, no paris d’escriure. Maria

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