Entradas

Mostrando entradas de junio, 2010

Toda una vida

Imagen
ROSANA ROMÁN
Tomás está deseando salir a bailar. La música repiquetea en su pecho y moviliza sus pies a los que tiene que poner freno porque ha de acompasarse a Engracia, su mujer, que con pasos torpes sortea las mesas de camino a la pista de baile. Llevan puestas sus mejores galas porque la ocasión lo merece. Una vez en ella, Tomás coge su mano y su cintura y la pasea al son de la melodía. Es un gran bailarín, le encanta bailar con Engracia, su Engracia, con quien viene haciéndolo desde hace 40 años. Ambos son maestros: Él llevándola al son de la música, ella llevándolo como nadie en la pista de la vida.
El salón está lleno de parejas de la tercera edad, muchas de ellas compuestas por dos mujeres. No están dispuestas a quedarse mirando en su butaca y bailan juntas, como lo han hecho siempre.
-Qué suerte que los chicos insistieran para que nos apuntáramos a este viaje, ¿te acuerdas de cuando nos hablaban del Imserso y nos sonaba a casa de caridad, a viejos babeantes, a silla de ruedas…

El silencio de la ciencia

Imagen
LOLA ENCINAS
Hacía dos semanas que habían montado la barraca de los petardos. Casi todos ya teníamos nuestras provisiones de pólvora para el gran día. Era el único tema de conversación y entre nosotros presumíamos de cantidad y variedad.
Faltaban dos días para la verbena, la fiesta más esperada por los chicos del barrio.

Por fin llegó la noche mágica, aunque para mí fuera una noche trágica.
Tuve la mala suerte de que un cohete de gran potencia variara su trayectoria inicial para impactar y estallar en mi cabeza.
Logré salvar la vida pero perdí totalmente la audición y mi oreja derecha.

Un mes después del accidente, cumplí 9 años.

Me dejaron el pelo largo para disimular la pérdida y aprendí a leer en los labios con inesperada habilidad. Así pude continuar viviendo como un niño casi normal.
A pesar de la sordera, en la escuela, atendía a todas las explicaciones del profesor sin perder detalle.
Fui un estudiante brillante.
En el instituto, mis asignaturas preferidas eran las de cienc…

¿Más tierra?

Imagen
MARC BALLESTER
¿Manzanas? ¿Eran manzanas lo que me pediste?
¿Comieron los niños? Ya lo tenías todo decidido, ¿no?
¿Te sientes mejor, ahora? ¿Estás cómodo?
¿Y Toby, te preocupó lo que dijo el veterinario?
¿Te habló mamá? Decías que no la querías oír más, ¿verdad?
Manzanas, ¿no? ¿Y cocinar, quieres que cocine?
¿Quieres que te planche? ¿Que te lave?
¿Ahora me vas a venir con que te costó decidirlo?
¿No te sentías realizado? ¿No tenías de todo?
¿Hablaste o no con mamá?

¿Y yo, acaso yo estoy realizada? ¿Me merezco esto?
¿Crees que nos merecemos esto? ¿Y si hubiésemos probado a comenzar de nuevo?
¿No es un poco tarde ya? ¿Agua? ¿Que no puedes hablar? ¿Y tragar?
¿Seguro que mamá no te habló hoy?

¿No creías que te precipitabas?
¿Me das la otra pala?
¿Será esta tu última mirada?
Habrá que castrar a Toby. ¿No te importa?
¿Te pregunté si te habló mamá?

¿Te pregunté si te habrás comprometido?
¿Cómo? ¿No te pregunté ahora por el perro? ¿Qué tal la castración?
¿Duele? ¿Cómo? ¿Te hubiese gustado m…

Che papusa, oí

Imagen
MÓNICA SABBATIELLO
El Chantecler es un antiguo local de tango que gracias a sus arañas y espejos dorados, sus cortinas de terciopelo y piso de viejo roble lustrado, reina en un callejón de peligro, putas y proxenetas en ese barrio mestizo de Barcelona conocido como el Raval.
Los bandoneones abrazan el ambiente de humo.
La Polaca lo ve entrar y sus piernas culebrean. Tan sublime es el respingo de su corazón, tibio y callado, que no repara en eso. Sabe que en pocos minutos lo podrá recibir en sus brazos.
Tan serio como siempre, Varela deja su abrigo invernal en el vestuario, pide lo acostumbrado y lo deja en su mesa de siempre. Se aproxima a la Polaca.
-Buenas -le dice, y apenas la mira de medio lado.
Las luces son suaves. Farolillos de colores de 25 vatios se recuestan sobre los marcos de los espejos, reflejándose infinitos. La música envuelve a las pocas parejas que han llegado temprano y ya están bailando. En las mesas redondas y pequeñas, otras esperan a que se caldee el ambiente…

Salvación

Imagen
NATÀLIA LINARES
Aquel día, la doctora se quedó hasta muy tarde en el trabajo. Quería dejarlo todo ordenado. Cerró las carpetas de archivos, terminó los informes más urgentes y los guardó en una nueva carpeta. Dejó la mesa completamente limpia y ordenada. Al salir, se quedó unos segundos contemplando el despacho. Entregó el correo en recepción y se despidió como cada viernes.

Había sido esa última paciente, Blanca, la que había rebasado sus límites.
No podía soportar por más tiempo la tensión, la mezcla de sentimientos y sensaciones reprimidas, la culpa por no saber dar respuestas a tantas vidas rotas. En numerosas ocasiones, en su butaca de psicoanalista, se refrenaba las ganas de gritar e insultar a los clientes, de echarlos escaleras abajo gritándoles un “¡¡¡cállese de una vez!!!”. El trabajo de  interpretar y analizar el comportamiento humano le había minado el alma.
Fue por ese motivo por lo que decidió escaparse lo antes posible. El destino era Canarias.

Quiso el mejor hotel. Un …

Perforación profesional

Imagen
MARIA GUILERA 
Le regalaste a Marieta unos pendientes en forma de luna y ella te dijo que no tenía agujeros en las orejas. Dos días después fuisteis juntos a un colombiano del Raval que, por lo que te habían contado, tenía arte en perforar lóbulos y lo hacía a buen precio.
Ni siquiera tenía un rótulo en el balcón anunciando sus servicios, pero a pesar de ello confiaste en tu contacto, un chico que trabajaba en el bar y os traía los cafés a la oficina. Llevaba un piercing en el labio, otro en la nariz y una especie de moneda incrustada en la oreja izquierda. En la derecha, seis aros, cada uno menor que el anterior. O sea, que era un experto.

Subisteis hasta el tercer piso por una escalera estrecha y oscura que olía a excrementos de gato y al llegar al rellano os quedasteis mirando las dos puertas.
-Es ésta, seguro -dijo Marieta.
No encontrabais el timbre hasta que, fijándoos en una enorme cabeza africana pintada en la madera, visteis el relieve: un botón de cobre en una de las orejas…