martes, 4 de mayo de 2010

El reencuentro

LOLA ENCINAS
Salí de la sesión de quimioterapia con un suspiro de alivio. Me sentía feliz.
El tratamiento estaba funcionando. No tendría que volver hasta dentro de seis meses.
En la última revisión los análisis habían mejorado y aunque el oncólogo me había recomendado mucha prudencia y paciencia, yo me sentía curada.
Había ganado la batalla a la enfermedad.
Ahora, necesitaba con urgencia ganar peso y esperar a que el cabello brotara de nuevo. En una palabra, recuperar mi anterior y saludable aspecto
No dudé en elegir la masía familiar como lugar ideal para la nueva transformación. Allí había vivido los mejores años de mi infancia.
Después de la muerte de papá y del abuelo, seguí acudiendo, incluso con más frecuencia, pues quería evitar con mi presencia que la abuela se sintiera tan sola.
Pero desgraciadamente no tardó mucho tiempo en seguirles, y yo no volví a pisar la casa. De eso hacía más de quince años.

Era una sólida construcción centenaria, hecha con materiales resistentes a los embates del clima, del tiempo y del abandono de sus herederos.
Anochecía cuando llegué, aparqué el coche a un metro de la entrada con los faros enfocados hacia la puerta, introduje la enorme llave de hierro en la cerradura y el portón cedió sin resistencia.
La casa estaba oscura y olía a moho.
Volví al coche y descargué el equipaje.
Estaba emocionada, todo permanecía como lo recordaba. Había mucho que hacer y que limpiar, pero el cansancio y el sueño me vencían, por lo que me fui a dormir y pensé: «Mañana será otro día...».

La luz que entraba por las contraventanas abiertas de par en par me despertó.
A pesar de lucir el sol, hacía mucho frío en la estancia. Los cristales estaban empañados por el vaho.
Los froté con la manga y me sorprendió ver al abuelo en el corral dando de comer a las gallinas. Miró hacia la ventana y me saludó con la mano.
Me vestí y bajé corriendo la escalera. No me lo podía creer, parecía otra casa, todo estaba limpio e iluminado. El olor a humedad se había evaporado. Sólo olía a pan, café y rosquillas.
Entré en la cocina y allí estaba mi querida abuela, con su rostro afable y su inmaculado delantal. Extendió sus brazos y nos fundimos en un largo abrazo mientras me decía: «Qué alegría me das, hija. Hace tanto tiempo que tu abuelo y yo te esperábamos. Pero no importa, por fin has llegado». Retrocedió un paso y me miró embelesada, de pies a cabeza. «Estás guapísima, tienes buen color para ser de ciudad, tal vez estás un poco delgada, pero eso ya me encargaré yo de arreglarlo… Y que preciosidad de melena…, tienes el mismo color de pelo y de ojos que tu padre. Él también tenía las pestañas tan largas y rizadas como las tuyas. Lo que yo digo les a todos, a mi nieta no hay quien le haga sombra. Y que conste que no es pasión de abuela».
La besé tiernamente y me sonrió agradecida. Dio unos pequeños golpes en la ventana y le hizo una seña al abuelo para que entrara.
Y como en los viejos tiempos, hambrientos y felices, nos pusimos a desayunar.

9 comentarios:

  1. Lola, se me ha hecho un nudo en la garganta. No se qué decir...solo se me ocurre una palabra. FAN-TÁS-TI-CO.

    ResponderEliminar
  2. la bruja de provença4 de mayo de 2010, 22:45

    Un lugar en el que las melenas llegan de nuevo hasta los hombros y las rosquillas tienen el olorcillo de anís que las hace inconfundibles.
    En esa masía quizás nos encontremos los amigos -más tarde que pronto, espero- y compartamos mesa y pan caliente.

    ResponderEliminar
  3. Me pregunté al leerlo si era aquí, o era allá, en el encuentro con los abuelos. En ese allá de los que se fueron. No estaría mál que fuera así, con masías con magia, con rosquillas, con abuelas. Pero seguro que no, que no es asi. Y que esto es acá. En algún acá. Muy sugerente.
    Mónica

    ResponderEliminar
  4. La historia, muy bien escrita, por cierto, tiene descripciones que te transportan y te hacen pensar que estás viviendo las mismas sensaciones que tiene la protagonista.
    Es muy original desde el punto de vista de describir de una tirada un antes y un después.
    He llegado a pensar que la protagonista endulza sus últimos alientos ayudada por la morfina que la hace fantasear con la muerte justo antes del traspaso, pero eso es rebuscado y no viene a cuento.
    Muy original, Lola, Felicidades.

    ResponderEliminar
  5. Perfecto, en su descripción, extensión y contenida emotividad. Una historia bonita a pesar de hablar de muerte y eso es para mí la magia de la escrituta, el arte de quien lo lleva a cabo. Enhorabuena Lola. Ojalá éste y muchos más podemos leerlos en el próximo libro de Karcoma.

    ResponderEliminar
  6. Les solicitamos artículos literarios, críticas literarias, reseñas
    literarias, cartas literarias, poemas, relatos breves, cuentos, manifiestos
    literarios, monólogos literarios, diálogos literarios, citas literarias
    comentadas, sentencias o axiomas literarios, literatura oral rescatada,
    documentos literarios antiguos desconocidos o poco conocidos,breves guiones
    de teatro, breves guiones cinematográficos, epitafios
    literarios...creaciones literarias de cualquier tipo, género o subgénero.
    Incorporaremos Secciones, como la literatura infantil, la literatura de
    trerror, la literatura de humor, la literatura rosa, la literatura de
    ciencia ficción, la literatura erótica, la literatura de suspense, la
    literatura histórica, traducciones literarias, etc, etc. Se trata de
    conseguir un *órgano de expresión literario* de todos para todos.
    *¡Consigámoslo
    divulgando al máximo esta idea y participando en ella!*
    G R A C I A S.

    creaturamarmolejo@gmail.com

    http://revistacreatividadyliteratura.wordpress.com

    ResponderEliminar
  7. .......que agrable reencontrarnos con los abuelos...aunque sea en la masia donde todo es perfecto por estar donde está. Sensible tema. Saludos Lola.

    ResponderEliminar
  8. qué bonita manera de perder una batalla...

    ResponderEliminar
  9. Si la abuela hubiese estado haciendo croquetas tendría la certeza de que la prota había llegado al paraíso. Las rosquillas, bueno, ¡también son una opción!

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu opinión: tus comentarios y tus críticas nos ayudan a mejorar