domingo, 18 de abril de 2010

Mujer verde

MÓNICA SABBATIELLO (texto y óleo)
Como cada año para esas fechas, nos juntamos en la casona de la abuela. Mi hermana pequeña, Soledad, le llevó un óleo de regalo que la abuela hizo colgar en un lugar de honor. Si menciono esto ahora es porque esa pintura se nos metió a todos hasta en los sueños.
Nos encanta visitar a la abuela. Fue actriz y bailarina. Es una mujer culta, liberal y hermosa. Y nuestra costumbre ha sido siempre quedarnos a pasar varios días. Pero esa noche nos marchamos todos. Casi escapamos.
Sobre butacas y sillones, bajo el influjo de una luz suave que entraba por los ventanales, tamizada por los rosales del añejo jardín, nos fuimos contando las novedades. Bebimos té, probamos pasteles y chocolates. La tarde declinó placentera. Joaquín sacó el saxo, Pepe los tambores y Julián el bajo. Encendimos lámparas y velas y nos pusimos a bailotear. La música y los aperitivos que prepara Alfredo tienen virtudes asociadas al alma y nos vuelven comunicativos.
Disfrutamos de ese jazz improvisado. Y yo también de la tensión sexual que surgió con un hermano de mi cuñado Pepe. Soledad nos vigilaba de cerca, nunca se le escapa nada, pero era sólo un juego gestual, vacuo e imbuido de tabú.
Todo iba tan bien hasta que en un instante brevísimo la armonía se resquebrajó, y el ambiente se modificó de manera radical, como si una corriente de aire helado hubiese abierto de golpe las ventanas.
Por buscar alguna explicación giré la cabeza y noté de refilón que la mujer verde, la mujer del óleo, me miraba de manera intensa y vibrante. Y mostraba algo que venía de lejos: una advertencia.
Todos notaron el cambio. Todos lo sufrieron en su espíritu. Y la fiesta decayó de forma irremediable. Nos dimos cuenta entonces de que la abuelita se había dormido en el sillón. La despertamos para cenar. Pusimos la mesa y comimos como ausentes, de forma desordenada, sin las exclamaciones habituales, de hummm, qué bueno, quiero la receta. Y nos despedimos pronto, no sin echarle una mirada furtiva a la mirada verde del cuadro verde.
Ya en casa, por teléfono, estuvimos toda la semana tratando de entender lo ocurrido. Seguíamos sufriendo de una fuerte melancolía, que nos llegaba de lejos, de algún no lugar sin una distancia medible ni reconocible ni oficial. Y que parecía querer decirnos algo.
Pero no entendíamos ese lenguaje, hasta que pasó la nevada. Y nos llamaron de un hospital.
La abuela había quedado sepultada en su jardín, bajo unas ramas caídas durante la tormenta de nieve. Las ramas de una gran rosa china. Estuvo dos días allí enterrada. En esos dos días no la llamé, y nadie la llamó. Allí estuvo, hasta que se derritió la nieve y el cartero la vio desde la calle, enredada en su chal rojo.
Cuando repartimos algunos de sus objetos, elegí la mujer verde. Cada tanto me dice algo con su mirada. Pero sigo sin entenderla.

7 comentarios:

  1. le he dicho a mi hermano q me regale un cuadro tuyo para mi piso!! artistaza!!

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  2. Gracias Noemozica. Quizás haya algo que te guste en especial de lo que voy ensayando con los pinceles... para preparte algún regalo de color, de mi parte, con tiempo.

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  3. la bruja de provenza24 de abril de 2010, 11:27

    Palabra tras palabra nos introduces en el ambiente de la reunión familiar, tan alegre, tan feliz. Solamente los ojos de esa mujer verde que ya me impresionaron antes de leer el relato que han inspirado, solamente esa mirada, vio más allá de lo evidente, lanzó la flecha de la alerta y paralizó la acción que hubiera cambiado, probablemente, las relaciones familiares.
    Eres muy hábil creando climas, Mónica. Muy sutil en las capas de pintura que se perciben bajo el resultado final.

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  4. Qué importante hacer caso de las señales ¿verdad? y pensar que todo nuestro entorno está lleno de ellas y que de forma constante las ignoramos...
    Me ha encantado tu cuento, el ambiente, la historia, el color. creo que la suma de escribir y pintar ha mejorado aun más tus cuentos. Enhorabuena Mónica, misteriosa mujer que se mueve entre tantos mundos y todos los describe de forma magistral.
    Besos

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  5. De vegades passa que la pintura parla i l'escriptura pinta. Sempre hi ha un no-sé-què d'indesxifrable a la realitat. Aquest és, potser, el misteri que ens fa viure la vida com esperant sempre una sorpresa.

    Ningú

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  6. Una mirada verde- Que transmite tristeza mientras comparte el encuentro familiar.
    Inquieta desde su mudo pedestal no encuentra la forma de avisar o prevenir lo inevitable.
    Se limita a mirar y que le devuelvan la mirada.

    Enhorabuena Mónica, preciosa pintura y excelente relato. Una perfecta simbiosis artística.

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  7. Qué emocionante, los Karcomos en persona con sus generosidades extremas.
    Bien, que me reconfortan, que la distancia no es el olvido, y que me muero por estar donde no estoy.
    Mónica

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