domingo, 14 de marzo de 2010

Sofá cama

MARIA GUILERA
De pie delante de la nevera, Pedro pensó que era una suerte que él y Carmen no hubieran tenido hijos.
Se le ocurrió entonces que hablaría con el tipo de la tienda de muebles, que parecía un hombre serio, por si podía recomendarle algún albañil. Se podían echar al suelo las paredes de las habitaciones que daban al pasillo. Para qué tantos dormitorios si se había quedado solo. 
Abrió una cerveza y luego salió al balcón. Cómo habían podido quedarse con aquel piso, ochenta metros cuadrados tan mal distribuidos. Tenían prisa por irse a vivir juntos, por eso se precipitaron tanto. Carmen lo había decidido, estaba encantada con el barrio, con la finca nueva y, sobre todo, con la idea de marcharse del pueblo.
-No podemos quedarnos aquí, Pedro. Esto no tiene ningún futuro. Si ya no queda nadie de nuestra edad, no lo ves.
Pedro no sabía qué contestarle, pero en realidad no quería ir a vivir a la ciudad aunque trabajaba allí desde hacía un par de años. Le dijo que no le pesaba levantarse pronto, ni coger el tren cada mañana. Le gustaba sentarse junto a la ventana y leer el periódico, levantar la vista de vez en cuando y ver, día a día, el cambio casi imperceptible del paisaje.
-Eres un romántico, cariño. Pero déjame a mí, yo tengo los pies en el suelo.

En noviembre les dieron las llaves del piso y se pasaron los fines de semana pintando paredes.
Cuando llegaron los muebles se dieron cuenta de lo pequeño que era. Sobre todo cuando llegó el sofá. Costó que atravesara el pasillo, pero valió la pena.
Era un sofá muy cómodo, ya no se fabrican muebles como este, les dijo el vendedor.
Por la noche se tumbaban a ver películas y acababan durmiéndose abrazados.
El primer año pasó volando. Le parecía recordar que habían sido felices.
Carmen encontró trabajo en una tienda de revelado fotográfico. Una noche invitaron a cenar a una compañera y a su novio.
-Es una chica muy simpática, Pedro, ya lo verás. Tenemos que relacionarnos con alguien, que parecemos monjes.
Le dio un beso y luego añadió: - Así te luces, que eres muy buen cocinero.

La pareja tardó en llegar, se retrasaron más de una hora tarde y Pedro estaba nervioso. Había cocinado pescado al horno y se estaba secando demasiado.
-Llama a tu amiga, dijo un par de veces. Quizá le ha pasado algo.
Pero Carmen creía que no era de buena educación.
-Ya vendrán, no puedo atosigarles.
Ella también estaba inquieta. Respiró a fondo y habló despacio y en un tono que le pareció extraño incluso a ella.
-Le das demasiada importancia a todo, Pedro.  A ver si aprendes a relajarte, que ya llevas un año fuera del pueblo.
-Y tú ya te has adaptado, claro.  No estoy a la altura de la señora.
Carmen se fue al baño, cerró la puerta  y  Pedro la oyó llorar un poco.
Cuando llegaron los amigos tuvo que disimular, pero a él le pareció que se le notaban los ojos rojos.
-Aquí llega el Rioja -anunció la amiga-. Ni se te ocurra meterlo en la nevera, guapo.
Tomaron la primera copa mientras esperaban que se calentase la comida.

Era cierto que Maite era una chica muy divertida. En una hora contó más cosas de la tienda que lo que le había explicado Carmen en todo un año. Tenía una voz un poco grave y de vez en cuando soltaba algún taco. No se cortaba ni un pelo.
-Me gusta el pescado. Qué suerte tienes de tener un hombre que cocine. Éste es un inútil –dijo golpeándole el brazo a su pareja- pero tiene otras virtudes.
Guiñó un ojo y se puso a reír. Todos habían bebido bastante.
Al cabo de un rato sacaron los platos de la mesa, descorcharon una botella de cava, contaron chistes y brindaron por su amistad.
-Nos lo estamos pasando muy bien -dijo el novio de Maite–. Venga, un brindis. Para que se repita muchas veces.
Levantaron las copas y la de Carmen se derramó sobre el mantel. Maite pasó la mano por la tela y dijo ¡alegría! Luego mojó la frente de todos.
Después se fue hacia el sofá, se sacó los zapatos y los dejó a un lado.
-Mmm, qué cómodo. Qué tentación, yo me tumbo.
Los demás la miraron y hubo un silencio. Su novio le dijo que se levantara, ella hizo que no con la cabeza y se giró de espaldas. El vestido se  le arrugó alrededor de la cintura y Pedro se fijó en sus piernas. Eran larguísimas.
-¿Queréis más cava? -preguntó Carmen–. Tengo otra botella fría. 
No contestaron. Al novio de Maite le había cambiado la cara.
Pedro se acercó al sofá  y dijo:
-Me parece que has cogido una buena, rubia.

Carmen se fue a la cocina. Los platos tenían restos de comida y todavía olía a pescado. Pensó que sería mejor aclararlos bajo el grifo y llenar el lavavajillas; sería un momento.
Oyó a Pedro reír.
-Ya voy, ahora mismo llega la botella -gritó.
Nadie dijo nada.
-¿Quién me echa una mano?
Oyó el ruido de una silla al arrastrarse y luego la voz del novio de Maite. No le entendió, pero estaba enfadado.
Se quedó quieta junto a la puerta de la cocina y le vio cruzar el pasillo con la chaqueta en la mano. La miró con una sonrisa de asco.
-Dile a tu marido que el pescado estaba seco. Que le aproveche el postre.

Carmen cogió la bandeja del horno y empezó a rascarla con el estropajo de acero. Entonces se le rompió una uña y empezó a llorar otra vez.

10 comentarios:

  1. Aquesta vegada el primer comentari al teu relat és del teu admirador més secret.

    Es demostrat que el cava, és font d'alegria i de vida, encara que aquesta última, de vegades, pot convertir-se en massa àcida però sempre amb el seu punt picant.

    Segueix ensenyant-nos les teves espurnes literàries que les degustarem amb fruïció.

    Abraçades Carlines.

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  2. Jeje... sembla el típic conte on es creuen elements d'altres contes de la teva col·lecció: el sofà d'un, el sopar de parelles (que sempre acaba malament) d'un altre, la vida de poble...
    Està fet expressament?

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  3. ¿Rubia? ¿Por qué tenía que ser rubia? ¡También hay morenas estiradas por los sofás!

    La verdad es que me lo he pasado muy bien. El inicio de la historia no indica un final tan histriónico, más bien parecía una telenovela amorosa en donde se tumbaban a ver películas y se acurrucaban durmiéndose abrazados. (Qué tierno, pensaba yo).

    Pero amigo, llega la cata de etanol, con todas sus propiedades distorsionantes (envalentona al cobarde, hace locuaz al callado, alegra al taciturno…)

    En una clase de psicología aplicada no creo tengan un caso tan divertido de comportamiento humano con las bondades postizas que la educación obliga y luego las reacciones del yo que todos llevamos dentro y que muchas veces ni nosotros mismo sospechamos de su magnitud.

    No quiero enunciar los comportamientos; todos vemos pros y contras de cada personaje. Lo que sí es seguro es que si organizamos una cena, tenemos asegurada una sobremesa divertida comentando el antes y después de cada uno de nuestros protagonistas. Por si acaso, yo no beberé ni vino ni cava, no sea que acabe en ese sofá tan cómodo de casa Maite.

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  4. Lo aparente, lo cotidiano, la red exterior, debajo la psiquis, los recelos, el dolor. Tan bien, re bien, narrado.
    La aceptación sin demasiada tragedia, apenas unas lágrimas, van destejiendo un textil iluso. Telas de entretiempo, sin raíces, sin algo de verdadero amor.
    Una magistral manera de narrar un desolado mundo de desencuentros, de tibiezas, de rutinas.
    Me atrapa su lectura, me abruma su filosofía.

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  5. Tras la cotidianidad, ¡tantas cosas!
    Enganchas con tus relatos, consiguiendo que arañemos tus personajes, metiéndonos en sus gozos y sus miserias.
    Ella lo apartó de su paisaje rural.La jungla urbana, el sofá y demasiado alcohol hicieron que él sucumbiera a otro paisaje.

    Louise

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  6. La cotidianidad, ¡que encierra tantas cosas!.
    Tu manera de hacernos entrar en tus relatos; enganchándonos a tus personajes y consiguiendo que el olor del vino y el sonido seco de un tapón que salta, nos llene los sentidos.
    Esas risas y voces que se van apagando, dando paso al portazo, a las lágrimas y en el sofá...

    Gracias por esa llave.

    Louise

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  7. És un retrat magistral del perquè dels neguits i dubtes humans. Té diverses lectures. Sempre busquem "novetats" per soportar l'engoixa vital...O no. Hi ha qui sap trobar la part còmica i troba FOC on altres sols hi troben glaç. Una abraçada...i FELICITATS....TERESA SERRAMIÀ

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  8. Con qué naturalidad muestras los entresijos de lo cotidiano, tan natural, como el que no cuenta nada pero lo muestra todo. Ya sabes que yo preferiría un final más contundente jejeje, por lo demás, impecable.
    Enhorabuena Maria

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  9. Esos pequeños detalles que a veces dejamos pasar sin darles la importancia debida.
    En realidad son síntomas de "una muerte anunciada" en este caso de un error, de un desgaste, de un fin.
    El detonante puede llamarse, Maite, incomunicación, reproche contenido, etc., etc.

    Me encanta la forma tan sutil y al mismo tiempo tan comprensible con que describes los sentimientos de los personajes. Los haces cercanos y reconocibles.
    Podríamos ser cualquiera de nosotros o algún amigo/a cercano.

    Con qué maestría encadenas y entremezclas elementos comunes de otros relatos.

    Eres un "crack"

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  10. Mariona, El Pedro s'ha quedat més sol que un mussol. Això de modernitzar-se té el seu risc, i el beure massa també. Tants esforços en pujar el sofà i mira la Maite de cammes llargues l'ha sabut molt llarga. De la teva narrativa desprenc que tots els comensals han perdut alguna cosa. O bé, poder no? Una vegada més, gràcies pel teu enginy picaresc. Maria

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