domingo, 7 de febrero de 2010

La gloria del euro


MARC BALLESTER 
-¡Navidad, navidad, dulce navidad...! -canturreó el grupo de borrachos.
-Señores, son  dos euros -les informó el hombre desde su cabina de cobro en la autopista A7.
Los jóvenes, al volante de un magnífico cuatro por cuatro, arrancaron a cantar, ahora con la canción de La barbacoa -es más, uno de ellos vestía un anorak con florecitas fosforescentes que ya lo quisiera para sí el mismísimo Georgie Dann. El taquillero, aburrido de soportar a los diferentes simpáticos de la primera noche del año, compuso su mejor cara de póker y esperó a que amainase el temporal musical.
-¡La-bar-ba-coa!, ¡la bar-ba-coa!, ... –atacaron de nuevo no sólo los del cuatro por cuatro, seguros de resultar muy graciosos, sino que se unió a ellos una pareja de jubilados muy risueños que iban en un BMV y movían las manos al compás, extendiendo y replegando sus codos como en las películas de los años cincuenta, donde un coro de nadadoras se zambullen y reaparecen todas al unísono.
-Dos euros, ...por favor... -repitió Pedro Martínez, harto de trabajar siempre los días más señalados, más divertidos, más aburridos. Si se hubiera quedado en casa, seguro que el primer canal de televisión le hubiese invitado a brindar y a atragantarse con las consabidas doce uvas. A brindar con nadie, porque desde que María murió en un accidente en la autopista, él no había vuelto a celebrar nada; ella circulaba por su carril a la velocidad adecuada y unos niñatos, siempre unos niñatos, decía él, menores de veinticinco años, con un vehículo rojo de gran potencia y con unas copas de más se saltaron un ceda el paso y se cruzaron dando bandazos. El resultado: tres muertos, cuatro heridos graves y María que no regresó nunca a casa.
-¡La bar-ba-coa, la bar-ba-coa!, ¡có-mo me gus-ta la...!
Pedro quitó el seguro de su escopeta de caza y la asomó por la ventanilla encañonando al cantante espontáneo e interrumpiendo de golpe al coro bailongo.
-Se acabó la fiesta –fue lo último que se oyó.
Los dos viejecitos del BMV bajaron sus manos y huyeron marcha atrás, provocando el caos en el peaje. La sangre pringó el anorak del conductor y estropeó la tapicería nueva del cuatro por cuatro. Pedro remató la faena con más pena que gloria. Se descerrajó la tapa de los sesos. Pero la prensa apenas habló de ello. La llegada del euro copó los titulares de las noticias.

6 comentarios:

  1. Con la primera parte del relato me he reído mucho. Me ha hecho mucha gracia lo de Georgie Dann y la barbacoa, así que me esperaba que fuera un relato de humor. Pero de pronto la situación se ha vuelto muy dramática, con lo del accidente de la mujer y la muerte de tantas personas, y eso me ha chafado. El final, por lo bestia que es, me vuelve a parecer cómico. Así que aunque en general el relato me ha gustado, yo suprimiría la parte dramática, e intensificaría la parte cómica, que se uniera más gente cantando, y que el tipo estuviera ya realmente hasta las pelotas, que fuera in crescendo la rabia, hasta que al final explotara.
    Pero en general me ha gustado y enganchado.

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  2. Mejor un final sin suicidio. Una vez desenfundada la escopeta, que siga la fiesta!!!

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  3. Qué visual!! Es que lo estás viendo todo! Marc tan cinematográfico,plástico, atrapante.

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  4. Cuando un o está hasta las narices, lo está, eso está claro...

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  5. Las desgracias nunca viene solas...

    y a veces (las menos afortunadamente)
    basta una canción pegadiza.

    Una visión ácida de la vida, pero real.

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  6. la bruja de provenza16 de febrero de 2010, 22:14

    Una cabina de cobro de autopista puede acumular la cantidad de rabia suficiente para convertir la noche de fin de año en la noche del fin de la vida.
    Y el detonante, comprensiblemente, es una canción del mal llamado incombustible Georgie Dann.

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