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Mostrando entradas de febrero, 2010

Condición humana

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ROSANA ROMÁN
En cuanto me habló de su marido, supe que sería un trabajo sencillo. Un dinero fácil que me embolsaría por seguir unos días al sujeto, hacerle unas cuantas fotos y redactar un informe.
Llevo muchos años en este trabajo, los suficientes como para adivinar que un hombre como el que ella me describía resultaba de lo más aburrido a una mujer y que probablemente la causa del distanciamiento paulatino que hacía sospechar a su esposa no era un problema de faldas.
Pero también soy lo suficientemente veterano como para saber que en la vida siempre hay algo que aprender y que no te puedes fiar de nadie porque, donde menos te lo piensas, la condición humana te sorprende. Así que convencí a la mujer de que necesitaría todo un mes entero para poder asegurarle que su marido no tenía una amante, pues conocía casos de encuentros discretos, de una vez al mes, difíciles de descubrir a menos que se lleve un seguimiento exhaustivo como el que yo podía proporcionarle.
¡Qué quieren!, ya sé que…

Papel de fumar

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VICENTE APARICIO BÁDENAS
Hoy estoy muy contento. Dentro de un rato llegará Juana, la mujer a la que ayer conocí en el taxi. He vuelto a quedar con ella. Esta mañana la he acompañado a su casa. Abajo, en el portal, hemos coincidido con mis vecinos, los nuevos. ¡Qué vergüenza he pasado! A ella en cambio le ha dado por reír. Me gustaría poder tomarme las cosas así.
Yo no suelo quedar con mujeres, y mucho menos en mi casa, de noche. ¡Y dos veces seguidas! Pero a ella supongo que debió de gustarle mi compañía, porque ha querido repetir. No es que me parezca increíble, pero no estoy acostumbrado, la verdad.
Hace solo un par de semanas que mis nuevos vecinos viven en el 1º 1ª, el piso que dejó aquella pareja tan rara que andaba siempre a gritos. Estos no, estos van cogidos de la mano, al menos las veces que yo los he visto, y se miran de una forma que no deja lugar a dudas. Están enamorados. Gritos también dan, puedo dar fe de ello, pero son gritos muy distintos.
Lo que ocurrió ayer fue, en …

Suerte

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LOLA ENCINAS
Sentado en un banco del parque observo distraído el trasiego de la gente  mientras espero que llegue la hora.
De pronto, algo llama mi atención.
Es un gran cuervo, que con incordio se dedica a sobrevolar a los niños que juegan y a picotear el pelo de las niñas, mientras padres y acompañantes dan inútiles manotazos al aire intentando espantar y abatir al pajarraco.
Está oscureciendo, se acerca la hora de la cena. El caso es que en cinco minutos el bullicioso parque se queda desierto.
Por un segundo el negro animal se posa sobre el neón de la tetería.

Es un local especializado en todo tipo tés, catalogado por los expertos como el mejor en su especialidad.
En él se bebe té a todas horas, la única bebida permitida. Esta limitación, en lugar de ser un inconveniente es aceptada con mucho agrado por la  mayoría de los clientes.
La decoración es otro de sus atractivos.
La componen unos cómodos sofás de color rojo, con mesitas redondas de madera noble al frente. Lámparas y apli…

Contraluz

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MÓNICA SABBATIELLo / Pintura: Juan Salva
No tiene intención de dedicarle la tarde. Su flema siempre lo ha desquiciado. Le sirve un café  y sin saber por qué, le dice:
-Si quieres esperar a Juan puedes quedarte, pero tienes que posar para mí, de lo contrario…
No acaba la frase. Ella asiente con parsimonia, con su gesto medido, tan propio.
La acomoda en el porche sobre el diván azul, a contraluz.  A sus espaldas se alza el gran desierto y un temblor de horizonte fundido. La vibración del sol en caída. Un campo de intensidad excesiva.
Adivina el sudor en sus sobacos, la humedad de su sexo, los pliegues íntimos enrojecidos.
Los pigmentos trazan brillantes esquemas sobre la tela. La espátula aplasta, eleva, extiende. Une y funde.
Sube la vista y percibe su contorno. El resto de su cuerpo, a contraluz, se debate en la oscuridad. Y es allí, en las sombras, donde se produce todo. Caos y vida. Una desazón que lo arrastra. Y una poesía que le ronda. Allí, en el negro silencio, ella hace sus…

La gloria del euro

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MARC BALLESTER 
-¡Navidad, navidad, dulce navidad...! -canturreó el grupo de borrachos.
-Señores, son  dos euros -les informó el hombre desde su cabina de cobro en la autopista A7.
Los jóvenes, al volante de un magnífico cuatro por cuatro, arrancaron a cantar, ahora con la canción de La barbacoa -es más, uno de ellos vestía un anorak con florecitas fosforescentes que ya lo quisiera para sí el mismísimo Georgie Dann. El taquillero, aburrido de soportar a los diferentes simpáticos de la primera noche del año, compuso su mejor cara de póker y esperó a que amainase el temporal musical.
-¡La-bar-ba-coa!, ¡la bar-ba-coa!, ... –atacaron de nuevo no sólo los del cuatro por cuatro, seguros de resultar muy graciosos, sino que se unió a ellos una pareja de jubilados muy risueños que iban en un BMV y movían las manos al compás, extendiendo y replegando sus codos como en las películas de los años cincuenta, donde un coro de nadadoras se zambullen y reaparecen todas al unísono.
-Dos euros, ...po…