Entradas

Mostrando entradas de enero, 2010

Mi amiga (MG)

Imagen
MARIA GUILERA
A la salida del cine, mientras tomábamos un café, mi amiga me contó que había muerto su abuela, por fin.
La miré mientras ella rompía el sobre del azúcar. Luego levantó la cabeza y sonrió.

Te acuerdas de mi abuela, verdad. Siempre al lado del balcón, tan tranquila.
Nunca le dio ningún trabajo a mi madre. Las cosas fueron exactamente como ella deseaba. Ojalá me muera durmiendo, sin sufrir yo ni hacer sufrir a nadie, decía.

Mi amiga suspiró. Yo la recordaba alegre, habladora, inquieta. Ahora parecía arrastrar las palabras y, además, los ojos habían perdido brillo. Removía el café con la cucharilla.

Sabes, mi abuela no supo nunca que su hija estaba enferma. A veces me preguntaba -¿Tu madre, aún no se ha levantado?- y miraba hacia la habitación como censurando una pereza que a ella, que llevaba años sin moverse, le parecía inexplicable.
Mi madre estuvo casi tres años entre el hospital y la casa. Y ella mirando por el balcón, sin enterarse.

Me pareció que mi amiga iba a l…

Demà (VH)

Imagen
VICENÇ DEL HOYO
No passa d’aquesta setmana que no vagi a veure el pare! Quantes vegades m’ho hauré repetit? Una infinitat! Però és que una no pot arribar a tot. Tinc més obligacions de les que puc atendre. Una feina sempre creixent, uns fills amb perpètues demandes noves, una llar plena, i no de gràcia, embolcallada per la meva força, ja fa temps minvant. Il·lusos propòsits! Quan per fi m’estiro al llit, el cap sobre el coixí tou i amb els ulls closos, penso: si demà t’endus un entrepà per dinar, pots tenir una estona per visitar el pare. Però la impertinent ranera que emet aquell amb qui comparteixo el llit i la hipoteca, i amb el qual a vegades ensopego enmig dels vapors a la cambra de bany, em fa sospitar que serà un nou desig ajornat. I no ho entenc! Tinc ganes d’anar-hi. Sempre ha estat bé quan hi he anat. Una estona de dolça placidesa. És com recuperar la desapercebuda immobilitat, l’absència de temps en què va transcórrer l’ara llunyana infantesa. Tanmateix, sempre hi ha el pe…

El duelo del reloj (RR)

Imagen
ROSANA ROMÁN
El día 20 del mes de mayo del año 2002 el reloj del vestíbulo de la Estación Central, que había funcionado con una precisión suiza ininterrumpidamente durante cincuenta años, se paró.
Tomás, su encargado, todavía guardaba recortes de prensa de su inauguración por el rey Alfonso XIII durante la Exposición Universal de 1929, que su padre, relojero también, le había entregado con solemnidad años después como prueba del importante legado laboral que le transmitía. Desde entonces, gracias a sus cuidados el enorme engranaje del reloj modernista no se había parado, hasta aquel insólito día de mayo.
La primera vez que ocurrió no se dio cuenta, pues fue durante la hora de la comida. Al regresar se encontró con el desagradable descubrimiento de que el reloj marcaba siete minutos menos de la hora exacta. Primero pensó que era un retraso, y durante tres días investigó sin resultado hasta la última pieza.
Pero la segunda vez él estaba allí y pudo comprobar con precisión lo que habí…

Dos manos de pintura (VA)

Imagen
VICENTE APARICIO
Pablo se había quedado dormido. A Amanda le gustaba verlo así, desnudo y dormido después del sexo, y esta vez era la primera que podía hacerlo con la tranquilidad de estar en casa, de saber que el próximo día amanecería en el sitio que habían elegido compartir.
Aún olía a pintura.
No era el piso que ella hubiera soñado. Un piso antiguo, pequeño y sin ascensor, en una zona bulliciosa, con unos vecinos que no parecían caracterizarse por su amabilidad.
Sin embargo, era “su” piso, el piso de los dos.
Pablo seguía durmiendo. Amanda recorrió desnuda el pasillo hacia la cocina, regodeándose en una mezcla de sensaciones que se combinaban en ella por primera vez. Libre en mitad de la noche, impúdica y soñadora. Un libro abierto, una historia que genera sus primeras expectativas.
No había sido difícil ponerse de acuerdo, hasta ahora, con las cosas del piso. Las paredes, por ejemplo. Ella había propuesto no complicarse la vida y pintarlas de color blanco. Él había dicho que sí. …

Querido papá (LE)

Imagen
LOLA ENCINAS
-¿La señora Dalmau? ¿Ana Dalmau?
-Sí, soy yo, ¿de parte de quién?
-Soy el doctor Viñas, del Hospital General de Madrid. Necesitaría hablar con usted de un asunto importante, relacionado con su padre.
-¿Mi padre? ¿Qué le pasa a mi padre? ¿Cómo ha conseguido localizar mi número?
- Es una historia muy larga, se la explicaré cuando la vea, si eso es posible. ¿Cuándo podría venir?
-Disculpe, ante todo necesito que me explique el motivo de su llamada.
-De acuerdo. Hace una semana su padre fue ingresado en Urgencias. Su estado no sólo no ha mejorado sino que ha empeorado ostensiblemente. Me informan de que usted, es su único familiar y deseaba que lo supiera.
Colgué. Tenía en la mano el papel con los datos que me había dado y sólo por un segundo se salvó de ir a la papelera.

No tenía ninguna relación con mi padre desde que se había ido de casa. De eso hacía veinticinco años.
Cuando murió mamá nos vimos en el entierro.
Nadie le esperaba. Su presencia en el cementerio me incomodó…

El rifle (MB)

Imagen
MARC BALLESTER
Llegaron unos hombres a caballo. Dejaron sus monturas en la cuadra, tras la casa. El repicar de las espuelas contra el suelo nos advirtió de su entrada. Esperaron un momento, cerciorándose de quién había en el interior. Por entre las juntas de los tablones de la pared, sentíamos sus pupilas clavarse en nosotros, contándonos. Oímos un susurro y alguien que lo contestaba, aunque no pudimos entender nada. Amartillaron sus revólveres, también distinguimos como en las recámaras de varios rifles se alojaba la munición. Agazapado, aferré con fuerza el pico, dispuesto a reventar por lo menos a uno de ellos; a mi izquierda, Manuel, mi hermano pequeño, hacía lo propio con la pala y, junto a la puerta, el viejo Pancho sostenía en alto una sartén con las dos manos. Nos habían sorprendido cenando: los platos en la mesa, Pancho vestido tan solo con el calzón y descalzo, Manuel sorbiendo la sopa y yo asando unas patatas en las brasas. Nunca nos había gustado llevar armas, nos bastábam…